Aunque aún quedan muchos días para el final de 2025, queda claro que este año ha marcado un antes y un después en la historia de los activos digitales. Mientras que el periodo 2020-2024 estuvo dominado por la volatilidad y la búsqueda de identidad del sector, 2025 ha cristalizado la función de las stablecoins como una infraestructura de liquidación de facto para una economía globalizada y digitalmente nativa.
Stablecoins 2026
Esta realidad se ha visto ejemplificada en un sector que no para de evolucionar, crecer y conquistar el mundo. En agosto de 2025, el volumen de transacciones onchain de stablecoins alcanzó los 4 billones de dólares anualizados, lo que representa un aumento del 83% en comparación con el mismo periodo de 2024.

Este crecimiento no se debe solo al aumento en los precios de los activos, sino a una mayor velocidad del dinero dentro de la red. Hoy, las stablecoins representan el 30% de todas las transacciones onchain, convirtiéndose en el activo más usado por utilidad real. En frecuencia de transferencias, ya superan a Bitcoin y Ethereum, reflejando su papel central en el uso cotidiano de blockchain
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4 billones de dólares
La capitalización total del mercado de criptoactivos cruzó el umbral de los 4 billones de dólares por primera vez en 2025, impulsada en gran medida por la inyección de liquidez fiduciaria tokenizada. Sin embargo, la métrica más reveladora no es el stock (capitalización de mercado), sino el flujo.
Gracias a ello, se estima que el volumen de liquidación de stablecoins ya rivaliza con el de redes de tarjetas tradicionales como Visa y MasterCard en términos absolutos de valor transferido, aunque la composición de este volumen difiere sustancialmente. Mientras que Visa procesa principalmente transacciones de consumo minorista de bajo valor y alta frecuencia, las stablecoins han capturado el mercado de liquidación B2B, remesas de alto valor y gestión de tesorería intradía.
Adopción con rostro geoeconómico
Quizá el punto más importante está en la adopción de stablecoins en 2025, impulsada por necesidades macroeconómicas divergentes en el Norte y el Sur del mundo.
En la historia del Sur se trata de economías emergentes que necesitan refugio y estabilidad. En este caso, las stablecoins han dejado de ser una opción tecnológica para convertirse en una necesidad de supervivencia financiera. Y es que en países como Argentina, Venezuela y Brasil, la devaluación crónica de las monedas locales ha convertido a stablecoins como USDT y USDC en cuentas de ahorro de facto. La capacidad de acceder a dólares digitales sin las restricciones de control de capitales impuestas por los bancos centrales locales ha sido el principal motor de adopción.
En África por su parte, a pesar de las prohibiciones explícitas en varios países, el volumen de transacciones continuó creciendo, demostrando la resistencia de la tecnología frente a la censura estatal. Las stablecoins ofrecen una consistencia vital en medio de la imprevisibilidad de los mercados locales.
La supervivencia del más apto
En el Norte, en Estados Unidos y Europa, la narrativa ha girado en torno a la eficiencia del capital y la tokenización de activos del mundo real (RWA). La integración de stablecoins con bonos del Tesoro de EEUU ha creado una nueva clase de «dinero programable» que es utilizado por fondos de cobertura, oficinas familiares y corporaciones fintech para optimizar la gestión de liquidez.
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Por otro lado, el panorama corporativo de 2025 se ha definido por la consolidación y la especialización. La era de «lanzar una stablecoin y esperar» ha terminado. Los actores dominantes han tenido que redefinir sus modelos de negocio para sobrevivir a la regulación de la Ley GENIUS y a la competencia tecnológica.
Tether ha mantenido su posición como líder indiscutible del mercado, controlando aproximadamente el 60-65% de la cuota global, pero su estrategia en 2025 ha sido radicalmente diferente a la de años anteriores. Antes crecía sin parar, pero ahora, con más presión de los reguladores, ha decidido centrarse en ser más transparente y estable, manteniendo la mayor parte de sus reservas en efectivo y bonos del Tesoro de EEUU.
Circle (USDC) y su ascenso institucional
Para Circle, 2025 fue el año en que su apuesta a largo plazo por el cumplimiento normativo finalmente dio frutos masivos. La Ley GENIUS fue, en esencia, el foso regulatorio que Circle había estado esperando.
La circulación de USDC creció un 90% interanual, alcanzando nuevos máximos históricos. Un motor clave de este crecimiento fue su dominio en la red Solana. Mientras USDT dominaba en TRON y Ethereum, USDC se convirtió en la moneda de reserva de facto del ecosistema DeFi de Solana, que experimentó un renacimiento en 2025. La alta velocidad y bajos costes de Solana hicieron de USDC el vehículo ideal para pagos y liquidaciones de alta frecuencia.
De hecho, Circle reportó ingresos récord y un EBITDA ajustado creciente, aunque las pérdidas netas persistieron debido a cargos contables relacionados con la preparación de su Oferta Pública de Venta (IPO). La narrativa de Circle para Wall Street es clara: no es una empresa de criptomonedas, es una empresa de infraestructura financiera de próxima generación que opera bajo las mismas reglas que un banco, pero con mejor tecnología.
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Ethena (USDe): Pivote hacia la Infraestructura
Ethena Labs protagonizó la transformación más interesante del año en el sector DeFi. Su stablecoin sintética, USDe, que utiliza una estrategia de cobertura delta (delta-hedging) para mantener la paridad, se enfrentó a desafíos significativos cuando las tasas de financiación de los futuros de criptomonedas cayeron, reduciendo los rendimientos que atraían a los inversores.
Ante la compresión de rendimientos, Ethena pivotó de ser un emisor B2C a un proveedor de infraestructura B2B. Lanzó una plataforma «White Label» (Stablecoin-as-a-Service) que permite a terceros emitir sus propias monedas estables utilizando la tecnología de cobertura de Ethena en el backend.
Hacia la internet del valor
De esta manera, el año 2025 ha sido el punto de inflexión donde las stablecoins dejaron de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad económica tangible. La convergencia de una regulación clara (Ley GENIUS), una infraestructura robusta y una demanda global insaciable de dólares ha creado un nuevo paradigma monetario.
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Las empresas que lideran este espacio ya no son «startups de cripto», sino instituciones financieras sistémicas. Tether actúa como un banco central para el mundo en desarrollo; Circle, como la capa de liquidación para el mundo corporativo occidental; y protocolos como Ethena están redibujando los límites de lo que es financieramente posible mediante la ingeniería de activos sintéticos.
De esta manera, 2025 marca el punto de inflexión en el que las stablecoins dejaron de ser una promesa para convertirse en la base operativa del nuevo sistema financiero digital. La convergencia entre una regulación más clara, una infraestructura blockchain madura y una demanda global insaciable de dólares ha dado forma a un nuevo paradigma monetario.
Stablecoins, rieles del dinero digital
En este contexto, las blockchains funcionan como la autopista invisible y las stablecoins como los rieles visibles del dinero digital, conectando la economía real con la economía tokenizada. Mirando hacia 2026, el dinero y los activos comenzarán a moverse tan rápido como la información en Internet. Las stablecoins, que se consolidaron como medio de pago más utilizado en blockchain en 2025, se preparan ahora para conectar el dinero digital con la economía real.
Gracias a la tokenización de bonos, acciones y bienes, y a su integración con contratos inteligentes, el valor podrá transferirse de forma instantánea, del mismo modo que hoy circulan los datos en la red. La próxima frontera será la tokenización total de la economía real, donde bonos, acciones y bienes raíces convivirán en la misma infraestructura que el dinero digital.
En este nuevo escenario, las stablecoins actuarán como los rieles del sistema financiero global, impulsando una economía donde el valor se mueve con la misma libertad, velocidad y transparencia con la que se mueve la información en Internet. Es el nacimiento del llamado Internet del Valor, donde las finanzas se moverán a golpe de clic.
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