stablecoin facebook

Todo indica que la stablecoin de Facebook ha puesto el foco en los países en vías de desarrollo o en aquellos países con Estados débiles y, por lo tanto, con monedas débiles. Érase una vez, no hace tanto tiempo, en que interactividad con los medios de comunicación era connotación de participación. Incluso, libertad, poder conectarse y comunicarse con quien se desease. Y, encima y según iban llegando nuevos tipos de medios, gratis. Al menos, las aplicaciones relativamente gratis. Pero aunque nada es gratis, parecía que el poder llegaba a los usuarios.

Fueron pasando los años, tampoco tantos, y nos dimos cuenta de que eso que llamábamos interactividad era realmente actividad y productividad para los propietarios de la plataforma. De esa forma se trabajaba –ahora sí, gratuitamente- para ellos, que se convertían en imperios. Aquí,  los conceptos de multinacionales o empresas transnacionales se quedan claramente cortos.

Nada que ver con esos actores de los que se daba cuenta cuando se estudiaba relaciones internacionales. Imperios que hacen política, aunque con relativo sigilo. El necesario para que les dejen hacer. Tal vez a cambio de algún favor derivado de la inmensa cantidad de datos (nuestros) que gestionan, como complemento a la función de vigilancia de los Estados.

Hasta el momento, había un respeto mutuo y, tal vez y como se ha señalado, alguna colaboración entre los estados y los miembros del club GAFA. Pero en el camino ha habido deslices, como el condensado en la colaboración entre Facebook y la empresa Cambridge Analytica, fundada por Steve Bannon.

¡Qué escándalo, aquí se juega!

Zuckerberg reconoció que cometió errores y, sobre todo, su empresa perdió mucho dinero en su cotización bursátil y mucha legitimidad en su cotización simbólica. El error le salió caro y el fundador de Facebook se vio obligado a dar la cara ante las autoridades norteamericanas.

La verdad es que la cosa se parecía mucho al “¡Qué escándalo, aquí se juega!” de la película Casablanca, pues, al menos, se sabía que Facebook vivía de nuestros datos. Tanto los relativos a los registros de identidad, como, sobre todo, los derivados de las huellas de nuestro comportamiento en la red social. Es decir, de esa interactividad que era tan prometedora y cuasirevolucionaria.

Zuckerberg se vio frente a los poderes del Estado y, a partir de entonces, algunos representantes de los estados parece que ya no confían tanto en Facebook. Y en este contexto de debilidad simbólica, la empresa se lanza en los brazos de blockchain con su stablecoin Libra.

Las llamadas a la prudencia y las muestras de distancia con el acontecimiento han sido generalizados. Desde los responsables de los bancos centrales de los países serios, al presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Desde el Banco de Inglaterra a los bancos centrales de Francia o Australia. Todos han manifestado la necesidad de una regulación, antes de reconocer la criptomoneda de Facebook y de otras entidades. Perciben algo amenazante en este paso.

¿Qué quiere hacer Facebook con su stablecoin?

Desde la orilla blockchain, la turbación ha sido inmensa. Con narraciones en las que un gran dinosaurio centralizador se metía en las aguas de los flujos descentralizados de blockchain. En los mensajes de Telegram y otras redes sociales, las expresiones de sentirse amenazado por parte del ecosistema blockchain han corrido como la pólvora.  Joseph Lubin, cofundador de Ethereum, se ha convertido en el portavoz del ecosistema, calificando la operación Libra como el cuento de un lobo centralizador que se pone la piel de oveja descentralizadora.

Criptomoneda de Facebook, puerta de entrada al dinero de la civilización web

Pero ¿hacía donde dirige preferentemente Facebook sus dardos con este movimiento? Hay quienes lo interpretan como una manera de recuperar la confianza perdida. Algo de esto se encuentra también en el artículo que publicó Lubin. Pero esto no justifica la extensión de los temerosos sentimientos. Y es aquí donde se abre la puerta a la política. Sí, a una política que va más allá de la mera política de empresa consistente en un lavado de cara.

Facebook, con su stablecoin, ha puesto el foco en los países en vías de desarrollo o en aquellos con Estados débiles y, por lo tanto, con monedas débiles. Muchas de ellas, sujetas a una sensible volatilidad y, sobre todo, a fuertes procesos inflacionarios. Mientras que Libra promete estabilidad y la posibilidad de acceso directo a un amplio mercado de mercancías.

Paulatinamente, los ciudadanos de estos países irán abandonando la moneda de su Estado, para operar en la nueva stablecoin de Facebook, Libra, pasando todo el poder de este control monetario al consorcio conformado alrededor de la criptomoneda. Pero Facebook lo hace diciendo que hace un favor a sus poblaciones.

Lo mismo que en su día dejó fuera de juego a medios de comunicación, periodistas, publicistas y a medio mundo con el concepto “me gusta”. Ahora lo vuelve a hacer con otro fusil igual de certero que el tirador de flores de Bansky, porque al igual que entonces, apunta al corazón.

Stablecoin de Facebook llega a más de 2.000 millones de personas

Al igual que los países colonizadores no decían que subordinaban poblaciones en pos de un imperio de territorios y materias primas, sino que su misión era cristianizar, Facebook dice que su misión es dar acceso a la financiación a poblaciones que se encuentran ahora fuera del mismo. Se está hablando de más de dos mil millones de individuos para facebookizar, como nueva concreción de la “cristianización”.

Es decir, es política porque estamos hablando de poder. Una de las reacciones más alarmantes es la de Chris Hughes, uno de los cofundadores del propio Facebook, quien alerta que la estrategia de Zuckerberg es situarse entre los bancos centrales y los ciudadanos, en lo que denomina “en una capa intermedia del control monetaria”, con la salvedad de que los bancos centrales se mueven por los intereses generales de los ciudadanos; mientras que las empresas que están tras Libra se mueven por sus intereses particulares.

Por lo tanto, el control del poder monetario pasará a regirse por estos intereses particulares, si no hay regulaciones que lo impidan. De hecho, Hughes recomienda que, al menos temporalmente, las autoridades de los países emergentes prohiban aceptar pagos en esta nueva Libra.

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), especializado en la observación empírica de los comportamientos de consumo y de la recepción mediática. Licenciaturas en Periodismo y Derecho

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