¿Superhombres para superricos?
¿Superhombres para superricos?

¿Superhombres para superricos? el ideario cripto del CEO de Coinbase

¿Superhombres para superricos? Brian Armstrong, el fundador y CEO de Coinbase, ha protagonizado estos últimos días un par de noticias relevantes, aunque aparentemente distintas en su sentido. Armstrong, que podría traducirse como “brazo fuerte”, ha hecho público su interés por dar luz a una empresa que editará embriones humanos. La otra noticia, tal vez menos relevante -aun cuando con mucho sentido-, viene por la publicación en el perfil de Armstrong en las redes sociales de un mensaje que recordaba el Manifiesto Ciberpunk de hace 32 años. En la cadena de bloques del Blockchain cerebral de Armstrong/Coinbase se anudan con intensidad presente la reivindicación práctica de un pasado y las declaraciones de un futuro.

¿Superhombres para superricos?

Tras la edición de embriones humanos, están un negocio inscrito en la industria sanitaria y el sombrío fantasma de la eugenesia. Por lo primero, se habla de empresa, donde el bien puede adquirir un altísimo valor, pues la edición de embriones humanos estaría destinada a solucionar enfermedades de origen genético. Algo que está en el corazón de la ciencia ficción más originaria desde antes de Frankenstein: crear vida o, más aún, crear vida para curar vidas. Ha de recordarse que la propia narración de Mary Shelley tenía un subtítulo: “el moderno Prometeo”. A través de la novela, se certificaba la posibilidad de la ciencia de cumplir con el sueño prometeico: mirar directamente a los ojos de los dioses, al potencial divino, para beneficio de los hombres. Desde este punto de vista, la ciencia ha tendido a latir siempre con la fuerza del relato de la ciencia ficción.

El gran negocio de demostrar que eres humano en la era de la IA

En la mayor parte de los países desarrollados, es ilegal la actividad científico-económica que se plantea Armstrong. Tal como ha sido presentada la propuesta, aparentemente el proyecto está todavía en mantillas. A través de un post en X, ha invitado a ingenieros bioinformáticos y científicos a una cena, en el área de la Bahía, para empezar a trabajar conjuntamente en el asunto.

Futuras generaciones y ética

Quizá sea un simple globo sonda para ver cómo reacciona el personal o, por el contrario, una manera de dar cobertura de reflexión de alto nivel a algo que ya tiene en marcha, con la intención de ocupar una posición de liderazgo en el campo. El mensaje con que justifica la invitación de cena, con formulario que incluye el pago de viaje y hotel, es el resultado de una encuesta en que se muestra la opinión favorable de los estadounidenses al cambio de genes de bebés nacidos con enfermedades congénitas.

El lector podría preguntarse las razones por las que está prohibida esta práctica, si hay bastante gente que está a favor. Las razones para la prohibición articulan principios éticos y de precaución. Especialmente se considera que no se sabe lo suficiente sobre las consecuencias que podría tener la alteración genética para los receptores y, sobre todo, las futuras generaciones. El tener en cuenta a las futuras generaciones es ya una cuestión ética. Es la base del principio de responsabilidad propuesto por el filósofo y sociólogo Hans Jonas.

Hacer hijos mejores

Junto al principio de precaución, otras cuestiones éticas. Por un lado, se trata de una decisión que afectará al recién nacido de por vida -ampliándose a la vida de sus descendientes- sin su explícito consentimiento. Desde este punto de vista, prácticamente todo lo que se hace al recién nacido se lleva a cabo sin su consentimiento y puede tener graves consecuencias para su vida futura. Tienen más fundamento los temores éticos sobre nosotros mismos. Se teme que se use esta tecnología para algo distinto a superar enfermedades. Así, se señala la posibilidad que se use para seleccionar características físicas o cognitivas, que llevasen a quienes tienen mayores recursos económicos a “hacer hijos mejores”, reproduciendo ampliadamente las desigualdades. La aproximación al superhombre estaría disponible para los superricos.

La trumpización de lo cripto amenaza con contaminar a toda la industria

Por último, se añade una cuestión práctica a estas preocupaciones éticas. Y es que una proporción importante de las enfermedades genéticas pueden abordarse ya por otros métodos, como es el diagnóstico genético preimplantacional. Pero tal vez, para Armstrong, esto encaja de una manera menos brillante en el relato de líder de la ciencia ficción hecha realidad.

¿Qué hace el CEO de una exitosa plataforma de compraventa de criptomonedas dedicándose a la edición de embriones? Su legitimidad parece derivar de la asunción del emprendimiento tecnológico, de que invertir en ciencia es invertir en futuro. Su interés en el campo de la salud no es nuevo. La Fundación Armstrong, se creó en 2020 para financiar la investigación en salud y longevidad. Con la sombra de la pandemia de la Covid encima, la salud se aupó al primerísimo lugar de las preocupaciones y, por ende, de los horizontes de inversión, privada y pública.

Distracciones para Armstrong

Ese mismo año, 2020, Armstrong protagonizó otra polémica. Definió la misión de Coinbase como crear un sistema financiero abierto al mundo. Otras cuestiones, especialmente las consideradas de orden político, sólo serían distracciones. Una declaración que se enfrentaba principalmente a los movimientos Mee Too y Black Lives Matter. Ofreció incentivos para que, quien no estuviera de acuerdo con esta política de empresa, la abandonara. Alrededor del 5% optó por salir de la empresa.

Distintos acontecimientos y declaraciones que parecen apuntar al mismo eje, el de lo privado versus lo público. Para el brazo fuerte de Armstrong, las soluciones vienen del rendimiento, la productividad y el ámbito privado. Ahora bien, Armstrong estuvo directamente involucrado en el Fairshake Super-PAC, que canalizó millones de dólares estadounidenses hacia los candidatos que favorecieran al ecosistema cripto. Es decir, aun cuando con un perfil menos marcado que otros, apoyó a Trump. Incluso, al poco tiempo del regreso de Trump a la Casa Blanca dijo del nuevo presidente que era: “lo más pro-cripto que hemos visto”. Coinbase aumentó su plantilla en mil nuevos efectivos durante los primeros meses de 2025. El marco ideológico se va definiendo: las soluciones están en el polo de lo privado, siempre que lo público solucione la vida a lo privado.

Protección de la privacidad

Y es aquí donde viene el otro mensaje de Armstrong de estos días. La reivindicación del manifiesto de Eric Hughes, que empieza con la frase: “Privacy is necessary for an open society in the electronic age. Es un manifiesto contra el registro de identidades en el ámbito digital. La relación en este ámbito se reduce a un servicio -canalizar un mensaje, por ejemplo- a cambio de un precio, reivindicándose que el registro de la identidad de los actores en esta transacción está injustificada, atentándose contra la privacidad. El anonimato, como significante supremo de la privacidad, se argumenta como imprescindible para una sociedad abierta. Se reivindica el derecho de los usuarios a revelar su identidad o, por el contrario, mantenerse en el anonimato.

El puente para el anonimato y, por tanto, la protección de la privacidad y el mantenimiento en el polo del eje de lo privado, es la criptografía. Lo privado no es sólo un ámbito desde el que actuar, con más libertad y eficacia, sino también un ámbito que tiene que estar protegido. ¿Por el Estado? No. Por una tecnología como es la criptográfica. Los criptopunks son los héroes, en buena medida también anónimos, dedicados a construir sistemas que garanticen nuestro anonimato.

Ciencia ficción realista

La reivindicación de la potencia de lo privado es el nexo entre el proyecto de Armstrong de crear una empresa de edición de embriones, lo cripto y el Manifiesto Criptopunk. Es una posición ideológica en la que la ciencia y la tecnología, incluida la del software o la de la edición de embriones, nos da la libertad. Eso sí, una propuesta no exenta de problemas sobre los que convendría reflexionar, pues muchos de los relatos de ciencia ficción se inscriben en sistemas políticos de escasa libertad o libertad ficticia. Aquí la impronta del británico Georges Orwell es clara e ineludible. Otro autor considerado de ciencia ficción a partir de su novela 1984. Quizá la ciencia ficción más realista.

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