La advertencia lanzada hace unos días por el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, sobre la lucha entre los reguladores internacionales y Estados Unidos en torno a las stablecoins muestra una batalla por el control del dinero digital del futuro.
Bailey alerta que las stablecoins denominadas en dólares podrían extenderse globalmente sin estándares internacionales comunes, convirtiéndose en una nueva infraestructura financiera mundial fuera del control directo de los bancos centrales europeos. Su preocupación va más allá del riesgo financiero de una corrida bancaria digital. El verdadero temor de Londres y Bruselas es que internet termine funcionando sobre dólares digitales privados emitidos por empresas estadounidenses.
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Según Bailey, si una stablecoin sufriera una crisis de confianza, jurisdicciones como Reino Unido se verían obligadas a absorber las tensiones derivadas de activos emitidos en otras partes del mundo pero utilizados globalmente. El gobernador del banco británico apunta así a lo que considera uno de los mayores problemas de las actuales stablecoins, que no garantizan un acceso directo e inmediato al dinero real sin pasar antes por plataformas o intermediarios.
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El choque refleja dos visiones radicalmente distintas sobre cómo y qué debe ser el dinero en la era digital. Por un lado, Europa y Reino Unido siguen viendo el dinero como un instrumento estrechamente ligado a la soberanía estatal y la política monetaria. Tanto Bailey como Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, consideran que permitir la expansión masiva de stablecoins privadas podría debilitar el control de los bancos centrales sobre el sistema financiero. Lagarde llegó incluso a advertir hace unos días en España que las stablecoins, incluso las denominadas en euros, amenazan la transmisión de la política monetaria y la estabilidad financiera.
Por otro lado, desde el segundo mandato de Donal Trump, Estados Unidos considera las stablecoins como una herramienta estratégica para reforzar el dominio global del dólar en internet. La administración de Trump ha acelerado la aprobación de marcos regulatorios favorables a las stablecoins privadas, como la Ley GENIUS y la futura Ley CLARITY. En Washington crece la idea de que, si el comercio digital global funciona sobre stablecoins vinculadas al dólar, la hegemonía monetaria estadounidense podría extenderse también a la economía blockchain.
El dinero de internet
Pero el conflicto no termina ahí. En esta nueva batalla monetaria también ha irrumpido con fuerza el ecosistema tecnológico cripto/blockchain de Silicon Valley, cuyos directivos tienen una perspectiva completamente distinta a la de los bancos centrales.
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Empresas como Stripe, PayPal, Coinbase o Circle empiezan a ver el dinero como una capa tecnológica más de internet. Una capa programable, automática, interoperable y global. En este modelo, el dinero deja de ser únicamente un depósito bancario o un billete emitido por un Estado y pasa a comportarse como software capaz de integrarse con APIs, contratos inteligentes o sistemas de inteligencia artificial.
Ese cambio está transformando lentamente la naturaleza del propio dinero. Durante décadas, las formas monetarias eran relativamente simples: efectivo o depósitos bancarios. Ahora empiezan a convivir stablecoins, depósitos tokenizados, CBDCs, colateral DeFi o activos financieros programables. El dinero ya no tiene una forma fija y empieza a fragmentarse en múltiples capas tecnológicas.
Precisamente por eso grandes bancos internacionales como JPMorgan Chase, HSBC o Citi están desarrollando depósitos tokenizados sobre blockchain, intentando adaptar el sistema financiero tradicional a esta nueva realidad sin perder el control del negocio bancario. Bailey lleva tiempo defendiendo esta vía frente a las stablecoins privadas, favoreciendo un modelo en el que la tecnología blockchain sea absorbida por la banca regulada en lugar de sustituirla.
La infraestructura monetaria de internet
La batalla actual ya no enfrenta solo a la industria financiera tradicional y a las criptomonedas. Lo que realmente está en juego es quién controlará la infraestructura monetaria de internet en las próximas décadas. ¿Serán los bancos centrales europeos, Wall Street, Silicon Valley o las grandes empresas emisoras de stablecoins estadounidenses?.
Por primera vez en siglos, el dinero empieza a convertirse en una infraestructura tecnológica de carácter mundial, y esa transformación amenaza con alterar no solo las finanzas, sino también el equilibrio geopolítico mundial.

