El pulso entre el consorcio bancario Qivalis y el BCE escenifica la fractura interna de una Europa atrapada en la guerra monetaria por el control del dinero del siglo XXI. Mientras el Viejo Continente se enreda en este debate doméstico, el dólar ya ha conquistado buena parte de los raíles financieros de internet.
El nacimiento de Qivalis, el consorcio impulsado por los principales bancos europeos para lanzar su propia stablecoin, ha desatado un tenso enfrentamiento con el BCE que refleja las profundas divisiones de Europa sobre el futuro del dinero. Mientras el Viejo Continente discute su soberanía monetaria en medio de una batalla interna, el dólar continúa consolidando su hegemonía sobre las infraestructuras financieras digitales del planeta.
El problema para Europa es también el tiempo, ya que el euro digital no estará previsiblemente operativo hasta 2029. Hasta entonces, quedan años decisivos para el futuro de la infraestructura financiera global. En ese periodo, las stablecoins denominadas en dólares seguirán expandiéndose sobre plataformas blockchain, mercados tokenizados y sistemas internacionales de pagos digitales. Probablemente, para cuando el BCE despliegue finalmente su moneda digital, buena parte de los nuevos raíles financieros de internet podrían estar controlados por Estados Unidos.
Qivalis y el BCE
El conflicto enfrenta al Banco Central Europeo, soberano emisor del euro, y a la gran banca comercial europea, tradicional intermediaria del crédito, los depósitos y los sistemas de pago, dos poderes que durante décadas han convivido en perfecto equilibrio. Aunque el detonante de esta batalla se llama euro digital, stablecoins y dinero programable, el verdadero fondo del conflicto es mucho más profundo. Lo que está en juego es el control de la futura infraestructura monetaria europea, los datos de las transacciones y la capacidad del continente para seguir siendo relevante en una economía cada vez más digitalizada y tokenizada.
Francia insta a los bancos de la UE a lanzar stablecoins de euro para competir con EEUU
Pero mientras Europa debate y regula, Estados Unidos avanza a enorme velocidad. Las stablecoins respaldadas por dólares ya se han convertido en una de las principales infraestructuras financieras de internet. Plataformas estadounidenses como Tether, emisora de USDT, o Circle, emisora de USDC, ya controlan buena parte de los pagos digitales globales y prácticamente toda la liquidez onchain mundial opera actualmente en dólares.
Este desequilibrio preocupa cada vez más tanto a políticos como a bancos europeos y la tensión se ha vuelto especialmente visible tras el surgimiento de iniciativas como Qivalis, un consorcio impulsado por algunos de los mayores bancos europeos para lanzar una stablecoin privada vinculada al euro. El proyecto reúne a bancos como BBVA, CaixaBank, BNP Paribas, ING, UniCredit, Danske Bank y otras grandes entidades financieras europeas que están a punto de lanzar una infraestructura monetaria digital propia.
El 99% de las stablecoins globales están vinculadas al dólar
Sin duda, la aparición de Qivalis signfica un cambio profundo dentro de la propia banca europea. Durante años, muchas entidades bancarias observaron el ecosistema cripto con distancia o incluso hostilidad. Ahora, sin embargo, algunos de los mayores bancos del continente consideran que Europa corre el riesgo de quedar completamente subordinada al dólar digital estadounidense si no desarrolla rápidamente una alternativa propia.
El discurso público de la propia Qivalis es revelador. En su cuenta de X, la compañía señala que el 99% de las stablecoins globales están vinculadas al dólar y que “dos tercios de los pagos en euros son procesados por empresas estadounidenses. En otro mensaje, la firma alerta de que Europa se enfrenta a una dolarización digital provocada por el dominio absoluto del dólar en la economía blockchain.
Su CEO, Jan-Oliver Sell, que anteriormente desempeñó el cargo de CEO de la plataforma Coinbase en Alemania, defiende en entrevistas recientes que Europa podría perder capacidad de influencia en el futuro del dinero programable si no consigue construir una stablecoin en euros con la suficiente liquidez y adopción internacional. Para Sell, el problema, además de financiero, es geopolítico.
Como es lógico, Qivalis intenta diferenciarse de la imagen tradicional asociada al mundo cripto más especulativo. La compañía se presenta como una infraestructura plenamente regulada y alineada con los estándares europeos. «Cada euro está protegido y cada proceso cumple plenamente con la normativa», asegura el consorcio, defendiendo que la transparencia, la supervisión y el cumplimiento regulatorio deben convertirse en la base de las futuras finanzas digitales europeas.
La oposición de Lagarde
Y es en ese punto donde aparece una de las mayores contradicciones entre el BCE y los bancos comerciales europeos. Mientras parte de la banca y algunos gobiernos consideran que las stablecoins en euros son necesarias para competir contra Estados Unidos, el BCE mantiene una postura abiertamente crítica.
El Banco Central Europeo fue creado el 1 de junio de 1998 con la misión de introducir el euro y proteger su valor. Hoy, más de 346 millones de personas utilizan diariamente la moneda única europea. Sin embargo, casi tres décadas después de su creación, la institución se enfrenta a un escenario para el que nunca fue diseñada. Se enfrenta a un sistema financiero donde las stablecoins privadas, las plataformas tecnológicas y el dinero programable amenazan con alterar el control tradicional de los bancos centrales sobre la infraestructura monetaria.
Christine Lagarde, presidenta del BCE, lleva años alertando sobre los riesgos que, a juicio del BCE, pueden generar las stablecoins privadas, incluidas las denominadas en euros. La presidenta del banco central europeo dice temer que estas monedas digitales terminen fragmentando el sistema de pagos europeo, desplazando depósitos bancarios tradicionales y debilitando el control institucional sobre el dinero.
Durante su reciente visita a España, Christine Lagarde volvió a insistir en la necesidad de acelerar el euro digital como respuesta estratégica frente al avance de las stablecoins y las grandes plataformas tecnológicas internacionales. Su posición deja entrever que el BCE no quiere que el futuro digital del euro quede en manos de actores privados, incluso aunque esos actores sean grandes bancos europeos.
Europa no tiene una posición unificada
Sin embargo, mientras Europa debate internamente sobre el equilibrio entre euro digital y stablecoins privadas, Estados Unidos está siguiendo una estrategia radicalmente distinta. La administración estadounidense mantiene un rechazo frontal a la creación de una moneda digital emitida directamente por la Reserva Federal. De hecho, Washington quiere prohibir por ley una CBDC estadounidense, argumentando que podría convertirse en una herramienta de vigilancia financiera estatal sobre los ciudadanos.
Mientras tanto, en Europa no existe una posición unificada. Francia se ha convertido en uno de los primeros países de la Unión Europea en defender públicamente la necesidad de expandir las stablecoins denominadas en euros. El ministro francés de Finanzas, Roland Lescure, calificó recientemente de “no satisfactorio” el reducido tamaño actual del mercado europeo de stablecoins frente al gigantesco dominio del dólar digital.
Durante una conferencia sobre criptomonedas celebrada en París, Lescure reclamó acelerar el desarrollo de depósitos tokenizados y nuevas infraestructuras monetarias digitales europeas como herramienta para reducir la dependencia tecnológica y financiera respecto a Estados Unidos.
Ese respaldo político francés resulta especialmente significativo porque Qivalis cuenta precisamente con el apoyo de varias grandes entidades financieras francesas y se alinea con la estrategia de París de reforzar la autonomía monetaria europea frente al dólar digital.
Tecnología y geopolítica
Actualmente, la capitalización total de las stablecoins vinculadas al euro ronda apenas los 694 millones de dólares. En contraste, las stablecoins denominadas en dólares superan ya los 314.000 millones de dólares y continúan creciendo impulsadas por el apoyo político y regulatorio estadounidense.
La diferencia no es solo económica, también es tecnológica y geopolítica, ya que cada vez más pagos globales, aplicaciones financieras descentralizadas, mercados tokenizados y plataformas blockchain operan directamente sobre infraestructuras monetarias vinculadas al dólar. Para muchos responsables políticos europeos, el riesgo ya no es únicamente perder competitividad financiera, sino perder capacidad de influencia sobre la futura arquitectura económica digital.
La batalla también alcanza al control de los depósitos y de la infraestructura bancaria. El negocio tradicional de la banca consiste en captar depósitos de los ciudadanos y transformarlos en crédito. Pero si el BCE lanza un euro digital accesible directamente para los ciudadanos, parte de esos depósitos podrían desplazarse hacia el banco central, especialmente en momentos de crisis financiera o incertidumbre.
Precisamente por ese motivo, el BCE está estudiando establecer límites aproximados de entre 3.000 y 4.000 euros por ciudadano para el uso del euro digital. La paradoja es que el propio banco central diseña una moneda digital pública cuya utilidad debe limitar deliberadamente para evitar perjudicar al sistema bancario europeo. Al mismo tiempo, la banca privada teme quedar reducida a un simple intermediario técnico mientras el BCE asume progresivamente una posición central en la infraestructura monetaria digital.
Dinero programable
No obstante, además de en los pagos cotidianos, el otro núcleo del conflicto está en el llamado dinero programable. La futura economía digital funcionará mediante contratos inteligentes, automatización financiera y transacciones ejecutadas directamente entre plataformas, máquinas y aplicaciones conectadas. La gran pregunta es quién controlará esos nuevos raíles financieros: el sector público europeo o las infraestructuras privadas impulsadas por bancos y grandes empresas tecnológicas.
El BCE intenta responder a este desafío mediante proyectos públicos como TARGET, Pontis o Appia, buscando garantizar que la capa base del dinero digital europeo permanezca bajo supervisión institucional. Mientras tanto, la banca europea acelera sus propios proyectos para evitar quedarse fuera de un mercado que podría redefinir completamente el sistema financiero internacional.
Europa parece haber comprendido que el futuro del dinero será digital, programable y tokenizado. Lo que todavía no ha decidido es quién debe controlarlo. Y mientras el BCE, los gobiernos europeos y la banca discuten internamente sobre el modelo correcto, Estados Unidos continúa consolidando silenciosamente el dominio global del dólar digital.
Está en juego la capacidad de Europa para evitar una dependencia estructural de las infraestructuras financieras estadounidenses y del creciente dominio global del dólar digital. Así, el Viejo Continente permanece atrapado en una guerra interna sobre quién debe controlar el dinero digital del siglo XXI.

