Australia, Canadá, Colombia y Estados Unidos son algunos de los países que se han mostrado contrarios a la emisión de CBDCs (moneda digital de banco central). Dichas monedas se presentan ante el mundo como una evolución tecnológica con potencial para transformar la manera en que interactuamos con el dinero. Sin embargo, esta promesa de modernización viene acompañada de una sombra inquietante: la posibilidad de que los gobiernos ejerzan un control sin precedentes sobre nuestras finanzas personales.
Las dos caras de las CBDC
Podríamos decir que las CBDCs muestran dos caras. Por una parte, su diseño y funcionamiento se basan en tecnologías avanzadas como el distributed ledger technology (DLT), lo que las permite ofrecer transacciones rápidas y seguras. Esto permite una mayor inclusión financiera, ya que las personas sin acceso a servicios bancarios tradicionales podrían realizar transacciones digitales de manera sencilla. Las CBDCs también podrían reducir las comisiones asociadas a las transacciones, haciendo que el dinero digital sea más accesible y económico.
Sin embargo, el control centralizado que implica la implementación de CBDCs plantea serias preocupaciones sobre la privacidad. Al ser emitidas y reguladas por los bancos centrales, los gobiernos tendrían acceso a información detallada sobre cada transacción realizada por los ciudadanos. Esto podría facilitar la creación de sistemas de crédito social, donde las decisiones financieras de los ciudadanos se verían influenciadas por su comportamiento social y político. La capacidad de los gobiernos de monitorizar y controlar el flujo de dinero en tiempo real amenaza con la creación de un estado de vigilancia que atenta a la libertad individual.
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Un paso adelante, dos hacia atrás
La promesa de un sistema financiero más eficiente y la posibilidad de un control estatal excesivo están generando un intenso debate sobre el futuro de las CBDCs. Muchas personas se preguntan si en lugar de representar un avance hacia un sistema financiero más justo y accesible, son el inicio de un régimen de control totalitario sobre las finanzas personales. Un caso que ilustra esta preocupación fue el uso de poderes de emergencia en Canadá durante las protestas de los camioneros en 2022, donde el gobierno bloqueó las transacciones financieras de los participantes. Este tipo de acción podría volverse aún más común con la implementación de CBDCs, donde el gobierno tendría la capacidad de regular las finanzas de los ciudadanos de manera más efectiva.
¿Y los casos de éxito?
Quizá, el mayor ejemplo de éxito de las CBDCs sea Sand Dollar, la CBDC de Bahamas. El país no solo ha avanzado en la estabilización de su propuesta, también lo ha hecho en su regulación y expansión en el sistema financiero. El pasado 1 de julio, el país informó que los bancos comerciales podrán comenzar a operar con esta CBDC, tratando de impulsar su adopción.
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Para quienes apoyan las CBDCs, esto puede verse como un «claro éxito de la tecnología», pero la realidad es ambigua. Pese a que Sand Dollar nació en 2020, han tenido que pasar cuatro año para que la CBDC llegue los bancos comerciales y éstos decidan si quieren operar con ella.
Falta adopción
Algo similar ha sucedido con la CBDC de Nigeria, conocida como eNaira. Lanzada en noviembre de 2021, dos años más tarde, en 2023, su uso fue prácticamente inexistente. Con poco menos de 930 millones de eNaira (unos 500 mil euros) y con un 98% de todos sus monederos inmóviles. Esto indica que si bien las CBDC se muestran como un enorme avance, la realidad es que su éxito está muy lejos del cosechado por el dinero fiat tradicional o sus versiones digitales. Una realidad de la que no escapa ni siquiera China, ya que su CBDC, aún sigue siendo un sandbox, con limitado alcance y uso. Especialmente, si lo comparamos con las opciones digitales provistas por la enormes fintechs del país: Alibaba y su AliPay o WeChat y su plataforma WePay.
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Reticencia de bancos centrales y gobiernos
También hay que tener en cuenta que pese al potencial de las CBDCs, muchas empresas, bancos centrales y gobiernos se han mostrado reticentes a su adopción. Un ejemplo notable es el caso de Estados Unidos, donde el debate sobre la implementación de una CBDC ha sido objeto de controversia y resistencia. La Reserva Federal ha expresado preocupaciones sobre los riesgos asociados con la privacidad, la seguridad y el impacto en el sistema financiero actual. Además, la falta de consenso sobre cómo debería ser una CBDC estadounidense ha llevado a la decisión de no seguir avanzando en su desarrollo.
En contraste, países como China, han avanzado rápidamente en la creación de su propia CBDC, el yuan digital. Una decisión que ha suscitado temores en algunos lugares del mundo sobre la posibilidad de que el país utilice su CBDC como herramienta de control social. La implementación de un sistema de crédito social en el que las transacciones financieras estén vinculadas al comportamiento de los ciudadanos es un ejemplo de cómo las CBDCs pueden ser usadas con fines autoritarios.
Por su parte, la Unión Europea se encuentra en una posición intermedia. Aunque ha iniciado estudios y experimentos sobre la posible implementación de una CBDC, también afronta críticas por la falta de claridad en sus objetivos y la necesidad de equilibrar la innovación con la protección de la privacidad de los ciudadanos. Dichas reticencias son una muestra de la preocupación compartida entre los gobiernos sobre cómo las CBDCs podrían afectar a la soberanía nacional y a la estabilidad económica.
Sopesando opciones
Así, queda claro que las CBDCs representan una dualidad compleja en el sistema monetario global. Por un lado, ofrecen la posibilidad de mejorar la eficiencia y reducir los costes de transacción, lo que podría beneficiar tanto a consumidores como a empresas. Por otro lado, plantean serias preocupaciones sobre la privacidad y la autonomía financiera de los usuarios, ya que podrían ser utilizadas como herramientas de control y vigilancia por parte de los gobiernos.
En última instancia, el futuro de las CBDCs dependerá de cómo se aborden dichas preocupaciones y de cómo se diseñen las CBDCs para proteger la privacidad y los derechos de los ciudadanos. En ese sentido, es crucial que los gobiernos y los bancos centrales trabajen en colaboración con la sociedad para desarrollar una CBDC que equilibre los beneficios tecnológicos con las preocupaciones sobre la privacidad y la protección de los consumidores. Solo así se podrá asegurar que las CBDCs sean un avance tecnológico y no una pesadilla totalitaria.

