Después de tantos años informando sobre cripto, he desarrollado una alergia inmediata a palabras como comunidad, democratización de la inversión o inclusión financiera. Las he leído demasiadas veces como para no reconocer otra vuelta del cuento que promete emancipación de los ciudadanos mientras, en realidad, solo va de hacer dinero.
El detonante de hoy es un tuit de Changpeng Zhao, dueño de Binance y también conocido como CZ, y que dice lo siguiente: «No estoy en contra de las monedas meme, y me gustan los memes. Pero si vas a imitar cada moneda meme que la gente crea basándose en mis tuits aleatorios, es casi seguro que perderás dinero. Simplemente tuiteo como lo hago, con chistes estúpidos y no tan graciosos, sin pensar en memes (la mayor parte del tiempo)».
Dicho así, parece hasta razonable. Una llamada a la prudencia de alguien responsable que se dirige a una comunidad demasiado entusiasta. El problema es quién lo dice y desde dónde lo dice. Porque CZ no es un usuario cualquiera soltando chistes desde el sofá de su casa. Es el fundador del mayor exchange de criptomonedas del mundo y uno de los hombres con mayor capacidad para mover dinero en el mercado cripto.
¿Volverá CZ a Binance? El rally de BNB refleja la apuesta del mercado
A esta hora, el tuit acumula más de 668.000 visualizaciones. Con este alcance, cada visualización representa un usuario expuesto a una ambigüedad cuidadosamente diseñada por CZ. Advertencia formal por un lado, normalización por otro. Porque mientras CZ se presenta como un bromista despistado, Binance continúa haciendo caja con exactamente aquello que él dice no fomentar. Como ejemplo, la plataforma Meme Rush, presentada por la propia Binance como una vía para descubrir e intercambiar memecoins antes de que lleguen a mercados más amplios. En definitiva, Meme Rush es un producto diseñado para monetizar el hype.
Los tuits se repiten con precisión casi mecánica. CZ lanza una frase ambigua en su cuenta de X, el mercado lo interpreta, aparecen tokens clónicos, se producen subidas artificiales de corta duración y, cuando llega el desplome, reaparece la coletilla: yo ya avisé. Lo más cínico es que ese mismo discurso se presenta como prueba de responsabilidad. Advertir forma parte del modelo para ganar dinero y de una retórica perfectamente diseñada para tiempos de volatilidad y de reguladores al acecho.
A estas alturas, mi hartazgo es inevitable. No por las memecoins, que me dan lo mismo, sino por el cinismo estructural de buena parte de esta industria, donde la inclusión financiera se convierte muchas veces en una invitación educada a perder dinero y la comunidad en una palabrea amable para no decir rebaño.

