Puentes entre Wall Street y los anarcoaventureros: gestionar la descentralización para regular la criptoeconomía

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Desde distintas esquinas del mundo, cada vez son más los que demandan una regulación y, por lo tanto, una institucionalización de las criptomonedas y su ecosistema. Resulta cuanto menos paradójica esta situación, si tomamos la perspectiva del nacimiento de toda la tecnología relacionada con las criptomonedas, inicialmente reacias a toda institucionalización y regulación, proyectando una fe casi ciega en la sociedad civil.

De hecho, los principales focos de uso y difusión de las criptomonedas no andaban lejos de concepciones ideológicas y culturales próximas al anarquismo: autorregulación de la economía y la sociedad, distancia de todo control institucional, etc. Como dice en un reciente e iluminador artículo en CoinDesk el siempre clarividente Michael J. Casey, hay recientemente un choque entre la cultura de traje de rayas de Wall Street y los anarcoaventureros de la tierra cripto.

Si hay un choque, es porque no se encuentran tan alejadas, porque hay un cruce de caminos. Un choque que se está traduciendo inicialmente en volatilidad de las criptomonedas. Y por ello, se están dando ciertos pasos hacia la institucionalización de las criptomonedas. Uno de esos pasos hacia la institucionalización consiste en la emergencia de entidades, como Fidelity, una empresa estadounidense especializada en gestión de activos y fondos de pensiones, que ofrecen, a modo de un banco, custodiar las criptomonedas. Algo que, en principio, puede sonar raro, ya que se supone que es la propia tecnología descentralizada la que lleva a cabo la custodia.

Un movimiento que puede llegar a constituirse en una especie de puente para que las grandes instituciones -incluidos los bancos, las aseguradoras o los fondos- vayan entrando en el ecosistema de las criptomonedas. Una especie de puente centralizado, que es parte de su cultura, para gestionar la descentralización. Tal vez sea también el paso previo para la extensión y armonización de la regulación de estos custodios de depósitos cripto.

Al mismo tiempo, algunas empresas cripto consiguen el reconocimiento de sus respectivos órganos reguladores, como ha sucedido con Coinbase, reconocido por el Departamento de Servicios Financieros de Nueva York. Todo esto sin mencionar la ya conocida introducción de la reflexión en una institución tan significativa y relevante como la SEC.

Ese camino hacia la institucionalización parece pasar por la condena de las ICO y la entronización de las STO (security token offering). Algo menos provocador y revolucionario que las ICO, como subraya el propio Casey, pero de apariencia más acogedora, ya que hace que los tokens se asemejen a los productos financieros más conocidos. Pero a esto ya dedicaremos un comentario específico.

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