Por qué la lA, los chips y las criptomonedas son las armas de la nueva guerra fría tecnológica
Por qué la lA, los chips y las criptomonedas son las armas de la nueva guerra fría tecnológica

Por qué la lA, los chips y las criptomonedas son las armas de la nueva guerra fría tecnológica

Potencias como Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea libran una carrera simultánea por dominar los sectores más estratégicos del planeta: la IA, la energía, las criptomonedas, los chips y la industria militar. Mientras Washington y Pekín buscan consolidar su hegemonía tecnológica, Europa intenta definir su propio modelo, atrapada entre la dependencia y la regulación. En este tablero, donde cada avance redefine las reglas del poder global, el año 2026 podría marcar el inicio visible de una nueva guerra fría económica, digital y militar.

La nueva guerra fría

Decir que el mundo está actualmente en una marcha acelerada, una carrera donde todos quieren el primer premio y tomar posiciones privilegiadas para mantenerse relevantes, es quedarse corto con lo que estamos viviendo hoy en día. Por un lado, podemos ver como en el mundo se van creando tres grandes polos: Estados Unidos y sus aliados intentan mantener la hegemonía Occidental a nivel económico, comercial, militar y tecnológico, algo que muchos parecen estar comenzando a acelerar.

El segundo espacio es Europa, que si bien es un aliado de Estados Unidos y parte del mundo Occidental, busca comenzar a crear sus propios espacios y políticas, con sus aciertos y desaciertos en el proceso. Y finalmente, China y Rusia, siendo las naciones más grandes de Oriente, y con sus apoyos en Oriente y el Occidente afín a su ideología, tratan de marcar un nuevo ritmo en el mundo.

Una marcha acelerada

Y donde más solemos ver esa marcha acelerada son los sectores de la IA, el asociado al silicio y la robótica, con el fin de asegurar su posición dominante en el nicho tecnológico. El comercio, con el fin de asegurarse grandes mercados para sus productos y servicios, derivados no solo de actividades primarias sino de sectores especializados, especialmente los relacionados con IA, robótica y silicio. Las criptomonedas y activos digitales, para crear nuevos puentes económicos capaces de actuar en una economía mucho más dinámica y global. Y ahora se suma el militar, con conflictos abiertos como la Guerra de Ucrania y la puesta en marcha de nuevos programas de desarrollo que buscan tecnificar la guerra a niveles nunca vistos.

Ciertamente, no son pocas cosas, pero él pese de su conjunto redefinirá en muchas maneras nuestro mundo en este 2026, o comenzará a acelerar dicha transformación. Y frente a esa perspectiva, siempre es bueno saber que podemos esperar y como reaccionar a ello.

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Volviendo a la carrera armamentística

De hecho, este último sector ha saltado recientemente por los aires tras dos eventos que para muchos han pasado desapercibidos: las exitosas pruebas por parte de Rusia de dos nuevas armas con propulsión y cargas nucleares, capaces de estar activas por aire y mar de forma indefinida y llevar destrucción a donde vayan, los nuevos «juguetes de Vladímir Putin». Y la respuesta de Estados Unidos a este evento, con Donald Trump anunciando el reinicio de los programas de pruebas nucleares en Nevada, pruebas que se abandonaron en 1992, como un acto de buena voluntad de parte de Estados Unidos.

Sea como sea, Rusia y Estados Unidos no son los únicos en la carrera. Europa está en medio de una reindustrialización y recomposición militar, con países como Polonia marcando un ritmo acelerado. China ha triplicado su arsenal nuclear en menos de 20 años y ha multiplicado por 10, su capacidad ofensiva general convencional en el mismo lapso de tiempo. Japón se rearma y cada día que pasa es más «bien visto» deshacerse del pacifismo constitucional, algo que se refleja en la reciente activación de dos portaviones (mal llamados destructores de helicópteros), y Corea del Sur, se ha convertido en la tercera nación con más ventas de armas de todo el mundo, conocidos ahora como «el nuevo arsenal global para Occidente».

Una situación extendida

La situación se replica en Medio Oriente y el Indo-Pacífico, con Israel siendo la potencia militar por excelencia en la región, demostrado en su más reciente guerra multi-objetivo, incluido Irán. Arabia Saudita firmando un acuerdo de cooperación y protección militar con Pakistán, con el fin de hacerse de un paraguas nuclear (Pakistán es una potencia nuclear). India rearmándose y Australia (junto al resto de grandes naciones de la Commonwealth) revisitando su política militar, comprando equipos y trabajando en el diseño de nuevos.

No hay que pedir muchas evidencias de que estamos nuevamente en una carrera armamentística, por más que quieran disimular o calmar los ánimos. Cuando ves que tus vecinos compran y se arman hasta los dientes, y tu reacción es hacer lo mismo pero a una escala mayor, y así sucesivamente, no estás frente a «diferencias de visión geopolítica», estás en una carrera armamentista, y todos sienten eso.

La economía siente la presión

Y quizás el mayor reflejo de todo esto se ve en la economía y la carrera que las naciones están teniendo. Hagamos un poco de memoria: ¿Qué paso con Bitcoin y la mayoría de los índices bursátiles cuando Estados Unidos atacó a Irán hace unos meses? Ya te lo decimos: un bajón del 3% en su valoración. El resto de altcoins, entre ellas Ethereum, perdieron entre un 9-15%, todo en poco menos de 4 horas.

No te parece suficiente relación. Miremos el mercado crypto ahora ¿Qué ha pasado con el anuncio de Putin y Trump sobre sus respectivas pruebas de armas nucleares? Más de lo mismo: caídas del 4% en su valoración y el resto de altcoins siguen un panorama parecido. Y todo ello pese a las buenas noticias del corte de .25 puntos en las tasas de la FED, una noticia generalmente alcista para el sector crypto, ha quedado borrada por el primer punto.

Posiciones encontradas

Y en este sector, la posición de los distintos bloques de poder es en muchos casos, diametralmente opuestas. Por un lado, Estados Unidos ha empezado a aclarar el panorama regulatorio en su nación. La Ley GENIUS abre las puertas para que stablecoins, criptomonedas y otros activos digitales, puedan operar de forma legal. El efecto es claro: bancos y empresas han comenzado a poner pie firme en el sector, siendo una de sus últimas grandes demostraciones, la integración de stablecoins en el sistema de pagos Zelle, mantenido por bancos como US Bank, Bank of America y Wells Fargo.

Si, los mismos que llevaban años atacando al sector, ahora se unen al mismo, y eso es un claro mensaje de como se está transformando ese sector en el país y las posibilidades de desarrollo que existen no solo dentro Estados Unidos, sino a nivel internacional, sobre todo apalancado en una realidad innegable: la supremacía casi absoluta del dólar en el mundo stablecoin y el impacto en crecimiento que esto puede tener en el país, el cual se estima en 2,5% para este 2025.

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Europa quiere un espacio, a su manera

En este punto, Europa tiene una posición muy parecida pero diametralmente opuesta. Cuando Estados Unidos da rienda para que las empresas stablecoins y fintech puedan operar con grandes libertades en el sector crypto y de activos digitales, la Unión Europea comienza a crear un jardín amurallado para frenar la llegada de las stablecoins ancladas al dólar, que no pasen por el aro bancario de la UE.

Y, al mismo tiempo, ahoga la innovación para que el Banco Central Europeo, tenga tiempo para lanzar su CBDC, el Euro Digital, la antítesis de cualquier stablecoin que puedas imaginar.  Todo ello mientras «alienta» el desarrollo de las stablecoins ancladas al Euro, que pese a MiCA y toda la propaganda, no despegan y en más de 10 años, no han podido superar un valor de mercado superior a los 1000 millones.

Con esa situación, la Unión Europea se ve en medio de dos fuerzas que pueden cambiar por completo su situación económica. La desaceleración de Alemania, la inestabilidad de Francia y el ascenso de su deuda pública y el incremento de la deuda pública general de Europa al 82%, en un momento en el que el BCE aún sigue haciendo control de daños por los fondos COVID, deja en claro que de no cambiar la situación económica de los países miembros, en el corto plazo Europa puede atravesar una dura situación económica. Y es que a nivel de la región, el crecimiento esperado es de 1% en este 2025.

En ese panorama, cerrar la puerta a la innovación financiera, no parece lo más sensato, pero Europa apuesta a eso, y quedará por ver cuáles serán sus resultados.

China y su pragmatismo

El caso de China por su parte, es lo esperado: pragmatismo puro. Si bien China prohibió la minería y el uso de criptomonedas para pagos, ha ido poco a poco relajando dichos controles en el caso de stablecoins. Por un lado, la propuesta es impulsar su CBDC, el Yuan Digital, para el uso interno, algo que no ha salido muy bien en términos generales. Pero por el otro, buscan impulsar la generación de su propia stablecoin anclada al Yuan, teniendo como epicentro financiero a Hong Kong, donde la regulación pro-crypto es bien conocida. Así, básicamente China juega en ambos bandos: el lado de las CBDC y las stablecoins.

Quizás por esa visión han relajado la presión en adoptar su Yuan Digital, esperando a ver como va la adopción de su stablecoin anclada al Yuan. Sin embargo, ni el Banco Central de China, ni la autoridad de Hong Kong han emitido permisos para ello, todo lo que hay de momento es una ley aprobada que permitiría la emisión de stablecoins en Hong Kong,

En todo caso, el acercamiento de China es inteligente, especialmente porque la regulación permitiría a empresas y bancos emitir stablecoins usando distintos instrumentos financieros avalados, a diferencia de Europa, que solo permite esto usando el sistema bancario y depósitos efectivos. Esa flexibilidad es la que marcará la diferencia, y puede hacer crecer al mercado stablecoins de China nuevos niveles. Como resultado, la posición de China y Hong Kong como gigantes financieros se verá afianzada y les permitirá presionar el acelerador de la expansión global con mayor facilidad. Algo que puede ayudarles mucho en medio de la actual guerra comercial que sostienen con Estados Unidos.

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IA como el gran transformador

Finalmente, el sector de la IA permanece como el gran transformador global. Un ejemplo de ello lo vemos en la reciente noticia de la posible salida a bolsa de OpenAI con una valoración de 1 billón de dólares. Que una empresa salga con esa valoración de forma inicial es un evento sin precedentes y destaca el nivel de impacto que la IA tiene a nivel global, no solo tecnológico, sino también financiero y si, armamentístico.

Después de todo ya leemos titulares como la IA en aplicaciones de mensajería, como el reciente anuncio de Telegram y su red Cocoon para el uso de IA privada, o noticias como Anduril y el uso de sistemas GNU/Linux e IA para sus armas autónomas, o el de China, que usará versiones especializadas de DeepSeek para su ejército de drones.

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Sí, la IA está permeando todo sector. No solo en el desarrollo de software, la automatización/desarrollo empresarial e industrial, en la economía donde solemos ver bots o soluciones de IA para mercados, sino también en sectores como la seguridad, ciberseguridad, y el negocio de las armas. Y lo peor quizás, es que todo el mundo está abocado a esto, debido a su potencial de desarrollo rápido, a la capacidad que tiene para cortar caminos y permitir que economías y desarrolladores emergentes, pasen literalmente, de la «Edad de Piedra Tecnológica» (donde dependes de terceros para acceder a la innovación) a la Edad de la IA, donde ellos mismos pueden crear e innovar.

Una realidad que lo cambia todo por completo y de la que somos testigos presenciales ahora, pero que en este 2026 que está a la vuelta de la esquina, seguramente nos sorprenderá de maneras totalmente inesperadas.

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