Carlos Domingo, ex de Telefónica y gurú de blockchain en Silicon Valley, aterriza en Cantabria para securitizar el Capricho de Gaudí. A Comillas, un rincón de Cantabria donde el lujo bohemio se mezcla con playas salvajes, mosaicos de Gaudí y un aire de exclusividad que hace que hasta los veraneantes más snobs se sientan como extras en una película indie, ha llegado Carlos Domingo, fundador de Securitize. Por cierto, en Comillas se rodó Primos, una comedia romántica dirigida por Daniel Sánchez Arévalo en 2011, donde los protagonistas intentan todo el rato recomponer sus corazones rotos.
Capricho de Gaudí y Carlos Domingo
Antes de emigrar a Silicon Valley y tokenizar activos reales como si fueran caramelos en una piñata fintech, Carlos fue uno de los cerebros de Telefónica. Presidió Telefónica I+D hasta que decidió cruzar el charco y convertirse en referencia internacional de blockchain. En 2013, Carlos definía la innovación como «invención más comercialización con éxito». Más de una década después, vuelve a España en modo celebrity tech, con una propuesta tan disparatada como pintoresca: securitizar El Capricho de Gaudí, convirtiendo sus mosaicos en tokens digitales con yields eternos.
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En el fondo, la idea de Domingo se resume en que los mosaicos de Gaudí, además de patrimonio artístico, también son activos financieros que cotizan con la brisa marina. Como si esta villa modernista se transformase en un índice bursátil playero, donde cada azulejo genera dividendos turísticos y cada selfie frente a la fachada sube el valor del token.
La cosa empezó como en una escena de la película Primos, pero versión Web3: Carlos llegó a Comillas en un Alsa desde Santander, con un aura de emprendedor que ha visto más pitch decks que puestas de sol. La alcaldesa de Comillas, una mujer con olfato para el turismo chic, lo recibe en la puerta de El Capricho, la villa que Gaudí diseñó en 1883 para un indiano muy rico.
Rendimientos indexados a visitas turísticas
¡Bienvenido al Gaudí del norte!, dice la alcaldesa, ignorando que Carlos ve el edificio, además de como patrimonio cultural, como un activo listo para ser tokenizado. Aquí securitizamos todo, anuncia con solemnidad de profeta blockchain. Tokens de azulejos como activos reales. Cada mosaico, un fragmento digital que genera yields pasivos. «Imaginad: inviertes en un girasol cerámico y cobras royalties cada vez que un turista lo fotografía», explica Carlos.
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Domingo, gesticulando ante los mosaicos que cubren las fachadas como un collage high-tech del siglo XIX, explica su visión sin pestañear: Securitizaremos el edificio entero para que cualquiera pueda poseer un pedacito de Gaudí. Y para los yields, un fondo tokenizado de patrimonio cántabro, desde el Capricho hasta las casonas indianas. Rendimientos indexados a visitas turísticas y compliance regulatorio, con sello CNMV.
Los vecinos, mezcla de veraneantes chic con chanclas de diseño y locales que aún recuerdan el rodaje de Primos, asienten con una mezcla de fascinación y escepticismo. Una turista, experta en Instagram, pregunta: ¿Y si el mercado crashea? ¿Mis tokens de azulejo se convierten en escombros virtuales?. ¡No! Con Securitize, todo es regulado dice Carlos. Es como un capricho de Gaudí, pero con compliance CNMV/SEC.
Playa de Oyambre
La historia se calienta cuando el grupo va a la playa de Oyambre, donde Shakira y Piqué solían surfear olas cuando estaban juntos. La diva colombiana regresa ahora en modo soltera y empoderada, sin Gerard pero con sus hijos Milan y Sasha, para sesiones de surf terapéuticas. Carlos le dice que se una a la causa y que securitize sus olas con mosaicos Gaudí para un portfolio con ritmos latinos.
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En El Pájaro Amarillo, un chiringuito playero que atrae a famosos como si fuera un imán, Carlos convoca una reunión de alto nivel para pulir el plan. Con arena en los zapatos, Carlos dibuja en una servilleta un whitepaper improvisado. De repente, llega un mensaje de Ana Botín desde su refugio cántabro: «Brillante, Carlos, pero con respaldo bancario. Santander securitiza el Capricho: tokens Gaudí con garantía de un banco que sobrevive a crisis desde 1857». Carlos, entusiasmado, responde: ¡Alianza perfecta! Imaginemos yields híbridos: azulejos + anchoas de Santoña para un portfolio diversificado.
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Ana Botín remata en un mensaje grupal de Whatsapp
A estas alturas, todos ustedes saben que ninguna crónica de «criptocelebrities en agosto» estaría completa sin el cameo estelar de Miguel Ángel Revilla, que irrumpe en El Pájaro Amarillo como un huracán político. Lo hace vestido con polo y pantalones cortos que gritan soy de pueblo pero salgo en televisión. Revilla, que es listo y sabe que el verdadero yield es un plato caliente, llega con un cocido lebaniego en tupper. ¡Carlos, chaval! Securitiza el Capricho, pero ven a Polaciones primero. «Yo lo vendo en La Sexta explicando cómo Gaudí hacia blockchain antes que Satoshi!.
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Con el sol poniéndose sobre Oyambre como un dip de mercado suave, Botín remata en el mensaje grupal de Whatsapp: «Midamos el ROI: patrimonio + turistas = burbuja chic». De repente, un mosaico suelto se desprende y rueda por el suelo como una burbuja NFT pinchada, simbolizando la volatilidad de todo hype digital. Carlos lo recoge, riendo: ¡Ves! Hasta Gaudí sabía de crashes, pero lo salvamos con un fork creativo.
Comillas acaba de inventar el «Token del Capricho», respaldado por patrimonio cántabro, indexado a turistas y con un whitepaper escrito entre cañas en un chiringuito. ¿Volátil? Solo si llueve en agosto.

