Bitcoin parece caminar desde la barbarie al estado en la República Checa de Petr Pavel. Tras la adaptación nacional del Reglamento MiCA, en diciembre llegó la llamada Ley de Digitalización del Mercado Financiero, por la que estableció la exención del impuesto de la renta a quienes mantuvieran bitcoin (BTC) por al menos tres años.
Medida que ha sido ampliamente apoyada por el conjunto de los partidos políticos checos con representación en el Senado. Y, sobre todo, en esta semana, Ales Michl, gobernador del Banco Central, planteó entre sus estrategias la posibilidad de adquirir alrededor de 7.000 millones de dólares estadounidenses en bitcoin (BTC), formando así parte de las reservas internacionales del país.
Bitcoin y el Estado
Con la última de las decisiones referidas, un 5% de las reservas internacionales de la República Checa estaría conformado por la criptomoneda. Tendría la misma función que el oro, los bonos o las divisas, especialmente el dólar estadounidense. Y es que el principal argumento desarrollado para la defensa de esta estrategia es la mayor resistencia de bitcoin a la inflación y tener una menor dependencia del dólar, moneda de la que se espera un futuro cercano de importantes turbulencias.
A los que creyeron y siguieron creyendo en Bitcoin ¡feliz cumpleaños!
Unos argumentos en los que hay que subrayar la mayor confianza en la estabilidad de la criptomoneda, que en la de la moneda estadounidense. De hecho, las voces críticas con el anuncio de Michl, han apuntado al riesgo de fundamentar una parte de las reservas en un instrumento al que consideran enormemente volátil. Ahora bien, más allá del debate local, el anuncio puede leerse como un gran paso dado de un banco central de un país europeo a abrazarse a las criptomonedas.
Un abrazo que, por un lado, es una alternativa más en la búsqueda por parte de los bancos centrales de un papel en la economía digital. Un papel distinto al de dar soporte a la emisión de una CBDC (Moneda Digital del Banco Central), estrategia crecientemente criticada y abiertamente rechazada por el Presidente norteamericano Donald Trump. De hecho, la estrategia de las CDBC puede considerarse como una respuesta de los estados a las criptomonedas, arrastrando el rechazo a las mismas. Sin embargo, asumirlas como depósito de la riqueza del país es abrazar las criptomonedas por parte del estado.
Contra el estado
Bitcoin nació en las antípodas del estado. Contra el estado, como tituló James C. Scott su libro. Una obra que replantea muchas de las ideas concebidas con respecto a la relación histórica entre estado y nuestra forma de vivir. Por ejemplo, el sedentarismo, la agricultura e incluso las ciudades fueron antes que el estado, y no su consecuencia. Es más, subraya que el estado trajo servidumbre, esclavitud. No había una horrorosa situación de barbarie previa al estado y que éste mitigó. Más bien, según sus argumentos, fue al contrario. El polémico antropólogo estadounidense, fallecido el año pasado, discutió profundamente el papel de la institución estatal, y hay grandes expectativas con respecto a su libro póstumo Praise of Floods.
El próximo libro de Scott, pues todavía no ha sido publicado, seguramente sea otra toma de distancia con respecto al lugar del estado en nuestras civilizaciones. Como, a lo largo de la historia, ha habido muchos momentos en que nos hemos distanciado del propio estado, en que los humanos hemos estado contra el estado. El mismo Scott lo señala como uno de nuestros mejores ejemplos de resistencia. Lo que es históricamente cierto es que el estado se distanció radicalmente de Bitcoin. Del más absoluto ninguneo y desprecio, pasó a considerar a las criptomonedas con una amenaza, como una fuente del mal. Con mayor o menor virulencia, se dedicó a combatirlo.
Abrazo financiero entre criptomonedas y estado
Superadas esas fases iniciales de gran distancia, el estado, como institución, empezó a acercarse a las criptomonedas. Especialmente cuando se dio cuenta de que los beneficios generados por las mismas podían pasar por la caja fiscal. Habían pasado más de diez años desde el nacimiento de Bitcoin, cuando el estado vio que había importantes flujos financieros que debían pasar por la recaudación fiscal correspondiente. De la categoría de distante enemigo, las criptomonedas pasaron a ser una fuente de recursos. Primeramente por la vía de su obligada contribución al Tesoro Público. En estos últimos años y, especialmente, últimos meses, como recurso financiero de los estados. Este fue el abrazo fiscal.
Con estrategias como la anunciada por el Banco Central Checo, habría que hablar de abrazo financiero. Es el paso del abrazo fiscal a las criptomonedas, al abrazo financiero entre criptomonedas y estado.
Como en toda distancia entre dos puntos, la misma es cosa de dos. El estado se ha acercado a las criptomonedas, estudiando ahora que pueden convertirse en uno de sus activos. Pero ¿se han acercado las criptomonedas al estado?
Estatalización de las criptomonedas
La propia “estatalización” de algunas critpomonedas ayudará a su estabilización. Una parte importante de su existencia estará estabilizada, como estabulada. Lo que frenará su volatilidad. Ya se sabe que el número de bitcoins existente está prefijado. Si una parte notable se encuentra estatalizada, formando parte de las reservas de los estados, menor es la parte que quedará fluyendo y generando volatilidad. Es como si, entrando en el estado, los bitcoin (BTC) y posiblemente otras criptomonedas relevantes que pudieran entrar en esta lógica, se serenasen, se civilizasen.

