Por qué los halvings ya no mandan en el precio de Bitcoin y ahora lo hacen los ETF
Por qué los halvings ya no mandan en el precio de Bitcoin y ahora lo hacen los ETF

Por qué los halvings ya no mandan en el precio de Bitcoin y ahora lo hacen los ETF

Durante más de una década, los halvings marcaron el ritmo de los ciclos de Bitcoin. Cada cuatro años, la reducción de la recompensa a los mineros provocaba una ola de escasez, euforia y nuevas burbujas. Pero el mercado ha cambiado. Desde que los fondos cotizados (ETF) entraron en escena, el precio de Bitcoin parece responder menos a las reglas matemáticas y más a las decisiones de los grandes gestores financieros.

Cuando los halvings eran la estrella de Bitcoin

Durante años, el halving fue el reloj biológico de Bitcoin. Cada cuatro años, la red reduce a la mitad la cantidad de nuevos bitcoins creados. Es como si, en un juego de Monopoly, el banco empezara a imprimir cada vez menos billetes nuevos. Esa reducción de la oferta hacía que Bitcoin se volviera más escaso, y la escasez alimentaba el precio.

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El patrón era predecible. Los mineros ganaban menos por bloque y algunos hasta apagaban sus máquinas. El precio subía por la expectativa de escasez. Llegaba el FOMO (miedo a quedarse fuera), los pequeños inversores compraban y el ciclo se aceleraba. Finalmente, la burbuja explotaba y el mercado corregía.

Ocurrió así en 2012, 2016 y 2020. Pero, como todo, el modelo se desgastó. Hoy la oferta nueva de Bitcoin representa una fracción diminuta del total circulante. Reducirla a la mitad apenas mueve la aguja en un océano de monedas existentes. El efecto halving, aunque sigue siendo simbólico, ya no tiene el impacto que solía, según Jeff Park, copropietario y director de inversiones de ProCap BTC.

Horizontes cortos

En 2024, el mercado dio un giro histórico con el lanzamiento de los ETF de Bitcoin al contado en Estados Unidos. Estos fondos permiten a inversores tradicionales comprar exposición a Bitcoin sin necesidad de custodiarlo directamente. Bancos, fondos de pensiones y grandes gestoras, los llamados nuevos jugadores ricos, entraron por primera vez en masa al ecosistema.

El resultado fue inmediato: miles de millones de dólares fluyeron hacia los ETF, impulsando el precio a nuevos máximos. Pero, con ello, el ciclo cambió. Ya no gira cada cuatro años en torno al halving, sino cada uno o dos años, en función de cómo piensan y actúan los gerentes de fondos.

Estos gestores no operan como los mineros. Tienen horizontes cortos, rendimientos medidos por años fiscales y bonos que dependen de los resultados al 31 de diciembre. Si el activo no cumple sus expectativas, se van a otro. Como resultado, el precio de Bitcoin ahora depende menos de su oferta y más del flujo de dinero institucional.

Calendario financiero sin bloques de Bitcoin

El comportamiento de los ETF ha introducido una lógica diferente, más parecida a la de los mercados tradicionales. Los gerentes de fondos actúan bajo dos grandes impulsos: El miedo a perder rendimiento frente a otros fondos y los bonos anuales, que dependen de resultados antes del cierre del ejercicio.

Esto significa que sus decisiones están sincronizadas con el calendario financiero, no con los bloques de Bitcoin. Si el activo sube, atrae dinero nuevo. Si se estanca o cae, los flujos se revierten con rapidez. En 2024, por ejemplo, Bitcoin ofreció un rendimiento extraordinario, alrededor del 100% anual, suficiente para cubrir varios años de objetivos. En cambio, 2025 comenzó con caídas del 7%, y los ETF han experimentado salidas netas de más de 3.500 millones de dólares mensuales en octubre y noviembre.

El precio actual, alrededor de 92.000 dólares, se encuentra peligrosamente cerca de la base de coste promedio de los ETF (84.000 dólares). Si el precio cae por debajo, muchos fondos entrarían en pérdidas, aumentando la presión vendedora.

El nuevo enemigo se llama estancamiento

Un estudio citado por Park señala que un tercio de las ganancias de los fondos proviene de los flujos de dinero, no de su genialidad en la gestión. En otras palabras, lo que mueve el mercado no es el talento de los gestores, sino la entrada y salida de capital. Ese comportamiento crea mini ciclos de dos años. Si el dinero entra, el precio sube, el rendimiento atrae más inversores, el mercado se sobrecalienta, los flujos se revierten y el precio cae. Bitcoin, antes gobernado por la escasez programada, se mueve ahora al ritmo de Wall Street.

El mayor peligro para Bitcoin ya no es la caída abrupta, sino el estancamiento prolongado. Si el precio se mantiene estable durante meses, los gestores ven caer sus rendimientos anuales y tienden a vender para reasignar capital hacia activos con mejor desempeño. En ese escenario, los ETF se convierten en una especie de termómetro de confianza institucional: cuando los flujos son positivos, Bitcoin sube. Cuando se detienen o se vuelven negativos, el mercado se enfría.

Adiós al ciclo del halving, hola al ciclo del flujo

Todo esto apunta a que el halving ha dejado de ser el motor principal del precio de Bitcoin. Su lugar lo ocupan los flujos institucionales, controlados por fondos y ETF que operan con criterios de rentabilidad anual y gestión de riesgo. La buena noticia es que este nuevo sistema es más predecible, ya que los fondos siguen patrones, plazos y calendarios. La mala noticia es que también es más volátil, porque depende de decisiones corporativas, no del entusiasmo del público minorista.

Antes, el mercado era como una fiesta de barrio organizada por mineros y entusiastas. Hoy, Bitcoin es un club financiero global, donde las decisiones se toman en oficinas con vistas a la City de Londres o a Wall Street. Si los invitados VIP, los grandes fondos, dejan de llegar, la fiesta se apaga rápido.

Un Bitcoin más institucional

La conclusión es que  mercado de Bitcoin está entrando en su etapa adulta. Los halvings seguirán existiendo, pero su influencia será simbólica. El nuevo pulso lo marcarán los flujos de los ETF, la confianza de los inversores institucionales y la política monetaria global. Bitcoin ya no depende solo de su código, sino del comportamiento humano en los mercados financieros. Y en esa transición, pasa de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en un activo dentro del tablero global de la macroeconomía. La pregunta ahora no es cuántos bitcoins nuevos se minarán, sino cuánto dinero nuevo entrará o saldrá de los ETF.

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