En este post os mostramos una radiografía de los discursos de los consejeros del dinero cripto. El de consejero de inversión es un trabajo de alto riesgo. Más si se trata de inversión en criptoactivos. Más si el contexto económico está atravesado de grandes turbulencias. Cuando decisiones desde los poderes políticos, inesperadas por poco fundamentadas, generan convulsiones. Sin embargo, es en estos tiempos y con respecto a esos activos, cuando más buscados son sus discursos.
Ahora que todo el mundo habla de discurso, es en el consejo a la inversión donde cobra mayor sentido la concepción aristotélica de discurso. En otros campos, creo que se abusa del termino de discurso. Aristóteles, en su Retórica, lo proyectó a tres ámbitos: el político frente a la asamblea, el jurídico frente a los jueces y el educativo frente a los alumnos. Ámbitos en los que el discurso ha de convencer a una audiencia, de manera que ésta asuma los argumentos desarrollados. Que los haga suyos y decida. Pues bien, en la inversión se trata de lo mismo, que el inversor asuma los argumentos desarrollados por el consejero y decida.
Dinero cripto
El de asesor de inversiones financieras es un trabajo de riesgo, más allá de que la principal sustancia con la que trabaja es el riesgo. Se trata de profesionales del riesgo. Es de esos trabajos por los que te pueden partir la cara, si te equivocas, si te cruzas con alguien que ha perdido patrimonio, siguiendo tus equivocados consejos. Pero si, además, el tipo de activo sobre el que aconsejas es cripto, el riesgo es aún mayor, dada la volatilidad del material. Los consejeros sobre inversión en cripto son profesionales de altísimo riesgo. Funambulistas saltando en cuerdas un tanto flojas. En cada uno de sus discursos, se juegan la confianza quizá capitalizada durante mucho tiempo.
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Sólo los que defienden comercialmente “su inversión”, como los que trabajan en los bancos e instituciones financieras semejantes, lo tienen claro. Se trata de colocar su producto. Pero estos dan “consejos”, como la publicidad, pero no son consejeros. El consejero se labra su capital simbólico a partir de la independencia, la trayectoria de buenos juicios y la calidad de su discurso.
Consejeros de inversión de dinero cripto
Porque lo que ofrecen son discursos sobre el riesgo y la inversión. Otros, no dan tantos discursos sobre inversión, sino que invierten. Entre estos últimos, se ganan la confianza a partir de su rica muestra de experiencias -contantes y sonantes- de han ganado dinero con sus acciones-predicciones. En este caso, se trata de seguirles la pista. Por ejemplo, seguir la pista a las acciones de los fondos del húngaro-estadounidense George Soros. Ahora bien, ir detrás, aunque sea sólo unos poquitos pasos, tiende a salir siempre un poco más caro: comprar más caro cuando el fondo, con sus compras, ha hecho subir el activo; o vender más barato cuando el fondo, con sus ventas, ha hecho bajar el activo. Ir en el remolque siempre es más incómodo y dependes de las decisiones de quien conduce.
Los consejeros de inversión cripto son otra cosa. Son gestores de una confianza profunda. Más profunda de lo que, en principio, podría parecer. Por ello, uno se sorprende de la alegría, como si fuera una fiesta, con que algunos dan sus consejos. Especialmente se encuentran en Youtube y plataformas de semejante estilo. Son los consejeros que optan por transmitir energía. Como asumiendo la máxima mcluhaniana -el medio es el mensaje- transmiten que lo importante es seguir en la brecha. Es la fuerza de su voz y lo rotundo de algunas de sus afirmaciones, lo que impulsa sus consejos. Se dirigen a su pequeña -o no tan pequeña- comunidad de seguidores, desde la energía y la confianza de una relación larvada hace tiempo. Una energía transmitida en el mensaje que se refuerza en tiempos turbulentos para la inversión cripto: ¡no preocuparse, Bros, todo irá bien!.
Serio en el tono
El consejero festivo es de “aprovecha el momento”. Y ese “momento” puede ser tanto de bajada, como de subida. Del presente. Lo importante es seguir juntos y que la fiesta no acabe, porque lo importante es la comunidad. Aunque a ciertas horas de las noches agitadas, muchos miembros de la comunidad ya no huelen a rosas.
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Hay otro tipo de discurso de los consejeros cripto que parece ser menos discurso, en la medida que simula no convencer. Simulación porque quienes acuden a este tipo de consejero lo que buscan es que les convenzan. Es aquel que, al contrario del anterior, se presenta como serio, presente en medios de comunicación pretendidamente serios. Serio en el tono, en la gramática articulación de argumentos, etc.
En casi todo, menos en el consejo, pues atados a la seriedad de la prudencia no acaban aconsejando nada o aconsejan esto y lo otro, que es como no aconsejar nada. Reconstruyen contextos, para la toma de decisiones, más o menos conocidos por todos. Los exponen con pulcritud histórica. Pero, al final, siendo su máximo consejo el de la prudencia. Te convencen de que seas prudente. Eso sí, mientras tanto, tú sin saber si comprar o vender tus cripto, pues, especialmente en tiempos turbulentos, no se trata tanto de si comprar unos activos cripto, en lugar de otros, sino de eso, si vender tus cripto o comprar más cripto.
El consejero prudente
El discurso del consejero prudente invierte principalmente en su confianza. Es una especie de discurso autorreferencial. Una especie de, realmente no estoy aconsejando nada, pues tú tienes la decisión. No estoy aconsejando nada, salvo que sigas confiando en mí. Es como si el buen consejero es aquel que no aconseja nada. Limitándose a desplegar el mapa de la situación, con sus distintos caminos llenos de oportunidades y riesgos, no indica ningún destino. Sólo que sigas en el mapa.
Estos días de locura en las cotizaciones de todo, hemos podido ver al consejero prudente. Argumentos como: “al final del túnel, hay luz”, “unos expertos dicen que es el inicio de un ciclo bajista; otros, que es la oportunidad para la compra”, “Bitcoin ha tenido correcciones más fuertes de su precio, antes de emprender el camino alcista”, etc. Ese futuro final, siempre será favorable. Otra cosa es el futuro más próximo.
En favor de ese futuro al alcance de la mano, no se argumenta tanto el valor intrínseco derivado de las características técnicas del activo, sino que se realizan referencias a cuestiones como la adopción institucional de los activos cripto, por ejemplo, fundándose en la promesa electoral trumpiana de convertir Bitcoin en una reserva estratégica en Estados Unidos. La confianza en la revalorización de las criptomonedas se traslada a la confianza en las decisiones de una persona. Unas decisiones cuya estabilidad es, por otro lado, digna de ser analizada. Este discurso es una apelación a las cadenas de confianza. Unas cadenas que se supone que llegan, eslabón a eslabón, a ese horizonte final, donde se encontrará la calma. Eso sí, con algunas pruebas de confianza en el camino, como las fuertes tormentas de continuos rayos y truenos.
Aire transcendental
Cuando los activos bajan, hay que seguir confiando porque el camino lleva al destino del éxito. Cuando, como ha ocurrido en estos últimos días de la semana tras la decisión de parar temporalmente la aplicación de los aranceles, y los activos suben, es una muestra de lo acertado de ese camino.
El consejero prudente tiene un aire transcendental. Con ese apuntar al horizonte a largo plazo, asume una retórica tradicional, casi religiosa. Mientras tanto, deja entre paréntesis el presente. Pero abandonarse al largo plazo es una decisión que hay que tomar hoy, en el cortísimo plazo del presente. Los mercados de activos colonizan el futuro desde un continuo presente.
Otro clásico es el discurso que apela al “inversor inteligente”. El inversor inteligente es el que sigue al asesor de inversiones que apela al inversor inteligente. Este consejero suele aconsejar menos incluso que el consejero serio y prudente, ya que ni siquiera expone el mapa. Bueno, el único mapa que expone es el de tu cara, descifrando ante el espejo si eres lo suficientemente inteligente. Tienden a partir de una premisa: el mercado bajista es temporal. Su mantra es el ciclo. Es decir, los mercados volverán a subir y quien “inteligentemente” apueste en el momento oportuno, estando a bajo precio, por valores que subirán mucho y rápidamente, tras ese momento oportuno, tiene una oportunidad de oro.
Amortiguador de pánico
El discurso del “inversor inteligente” es un dispositivo amortiguador de pánico. Te dice que, donde los demás ven miedo, tú, con pecho valiente de neuronas superdotadas, has de ver oportunidades. Ya no apela tanto al largo, larguísimo, plazo, como a la diversificación de carteras. Es decir, invierte en todo lo que puedas, sin poner todo en una sola cesta. Así, teniendo en cuenta que algunos activos se revalorizarán, podrás ganar en algo. Lo que aconseja es que vayas a muchos sitios, para perderte lo menos posible, reclamando la máxima racionalidad. Una racionalidad que, por cierto, ya estaba en el principio: no poner todos los huevos en la misma cesta, ahora que los huevos se han convertido en un bien que hay que exponer en la declaración patrimonial.
La apelación a la racionalidad en cuestiones de inversión es legado directo de nuestra modernidad burócrata-racional, apoyada con un impresionante instrumental técnico, y de la fe en el mercado. Rige el principio de que el mercado es un ser vivo que evoluciona cíclicamente y que, en su comportamiento cíclico, pone a cada uno en su lugar. El consejero en inversiones es el que dice conocer esa evolución cíclica de los mercados. El que te dice cuál es tu lugar, tu sitio. Mejor dicho, tus sitios, en función del mantra de la diversificación. Se trata de un consejero más personalizado que el consejero psicológico. Da consejos privados y personalizados, bajo mediación tarifaria profesional. Ahora bien, en primer lugar, te intenta convencer de que necesitas, para ser un inversor inteligente, de un profesional inteligente. Que lo inteligente es que alguien verdaderamente inteligente haga el trabajo por ti.
Especialmente acuartelados en sus consultas privadas, estos consejeros aparecen en la esfera pública de una manera indirecta: entrevistas, voces con aspecto muy autorizado en profundos reportajes, en “según X, de la empresa asesora Y, experto en inversión cripto…”.
Los discursos de los consejeros de inversión cripto conjugan especialmente el invertir a corto plazo e invertir a largo plazo. Las referencias al largo plazo constituyen la apelación a la confianza en el sistema, en el mercado, incluso en la tecnología que subyace a las principales criptomonedas, pues, a largo plazo, todos seremos felices y se ganará. Claro está, nunca se sabe qué de largo es el largo plazo, ni dónde está el horizonte de ese final feliz.
El horizonte siempre está en el horizonte. Es allí donde el consejero se refugia, donde pone toda su prudencia en juego, pues apenas se juega nada. Cuando llegue ese inasequible largo plazo, el seguramente tampoco esté. Como el horizonte, se habrá movido de sitio. Lo que se busca del consejero de inversión cripto es que su discurso te convenza para tomar decisiones sobre el corto plazo. Sobre el presente.
Si en otro tipo de práctica es en las distancias cortas donde uno se la juega, en a inversión cripto es en el corto plazo donde uno se la juega. El peso del corto plazo es insoportable en situaciones de locura y caos. El corto plazo convoca más a la tragedia ática que al discurso racional moderno. Pero ya sabemos que las tragedias, como las clásicas griegas, están llenas de oráculos.

