El lanzamiento de la stablecoins Open USD (OUSD) por parte de Open Standard, un consorcio integrado por más de 140 compañías financieras, tecnológicas y de activos digitales, ha abierto la primera gran batalla corporativa por el control del dólar digital. La iniciativa, en la que participan empresas como Visa, Mastercard, Stripe, BlackRock, BNY, Google, Coinbase o BBVA, supone el primer intento coordinado de grandes corporaciones globales para desafiar la hegemonía construida durante la última década por las stablecoins de Tether (USDT) y Circle (USDC).
La guerra por el dinero digital
Sin embargo, la verdadera relevancia de Open USD no reside únicamente en su potencial para competir con las stablecoins existentes, sino en que confirma una tendencia que tiene que ver con la fragmentación del futuro sistema monetario digital en múltiples bloques de poder, liderados por empresas tecnológicas, emisores cripto y grandes bancos internacionales.
Al hilo del lanzamiento de OUSD, Jeremy Allaire, fundador y consejero delegado de Circle, ha publicado una extensa reflexión en su cuenta de X dirigida a inversores y participantes del mercado en la que defiende que las stablecoins constituyen mercados basados en poderosos efectos de red y cuestiona la capacidad de un modelo consorcial para competir con infraestructuras construidas durante años.
Según Allaire, las stablecoins funcionan como protocolos públicos y plataformas de internet cuya fortaleza depende de tres elementos fundamentales: los efectos de red derivados de miles de integraciones tecnológicas, la acumulación de liquidez global y la construcción de infraestructuras regulatorias internacionales.
Capacidad de construir efectos de red
El fundador de Circle recuerda que la compañía lleva casi una década construyendo el ecosistema de USDC y que actualmente miles de servicios, aplicaciones y empresas operan sobre esta infraestructura. Además, destaca el desarrollo de protocolos propios como CCTP y Gateway, diseñados para ampliar la interoperabilidad, la seguridad y la liquidez de la red.
La principal evidencia, sostiene Allaire, está en el uso real. Según datos de la firma Artemis, citados por el propio CEO de Circle, USDC procesó cerca de 30 billones de dólares en transacciones onchain durante el primer trimestre de 2026, lo que representó aproximadamente el 80% de todas las transacciones realizadas con stablecoins denominadas en dólares. USDT absorbió el 20% restante, mientras que el conjunto de las demás stablecoins vinculadas al dólar representó menos del 0,5% de la actividad total.
Para Allaire, estos datos reflejan que la verdadera barrera de entrada del mercado no es tecnológica, sino la capacidad de construir efectos de red, liquidez y confianza regulatoria durante largos periodos de tiempo.
Las reservas
La principal innovación propuesta por Open USD afecta directamente al modelo económico dominante de las stablecoins. Mientras que emisores como Circle y Tether obtienen ingresos mediante la gestión centralizada del rendimiento generado por las reservas que respaldan sus activos digitales, Open Standard propone distribuir gran parte de esos ingresos entre las empresas que participen en la emisión, distribución e integración de la stablecoin.
Sin embargo, Allaire cuestiona este modelo y argumenta que regalar todos los ingresos es una receta para debilitar una infraestructura, subinvertir sistemáticamente y garantizar que la plataforma tenga un alcance limitado. Según su análisis, la construcción de una red global de stablecoins requiere financiar infraestructuras complejas de tesorería, cumplimiento regulatorio, rampas bancarias, mercados OTC y sistemas de liquidez operativos las 24 horas del día.
Circle sostiene que ya comparte una parte significativa de sus ingresos con socios estratégicos, pero considera imprescindible mantener capacidad de inversión para seguir ampliando la red.
¿Puede funcionar un consorcio de cientos de empresas?
Las dudas sobre la viabilidad del modelo Open USD también han sido expresadas por diversos analistas del sector. Uno de los análisis más críticos ha sido el publicado por Lorenzo Valente, de ARK Invest, quien compara Open USD con iniciativas anteriores basadas en modelos consorciales, como Diem o Global Dollar, y expresa un profundo escepticismo sobre su capacidad para alcanzar escala.
Valente identifica como obstáculos estructurales la dificultad de construir liquidez desde cero, la lentitud inherente a la toma de decisiones colectiva, los riesgos regulatorios y antimonopolio y la complejidad de financiar una infraestructura global cuando gran parte de los ingresos se redistribuyen entre los participantes.
El analista llega a comparar Open Standard con una especie de DAO corporativa, donde la gobernanza compartida puede dificultar la capacidad de asumir riesgos y ejecutar estrategias de forma rápida. Además, subraya que muchos de los participantes en Open USD mantienen simultáneamente intereses en otras infraestructuras monetarias, lo que pone en cuestión el grado de compromiso exclusivo con el proyecto.
La fragmentación monetaria ha comenzado
El anuncio de Open USD pone de manifiesto que la carrera por las stablecoins ya no enfrenta únicamente a Tether y Circle, sino que está dando lugar a la aparición de distintos modelos de dinero digital privado, cada uno impulsado por actores y estrategias diferentes.
El primer modelo es el de las stablecoins privadas centralizadas, representado por USDT y USDC. Este modelo se ha construido sobre la acumulación progresiva de liquidez, el desarrollo de fuertes efectos de red y el control centralizado de la infraestructura tecnológica, regulatoria y financiera. Tanto Tether como Circle han invertido durante años en desarrollar ecosistemas globales capaces de operar en múltiples mercados, plataformas y jurisdicciones.

