El mercado de criptomonedas crece y las stablecoins permiten a éstas actuar como dinero paralelo. Crece en números: volúmenes, valores, velocidades de intercambio y aceptación. El pasado viernes, se decía en Observatorio Blockchain que, por tales números, era ya un sistema monetario paralelo. Pero también es cierta la explicación contraria: consigue tales números porque es un sistema. Un sistema monetario.
Stablecoins y criptomonedas
Las criptomonedas han dado el paso a su configuración como sistema. Un paso en el que ha sido decisiva la figura de las stablecoins. Incluso el nombre da esa estabilidad que exige todo sistema. Pero las stablecoins son algo más. Son la herramienta a partir de la cual el sistema criptomonetario parasita, en su crecimiento, al sistema monetario tradicional. Y es que todo sistema, para nacer y dar sus primeros pasos, necesita parasitar a los sistemas ya consolidados. En su obra «El parásito», el filósofo Michel Serres apunta cómo el parásito genera ruido. Un ruido que puede ser tan destructivo, como constructivo. Como parásito, las stablecoins hacen ruido en el tradicional sistema monetario, como en el emergente sistema criptomonetario. Un ruido constructivo.
La palabra sistema se hizo grande en el siglo XX, como en el siglo XIX habían sido palabras como progreso o revolución. Sistema es el bisturí analítico que da imagen de consistencia a realidades complejas, con múltiples elementos en interacción continua, donde el cambio de una conlleva, a su vez, el cambio de otros muchos elementos.
Sistemas que constituyen sistemas
Tal vez sea Saussure, en las huellas que sus discípulos de principios del siglo XX tomaron para Curso de Lingüística General, el que con mayor nitidez utilizó el término de sistema. La cambiante existencia de las lenguas se transformó en un cuerpo sólido, casi rígido, como un cadáver, al que analizar. Quizá por ello casi todas las disciplinas adquirieron un tono forense, porque se empeñaban en mirar lo vivo, que crece y se desarrolla, como si fueran objetos inertes.
El sistema social de la ciencia analiza e incluso instituye sistemas, como el suyo propio o, que es el que nos interesa aquí, el de la economía. Unos sistemas que constituyen sistemas. El sistema de la economía, el sistema monetario. Así parecen las cosas más controladas, hasta que aparece con fuerza un nuevo elemento y surgen los debates de cómo integrarlo en el sistema, porque la vida sigue, aunque el término sistema intente pararla.
El nuevo sistema parasita al anterior
Se observa que, a su vez, unos sistemas se relacionan con otros. Tal vez, la mayor dificultad que ha tenido el concepto de sistema es explicar la relación entre sistemas. En la mayor parte de los casos, la relación es de ignorancia mutua, especialmente cuando sus funciones son distintas. Es lo que le sirve a Luhmann para dar cuenta de la ignorancia mutua entre sistemas ecológico y económico o político. Pero también puede darse cierto parasitismo, que es lo que ocurre cuando abordan funciones semejantes. Por ejemplo, una lengua parasita a otra lengua. El nuevo sistema parasita al anterior sistema que cubría funciones semejantes, hasta que se independiza del mismo, fijándose como paralelo al anterior o superándolo.
Aplicar el término sistema al vivo flujo de millones de intercambios diarios entre monedas respectivamente avaladas respectivamente por distintos estados ayuda. Pone orden en las cosas y eso nos da la sensación de que hay algo que funciona. Imprescindible sensación para que adquiramos confianza y, a su vez, funcionemos. Por ejemplo, el SMI (sistema monetario internacional) es un sistema porque funciona como un conjunto organizado e interrelacionado de elementos que operan conjuntamente para regular el funcionamiento del dinero y las finanzas.
Todo sistema es un sistema fiduciario
Tiene sus monedas internacionales, aunque algunas son más internacionales que otras. Tiene sus grandes acuerdos, como Bretton Woods. También tiene instituciones, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Y así funciona el flujo internacional de esa entidad tan, a la vez, abstracta y concreta, como es el dinero. Y creyendo en la estabilidad, la vida se hace más estable, objetivo sumamente importante para la vida económica.
En el fondo, todo sistema es un sistema fiduciario: depende de la confianza en el mismo. Y se tendrá confianza en él, si sigue sirviendo para interpretar la realidad y, con ello, para que la realidad funcione. Ahora, servirá para interpretar la realidad, si es capaz de ir integrando lo nuevo que emerja con fuerza. Especialmente, aquello que emerja y que parezca tener una lógica distinta a la del sistema. Es así como sobreviven los sistemas y el propio concepto de sistema como herramienta analítica, como algo que nos sirve para dar sentido al mundo.
Sistema criptomonetario
Hasta que una nueva realidad se convierte en sistema pasa un tiempo. En nuestro caso, la realidad de las criptomonedas. Entonces, la sinfonía del sistema se adquiere con la percepción de que hay patrones y hay referencias comunes bastante sólidas. Por ejemplo, en el caso del sistema monetario internacional, se hizo con los acuerdos que ponían al dólar como esa referencia común sólida.
El nuevo sistema internacional parecía así menos internacional, al tener que girar sobre la moneda de una nación: el dólar estadounidense. El dólar es, a la vez, moneda nacional y moneda internacional. Tal vez dicho con mayor realismo: es moneda internacional porque es la moneda de una nación fuerte. El nuevo sistema internacional parasitaba así la fuerza de un sistema nacional, el del país norteamericano. En el caso del sistema de las criptomonedas, esa referencia sólida se ha conseguido con las stablecoins.
El sistema criptomonetario ha podido hacerse un gran hueco, al lado del sistema monetario tradicional, gracias a sus capacidades tecnológicas y, sobre todo, su rapidez y eficacia. Es en la vida práctica donde se ganan las batallas. El sistema criptomonetario permite transacciones internacionales más rápidas y baratas, siendo más inclusivo, ofreciendo acceso a servicios financieros a personas que viven en zonas del mundo con poca infraestructura bancaria.
Sistema monetario tradicional
Ahora bien, el sistema criptomonetario sigue dependiendo de la solidez del sistema monetario tradicional. Como pone de relieve el propio protagonismo de las stablecoins, pues, al fin y al cabo, están tanto en un sistema, como en el otro. Es decir, el sistema criptomonetario es parásito del sistema monetario. Acción parasitaria que realiza especialmente gracias al trabajo de ese gran parásito monetario que son las stablecoins.
Como parásito, las stablecoins también generan ruido en el sistema criptomonetario. Parecen ir en contra de su lógica descentralizadora y lejana del dinero fiat. Ha de reconocerse, que el concepto de stablecoin carecía de lugar alguno en el histórico pensamiento del que nacieron las criptomonedas. Era inconcebible. Un ruido ininteligible en la pureza de las criptomonedas. Un parásito. Pero es precisamente este parásito el que se ha convertido en núcleo del sistema criptomonetario y el que permite a éste parasitar al sistema monetario tradicional. Una lección de la economía a la biología, dentro del sistema social de la ciencia.
El oscuro trabajo de las stablecoins
Salvo en la biología y tal vez en alguna otra de las ciencias de la vida y la salud, los parásitos no tienen buena imagen en nuestra cultura productiva. Sin embargo, ni el proceso evolutivo, ni, que es lo que aquí más importa, la historia de las sociedades y sus economías puede explicarse sin el trabajo oscuro de los parásitos. Ese oscuro trabajo de las stablecoins sobre el que se erige el sistema criptomonetario y que es mirado con recelo tanto por ambos núcleos duros, el del sistema monetario tradicional y el del nuevo sistema criptomonetario.

