Qué pasa cuando BlackRock, Visa y Google crean su red de dinero
Qué pasa cuando BlackRock, Visa y Google crean su red de dinero

¿Qué ocurre cuando 140 gigantes como BlackRock, Visa o Google crean su propia red de dinero?

En junio de 2019, el anuncio de Libra por parte de Facebook provocó una reacción inmediata de gobiernos, bancos centrales y reguladores de todo el mundo. La pregunta que sobrevoló durante meses las reuniones del G7, del Banco Central Europeo y de la Reserva Federal fue tan sencilla como inquietante: ¿qué ocurriría si una empresa tecnológica con miles de millones de usuarios decidiera crear su propio sistema monetario global?

Siete años después, una nueva iniciativa vuelve a plantear una pregunta similar, pero desde una posición completamente diferente. Esta vez no es una única empresa tecnológica la que pretende construir una nueva infraestructura para mover dinero. Son más de 140 empresas de los sectores financiero, tecnológico y de activos digitales las que han decidido participar en el lanzamiento de Open USD, una stablecoin impulsada por Open Standard.

El fantasma de Libra

La lista de participantes impresiona por sí sola. Redes globales de pago como Visa, Mastercard, American Express y Stripe; el mayor gestor de activos del mundo, BlackRock; bancos internacionales como BNY, Standard Chartered, DBS, Sumitomo Mitsui Financial Group o BBVA; gigantes tecnológicos como Google, Samsung e IBM; plataformas de comercio electrónico como Shopify o Mercado Libre; y algunos de los actores más importantes del ecosistema cripto, como Coinbase, Ripple, Solana, Polygon o Aave.

La pregunta, por tanto, ya no es si una empresa tecnológica puede crear una moneda privada global. La pregunta es: ¿Qué ocurre cuando las empresas que ya procesan una parte sustancial de los pagos, el comercio electrónico, la banca, la inversión y los activos digitales del planeta deciden compartir una misma infraestructura monetaria?

La comparación con Libra resulta inevitable. Cuando Facebook presentó su proyecto en 2019, también consiguió reunir a algunas de las empresas más relevantes de la economía digital. Visa, Mastercard, Stripe, Coinbase, PayPal, Uber, Mercado Pago, Vodafone, eBay o Shopify figuraban entre los socios fundadores de la Libra Association.

Sin embargo, el proyecto era percibido como una moneda impulsada por Facebook. La idea de que una compañía privada pudiera controlar una infraestructura monetaria global provocó una reacción sin precedentes. Reguladores, bancos centrales y gobiernos actuaron de forma coordinada para impedir que Libra alcanzara la escala para la que había sido concebida.

Una transformación desde dentro

Hoy, algunas de aquellas mismas empresas vuelven a aparecer en una nueva iniciativa monetaria global. Visa, Mastercard, Stripe, Coinbase, Shopify y Mercado Pago participan ahora en Open USD. Pero la diferencia fundamental es que, mientras Facebook intentó construir una nueva infraestructura monetaria desde fuera del sistema, Open USD parece estar intentando construirla desde dentro.

La iniciativa, además de reunir empresas tecnológicas y plataformas digitales, integra bancos globales, gestores de activos, redes internacionales de pagos, plataformas comerciales y empresas del ecosistema blockchain. En conjunto, estas organizaciones procesan, administran o facilitan cada año decenas de billones de dólares en pagos, inversiones, comercio electrónico y transacciones financieras.

Y ahí reside quizás el aspecto más relevante del proyecto. Si Open USD consiguiera alcanzar una adopción masiva, no estaríamos ante una disrupción externa del sistema financiero, sino ante una transformación impulsada por los propios actores que ya participan en el movimiento de una parte sustancial del dinero que circula por el planeta.

Infraestructura compartida

El cambio más importante no es tecnológico. Es político y económico. Open USD no se presenta como una nueva moneda destinada a competir con los Estados ni con los bancos centrales. Se presenta como una infraestructura abierta para el movimiento global de dinero.

Su propuesta se articula sobre tres pilares:

  • La emisión y el canje sin costes ni límites artificiales de volumen.
  • El reparto de los rendimientos generados por las reservas entre las empresas que adopten y distribuyan la stablecoin.
  • Un sistema de gobernanza compartida gestionado por una organización independiente.

Este último punto resulta especialmente significativo. Mientras Libra era percibida como un proyecto controlado por Facebook, Open USD pretende construirse como una infraestructura gestionada colectivamente por las organizaciones participantes.

¿Quién amenaza a quién?

La paradoja es que Open USD podría terminar afectando precisamente a algunas de las infraestructuras sobre las que hoy se asienta el sistema financiero mundial. Si una parte relevante de los pagos internacionales, las remesas, los mercados financieros y el comercio electrónico comenzara a operar sobre una infraestructura común basada en stablecoins, los primeros afectados podrían ser sistemas tradicionales como la banca corresponsal internacional o incluso redes de mensajería financiera como SWIFT.

La situación es todavía más paradójica en el caso de Visa y Mastercard. Las dos mayores redes de pago del planeta forman parte de la iniciativa que, potencialmente, podría contribuir a reducir parte del valor capturado históricamente por las redes tradicionales de tarjetas. Pero quizá piensen que es preferible participar en la construcción de la nueva infraestructura que intentar detenerla.

La pregunta también alcanza a los bancos centrales. Si una infraestructura privada y global consiguiera canalizar una parte creciente del movimiento internacional de dinero, los bancos centrales podrían encontrarse ante un escenario muy distinto al que afrontaron con Libra. Esta vez no es una empresa tecnológica tratando de crear una moneda global, sino una coalición formada por algunos de los actores más importantes del propio sistema financiero.

Además, si Open USD lograra una adopción global, podría acelerar un proceso de hiper-dolarización digital de la economía mundial, una perspectiva que probablemente observarán con preocupación los bancos centrales fuera de Estados Unidos, especialmente aquellos que tratan de preservar la soberanía monetaria de sus propias divisas en la era de internet, como el BCE.

Y entonces apareció Google

Entre los más de 140 participantes de Open USD hay un nombre que probablemente resulte más sorprendente que cualquier otro: Google. Visa, Mastercard, Stripe, Coinbase o BlackRock llevan años explorando las posibilidades de las stablecoins. Pero la presencia de Google introduce una dimensión diferente.

Google no es una entidad financiera ni una empresa especializada en blockchain. Es una de las compañías que han construido la infraestructura digital sobre la que funciona internet. Su participación sugiere que algunos de los actores más relevantes de la economía digital podrían estar empezando a considerar las stablecoins no como un producto financiero más, sino como una nueva capa de infraestructura para internet.

Open Standard todavía no ha revelado aspectos fundamentales de Open USD, como la blockchain sobre la que operará, su arquitectura técnica definitiva o los detalles operativos de su funcionamiento. Pero la pregunta que plantea Open USD no es tecnológica. Es una pregunta sobre el futuro del dinero: ¿Qué ocurre cuando quienes ya mueven una parte sustancial de la economía mundial deciden construir juntos la próxima infraestructura monetaria?

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