La IA critica su dieta y se inclina al canibalismo
La IA critica su dieta y se inclina al canibalismo

La IA critica su dieta y se inclina al canibalismo

La IA empieza a quejarse de lo que le dan de comer y se inclina al canibalismo. Para la gran mayoría, la IA (inteligencia artificial) apenas acaba de nacer. A lo sumo, un par de años de relación con ella. Sin embargo, ya está aquejada de algunos males. No es que sean grandes dolencias. Se trata fundamentalmente de algo que se encuentra entre la insatisfacción alimentaria y directamente el hambre. Tiene que ver con aquello de lo que se alimenta la IA. Entre quejas por la forma en que está cocinado y porque se le acaba la despensa. Parece que la nueva cocina será la computación cuántica. Pero, mientras tanto, empiezan a sonar ruidos en las tripas de la IA.

La IA y el canibalismo

La IA se alimenta de datos. Luego está la digestión de los mismos. Es decir, el cómo se seleccionan y relacionan, donde entra de lleno el poder computacional. Pues bien, se están encontrando con dificultades para hacer cumplir las denominadas leyes del escalado, de manera que los distintos modelos de IA tienen problemas para avanzar en su desarrollo. Pero lo primero es lo primero: los datos. Su materia prima. Si no hay poder suficiente para cocinar bien los datos, la información que se genera tiene forma de plato mediocre o, en el mejor de los casos, producto fast-food, que puede que no esté mal, sobre todo si se tiene prisa. La calidad del plato empeora si, además, buena parte de los datos con que se alimenta son básicamente basura.

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Si sigue así la cosa, podemos ser testigos de una especie de canibalismo de la IA. Tal vez, en español podríamos denominarlo canIAlismo. Es decir, modelos de IA que se alimentan de lo que producen otros modelos de IA. En este marco, conviene repasar la cadena trófica de la IA. Como en toda cadena trófica, cada eslabón obtiene su energía del eslabón inferior. Aquí, también sus datos.

La cadena trófica de la IA

En la parte más baja de la cadena trófica de la IA, los modelos que cabe considerar consumidores primarios. Los que seguirán alimentando de los productores de mensajes originales, de esos que no cobran por el trabajo que les roba la IA. El sol sigue estando en la creación; pero estos creadores puede que se cansen o fallezcan por inanición.

Después viene la diversidad de modelos que cabe apuntar como consumidores secundarios. Entran aquí los depredadores o pecoreadores, que se comen entero lo producido por un modelo primario de IA. También están los descomponedores o degradadores, que van carroñeando por donde encuentren datos. Es decir, si en el anterior nivel ya aparecen los parásitos, en este nivel se encuentran los modelos superparásitos o metaparásitos. Los modelos de IA que parasitan la producción de modelos que, en sí, ya son parásitos.

Por último, en esta cadena trófica, volvemos a los humanos. Los que, en un principio, estaban en la creación. Los reencontramos ahora en el consumo, como consumidores terciarios o superdepredadores. Somos los humanos que consumimos IA. Como una especie de meta-meta-parásitos. En el círculo que se cierra, el canibalismo de las máquinas se revela como el canibalismo de siempre, entre humanos.

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