Los baby-boom son los baby-bitcoin en España
Los baby-boom son los baby-bitcoin en España

Los baby-boom son los baby-bitcoin en España

Los baby-boom son los baby-bitcoin. Los baby-boomers, las personas pertenecientes a las generaciones más numerosas de los países occidentales tras la segunda guerra mundial, son también baby-bitcoin. Es decir, son también los principales usuarios de las criptomonedas, los que en mayor medida están viviendo el nacimiento y primeros pasos del mundo cripto, cuando ellos mismos han llegado a su madurez vital.

Bitcoin y los baby-boom

La fijación por el calendario de nacimientos de esta generación de baby-boomers varía según los países. En España, tiene su centro entre los que nacieron entre 1972 y 1974, que es el período corto en el que se registró mayor número de nacidos. Amplíen ocho años por delante y otros ocho por detrás y tendrán esa generación. Actualmente se encuentran entre los 50 años y la primera mitad de los sesenta.

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En otros países, como Estados Unidos o en Europa Occidental, se produjo el fenómeno un poco antes. Son alrededor de cinco años mayores: el aumento de nacimientos, que siguió al crecimiento económico de la reconstrucción tras la guerra, llegó antes “allí” por la vía directa de las inversiones expansionistas o la del Plan Marshall.

Se trata de una generación formada. El 43% de los que tienen entre 45 y 49 años tienen un título universitario. Las generaciones anteriores estaban bastante atrás: el 30% de los que tienen entre 60 y 64 años, el 34% de los que tienen entre 55 y 59 años. El salto se da con los que tienen entre 50 y 54 años, donde el 40% tiene ese título superior. Pero es con los baby-bitcoin cuando la proporción se estabiliza, ya que los que tienen entre 40 y 44 años alcanzan el 43,1%.

Boom-bitcoin

Se trata de una generación que acudió a las puertas del mercado laboral con un título universitario bajo el brazo. Una certificación de saberes que era exigida tras la entrada de España en la Unión Europea, en 1986. A partir de aquí, aterrizaron multinacionales y nuestras propias grandes empresas se hicieron multinacionales. Era otro el perfil de empleados el que principalmente se requería. También por parte de unas administraciones públicas requerían esos perfiles más formados, para hacer crecer el Estado hacia la educación, la sanidad, las administraciones autonómicas y las administraciones locales.
En tal contexto, relativamente pronto quedaron fijados en empleos estables.

Paralelamente, un crecimiento económico que, salvo por la debilidad mostrada tras los fastos del año 1992, se mantuvo hasta la crisis de 2008. Así, en comparación con las generaciones anteriores, una parte relevante de los miembros de esta generación boom-bitcoin han tenido ingresos relativamente altos durante amplios períodos de su vida laboral. Algo que les ha permitido acumular patrimonio. Un capital económico al que, con la mediación de esos estudios universitarios, añadieron un capital cultural relevante y una curiosidad insaciable. Tenían el impulso cognitivo de los que avanzan desahogadamente. Pero cuando tenían la frontera de los cuarenta encima, empezaron a aparecer nubes en el futuro financiero de esta generación. Justo cuando bitcoin y las criptomonedas nacían.

Las preferentes y la imagen de los bancos

La bomba que hizo explotar la confianza en el sistema financiero tradicional en España tuvo un nombre: las preferentes. Simbólicamente, los bancos, gran depósito de confianza de nuestra muy escasa cultura financiera, resultaron dignos de poca confianza. Se revelaron como organizaciones para el despiadado desplume de sus clientes. Y no voy a decir eso de: “especialmente los más vulnerables”, porque fueron a por todo el que se dejaba cazar.

La imagen de los bancos quedó por los suelos, hasta hubo que rescatarlos, como lo hizo Luis de Guindos, con nuestros dineros públicos, en 2012. Una herida que fue principalmente cultural: el futuro y el dinero era mejor administrarlo uno mismo. Esta generación boom-bitcoin tenía mayor cultura en general, hay que pensar que para algo sirven los estudios universitarios, y se insertaron en la cultura financiera. Incluso en lo que, en un principio, se veía como una contracultura financiera, como era la de las criptomonedas.

El sistema de pensiones

En todo caso, eso de confiar en la sucursal bancaria de toda la vida, como atados por una especie de vínculo moral con quienes decían saber sobre nuestro dinero, quedó sentenciado. Y esta generación se abrió hacia principios más racionales -ser cliente del que competitivamente más ventajas aporte, sin ningún compromiso de fidelidad- y, sobre todo, hacia una mayor autonomía en la gestión de la riqueza propia.

La otra gran fuente de incertidumbre que se abriría continuamente sobre el futuro financiero de la generación boom-bitcoin tiene que ver con el sistema de pensiones. Habían estado religiosamente contribuyendo al sistema durante alrededor de un cuarto de siglo; pero todavía les quedaba un mínimo de quince años para jubilarse. Las voces que llamaban la atención sobre la poca sostenibilidad del sistema público de pensiones eran -y siguen siendo- poco o nada tranquilizadoras.

Por otro lado, las reformas del sistema de pensiones de 2011 se ensañó especialmente con ellos: la edad de jubilación se extendió hasta los 67 años. Sí, progresivamente; pero de manera que los nacidos en 1960 serán los primeros que nada obtendrán de tal progresividad. Ellos, hasta los 67 años. De aquí en adelante, todos, y lo más probable, tal como vienen las cosas, es que siga aumentando.

La gestión del futuro

Tras los distintos síntomas de debilidad del sistema financiero tradicional, protagonizado por los bancos “de toda la vida”, tampoco la confianza en los aviones privados de pensiones va más allá de lo justamente necesario. Repetimos, como dice Luhmann, que confiamos por necesidad.

Un contexto económico-financiero que obliga a la generación boom-bitcoin a ser especulativa. Aunque los hay que verdaderamente disfrutan con el riesgo, la mayor parte de las personas tienen aversión al riesgo. Más esta generación que maduró en cierta estabilidad económica y época de crecimiento. Pero se vieron empujados a formar parte de las comunidades especulativas, como las denominaciones Komporozos-Athanasiou.

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La especulación no formaba parte de su estilo de vida; pero se dio cuenta de que tenían que poner sus propias manos en la gestión del futuro. No era cuestión de poner todos los huevos del futuro en la misma cesta. Y, así, al ahorro más tradicional de cuentas y depósitos, oa unos planes de pensiones con menor apoyo de desgravaciones, o un patrimonio de bienes reales amenazado política y fiscalmente, añadieron las cripto.

Entre los 45 y 54 años

En la Encuesta Financiera de las Familias, fomentada por el Banco de España, es entre los 45 y 54 años donde se encuentra la mayor proporción de poseedores de criptomonedas. Con ello, se abren a otras opciones, aunque signifique un mayor riesgo, en comparación con los nada rentables productos financieros tradicionales. Un riesgo para el que tienen conocimiento, margen económico, invirtiendo en cripto aquello que pueden permitirse perder, y, sobre todo, margen vital: tiempo para poder recuperarse y pocos hijos, que son los que presionan hacia decisiones conservadoras.

Disponen de presente: los hogares con cabeza de familia entre 45 y 64 años son los de mayor renta anual media en el año 2024, según el Instituto Nacional de Estadística. Y quieren seguir disponiendo de futuro, gestionando su futuro.

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