Larry Fink: del Ámsterdam de 1602 a la tokenización de 2025
Larry Fink: del Ámsterdam de 1602 a la tokenización de 2025

Larry Fink: de la Bolsa del Ámsterdam de 1602 a la tokenización de 2025

En su Carta Anual de 2025 a los inversores, Larry Fink, CEO de BlackRock, traza un paralelismo poderoso entre dos momentos clave de la historia económica: la fundación de la Bolsa de Ámsterdam en 1602 y el actual momento de la tokenización. En ambos casos, se rompe una barrera fundamental como es el acceso restringido a los mercados financieros.

Los datos ya no se regalan: se intercambian en mercados

Fink recuerda que la Bolsa de Ámsterdam permitió a más de mil personas, entre ellas criadas, tejedores o fabricantes de jabón, invertir 50 florines y participar por primera vez en el comercio global. Aquello fue el inicio de una democratización económica que, según reconoce, aún está incompleta.

Tokenización, el Ámsterdam del siglo XXI, según Larry Fink

«Cuando se inauguró la primera bolsa de valores del mundo en Ámsterdam en 1602, la inversión se convirtió en una actividad más democrática. Hasta entonces, invertir estaba reservado principalmente a comerciantes adinerados. De hecho, alrededor del 90 % de los 1.143 inversores originales de la bolsa de Ámsterdam eran adinerados. Pero el resto de los inversores eran gente común. Entre ellos se encontraban 53 artesanos, ocho comerciantes, seis tejedores de seda, cuatro fabricantes de jabón y a menos dos criadas que invirtieron 50 florines cada una, lo suficiente para alquilar una modesta casa de campo durante un año».

Activos antes reservados a grandes capitales

En 2025, Fink sitúa la tokenización, junto a temas como las pensiones y la energía, como uno de los pilares para democratizar aún más la inversión. Aunque sin entrar en detalles, su mención directa destaca su importancia estratégica. La tokenización, basada en tecnología blockchain, permite convertir activos como inmuebles, bonos o participaciones empresariales en fracciones digitales. Esto abre la puerta a que inversores minoristas accedan a activos que antes estaban reservados a grandes capitales o instituciones. Así, si 50 florines te permitían en 1602 tener parte de una flota, hoy, 50 dólares pueden permitirte tener un token de la infraestructura de una energética, de una startup, una casa o de un fondo de inversión privado.

Propietarios de algo real y negociable

Incluso, escribe Larry, «cuando los mercados de capitales cruzaron el canal hacia Inglaterra, con su rígido sistema de clases, la Bolsa de Valores de Londres no nació en un palacio. Nació en el Jonathan’s Coffee House, en el Callejón del Cambio. Obispos y contables invertían junto a agricultores que llegaban directamente del mercado de ganado, aún con barro en las botas. Algunos venían a especular, pero muchos estaban allí para invertir en nuevas empresas, incluyendo una especialmente prometedora: el Banco de Inglaterra. Por primera vez, la gente común no se limitaba a observar cómo crecía la economía a su alrededor. Eran propietarios de una parte de ese crecimiento: una parte real y negociable». 

Propiedad fraccionada como hilo conductor

Sin decirlo, Larry Fink identifica en la propiedad fraccionada el vínculo entre ambas épocas. La tokenización replica el impacto transformador de la Bolsa de Ámsterdam: hacer accesible lo inaccesible. Según el CEO de BlackRock, el sistema financiero ha funcionado, pero para muy pocos. Frente a unas economías gemelas de prosperidad y exclusión, la tokenización puede ayudar a integrar a quienes hoy siguen excluidos de los beneficios del crecimiento económico.

Tal como en su momento los ETF simplificaron el acceso a los mercados públicos, hoy la tokenización busca abrir el acceso a activos privados, con transparencia, liquidez y menor fricción. Una evolución que, para Fink, se enmarca en una línea de 400 años de innovación financiera.

Derecho compartido

Fink no se extiende en su carta sobre los detalles técnicos de la tokenización, pero al mencionarla como instrumento clave para expandir la inversión, lanza un mensaje contundente: el futuro de la democratización financiera pasa por el blockchain. Desde los florines de 1602 hasta los tokens digitales de 2025, el objetivo es el mismo: que la prosperidad deje de ser privilegio de unos pocos para convertirse en un derecho compartido.

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