Una fotografía de Finney corriendo le descarta como presunto Satoshi
Una fotografía de Finney corriendo le descarta como presunto Satoshi

Una fotografía de Finney corriendo le descarta como presunto Satoshi

Lo bueno de crear algo desde cierto anonimato es que la historia de ese momento original tiende a convertirse en mito y que abre una nueva profesión. Es la profesión del investigador destinado a descubrir la verdad de quién fue el verdadero creador. El problema es cuando el misterio se transforma en misticismo, alimentando con espíritu religioso el desarrollo de una comunidad, cuando ésta tiene bases para hacerlo sobre la racionalización y el espíritu positivo, utilizando el decimonónico lenguaje de Augusto Comte.

Es lo que ha ocurrido con Bitcoin y la figura de Satoshi Nakamoto, creador de Bitcoin. Personaje desaparecido de los espacios públicos en diciembre de 2010. Tras la creación. A partir de aquí, se ha venido especulando quién estaba detrás de ese nombre, asumiéndose que Satoshi Nakamoto era un seudónimo. Lo tenemos tan asumido, que nos suena a un patente seudónimo.

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Hay algunos que continúan esforzándose por decir al mundo que son el verdadero Satoshi. Es el caso de Craigh Wright. De momento, no ha conseguido convencer. No será el último en reclamar para sí la identidad de Satoshi Nakamoto. Pero, en la actualidad, sigue vacío el puesto, habiéndose convertido en una especie de prueba Excalibur: una “espada” a la espera de ser sacada por el mismísimo Satoshi/Rey Arturo, con el correspondiente mago Merlín como certificador. De momento, nadie ha sacado la espada de la piedra y el velo sobre Satoshi sigue igual de duro.

Finney Satoshi

Así, Satoshi sigue siendo un desconocido, alimentando otra práctica. Es la práctica de los descartes: investigadores dedicados a demostrar quiénes no son Satoshi, a pesar de que pudiera haber fundadas sospechas de que pudieran ser ellos. Este es el caso de Jameson Lopp, ciberpunk desarrollador de Bitcoin que parece haber hecho de la estética hípster su modelo de vida. Pues también se dedica a investigar quién no es Nakamoto. Una investigación que le ha llevado al irónico tuit:

“Me identifico con Satoshi Nakamoto y tú también puedes”. Todos podemos. Pero este ingeniero de amplio eco entre la comunidad cripto ha empezado a descartar posibles Nakamoto. Lo ha hecho con Hal Finney, que, por ser el primer bitcoiner, parecía tener bastantes papeles para asumir el honor de dar cuerpo e identidad a ese significante de evocaciones niponas. Fue también el primero en recibir una transacción de bitcoin y realizar cambios en el código de Bitcoin, tras la propuesta de Satoshi. Es decir, había fundadas sospechas para que asumiese la carga y el honor de ser el mismísimo Nakamoto. Pero Lopp lo ha descartado. Seguramente para poder decir que cualquiera podemos ser Satoshi Nakamoto.

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El descarte realizado por Lopp se fundamenta en lo que presenta como tres evidencias. La primera de ellas consiste en una fotografía de Finney corriendo un maratón de diez millas en Santa Bárbara (California). Llevaba el dorsal 591 y ya le habían diagnosticado, en el mes de agosto del año anterior, ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), lo que posteriormente cobra relevancia.

Un maratón y emails

Una fotografía tomada por la esposa de Finney. Pues bien, en el mismo horario en el que Finney estaba en pleno esfuerzo maratoniano -8 de la mañana del 18 de abril de 2010- el tal Satoshi contestaba emails al desarrollador Mike Hearn. Lopp adjunta el archivo de los emails con todo lujo de detalles sobre los horarios de su ejecución, con los sellos del tiempo (timestamps). Que pudiera responder al correo al mismo tiempo que corría parece muy poco probable. Y hay fotografías donde sale corriendo ese maratón, que le llevó a Finney una hora, diecisiete minutos y cuarenta segundos. La exactitud se convierte así en retórica de objetividad, en las pruebas que presenta Lopp.

La segunda prueba consiste en la diferencia de estilos a la hora de escribir los códigos. Finney era un desarrollador de códigos que utilizaba el tabulador para los espacios. Sin embargo, Satoshi solía utilizar la indexación de espacios. No es que un desarrollador que habitualmente tiene un estilo no pueda utilizar el otro; pero no suele ser lo habitual, pues los desarrolladores lo incorporan de tal forma a su forma de escribir código, que lo naturalizan.

La tercera prueba tiene que ver con la enfermedad (ELA), que acabó con la vida de Finney en 2014. Se declaró en el mismo 2010, con terribles consecuencias para el desarrollador. Le dejó postrado en una silla de ruedas y redujo enormemente su capacidad para la mecanografía. Escribir correos se convirtió para Finney, según recoge Lopp de las palabras de la esposa de éste -Fran Finney-, en una tortura. Pues bien, el período en el que surgió la enfermedad coincide con el de mayor actividad comunicativa de Satoshi, redactando muchos y largos correos electrónicos.

Hal Finney y Satoshi estaban trabajando juntos en el 10 de enero de 2009, cuando se lanzó Bitcoin. Se enviaron mutuamente mensajes . Salvo que todo fuera una especie de estrategia de ocultación y distracción por parte de Finney, mandando mensajes entre sus dos supuestas identidades (Finney y la ficticia de Satoshi), no parece plausible creer que fuese la misma persona.

De esta manera, el primer candidato a posible Satoshi, queda momentáneamente descartado. ¡Que pase el siguiente!

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Javier Callejo
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