En las entrañas del Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen, el silencio no existe. Lo sustituye un zumbido monótono, eléctrico y colosal: el sonido de 42,2 megavatios de energía fluyendo a través de miles de circuitos integrados.
Allí descansa LineShine, una supercomputadora que acaba de sacudir el tablero geopolítico y tecnológico global al consagrarse oficialmente como la máquina más rápida del planeta. Con una potencia descomunal de 2,19 ExaFlops, o lo que es lo mismo, la capacidad de ejecutar más de dos quintillones de cálculos por segundo. LineShine debutó en la prestigiosa lista internacional TOP500 destronando al titán estadounidense El Capitan, ubicado en California, y que está en Lawrence Livermore National Laboratory, el hogar del principal laboratorio de diseño de armas nucleares de Estados Unidos.
Pero, la máquina asiática no solo superó a su rival norteamericano; lo sobrepasó por más de un 20% de velocidad. Hacía casi una década, desde el hito de la Sunway TaihuLight en 2017, que Pekín no lograba exhibir la joya más brillante de la informática mundial, enviando un poderoso mensaje y al mismo tiempo, mostrando su mayor debilidad.
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La batalla invisible por los ExaFlops: ¿Por qué importa esta competencia?
Para el ciudadano común, la supercomputación puede parecer una abstracción matemática lejana, pero en las altas esferas del poder global es el equivalente moderno a la carrera espacial o al desarrollo de la energía atómica. Quien domina la supercomputación, domina las herramientas para moldear el futuro.
Y es que estas «catedrales de silicio» no se utilizan para tareas ordinarias, sino que su potencia es el motor invisible detrás de múltiples disciplinas estratégicas. ¿Quieres examinar y diseñar supermateriales? Necesitas un supercomputador. ¿Quieres mejorar tus cohetes? Necesitas un supercomputador. ¿Quieres actualizar y «probar» el diseño de tus bombas atómicas sin necesidad de pruebas reales? Necesitas un supercomputador, y mientras más potente, mejor.
Por otra parte, los supercomputadores se han vuelto indispensables en campos como la inteligencia artificial y la neurociencia. La misma LineShine es un ejemplo de esto, ya que una de las primeras tareas de este supercomputador es precisamente la simulación del cerebro humano.

Para China, ganar esta carrera no es solo una cuestión de orgullo nacional; es una necesidad de supervivencia estratégica. En un contexto marcado por severas restricciones comerciales impuestas por Washington, tanto en la administración de Joe Biden como bajo el mandato de Donald Trump, Pekín ha visto bloqueado su acceso a los chips occidentales de última generación, especialmente a las unidades de procesamiento gráfico (GPU) de Nvidia, esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial contemporánea.
Al coronar a LineShine, China envía un mensaje contundente: su industria tecnológica puede prosperar, innovar y liderar el mundo incluso bajo el más estricto régimen de sanciones. Pero, al mismo tiempo, muestra los pies de barro del gigante.
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Triunfar sin GPUs
Para examinar y entender esto último, examinemos LineShine y sus logros. Primero, LineShine logra una enorme cantidad de poder de cómputo, y todo gracias al uso de 45.000 procesadores ARM LingKun LX2, equipados con 304 núcleos cada uno y operando bajo el sistema operativo nativo Kylin OS (una distribución de Linux optimizada para el gobierno chino).
LineShine utiliza únicamente microprocesadores convencionales (CPUs). En palabras de Jack Dongarra, una de las máximas autoridades del TOP500, este diseño abre un camino revolucionario y mucho más eficiente para fusionar la IA con las tareas científicas tradicionales.
¿Es China realmente independiente de Occidente?
Pero aquí es donde China muestra sus pies de barro. En primer lugar, el uso de KylinOS y, por tanto, de Linux, deja en claro que China, pese a sus enormes avances aún requiere del software occidental para el diseño y funcionamiento de sus sistemas informáticos. China tiene una gran comunidad de desarrolladores, y es muy probable que esto cambie en los próximos años, pero de momento, es una debilidad que aún muestra al mundo.
La segundo debilidad es doble y quizás la más difícil de superar: el silicio y su tecnología. Los procesadores LingKun LX2 están construidos sobre la base de ARM, y ARM es una tecnología que tiene su origen en Reino Unido. Basta con que dicha tecnología le sea vetada a China, para que el sueño de sus supercomputadores se vea altamente comprometido, y tras la presentación de LineShine, es muy probable que esa prohibición este más cerca que nunca.
Si, China “diseño” el LX2, pero para ello uso los planos de ARM, su lenguaje, su software y todo un conjunto de herramientas que China no tiene, pero Reino Unido, sí, y si este país teme que China pueda “descabezar” a su principal empresa tecnológica (algo que China hace muy seguido al copiar tecnología), la prohibición de exportación y licencias, no tardará en llegar.
El horno de la tecnología
El siguiente punto débil es la manufactura de los chips. Sí, China ahora cuenta con máquinas de litografía capaces de llegar a los 14 nm con volumen de producción industrial (90% de las obleas totalmente funcionales bajo parámetros esperados). Pero la tecnología para 7 nm, 5 nm y ahora 3 nm, están todavía fuera de su alcance, y su proceso de 14 nm, es mucho peor que el proceso usado por Samsung (el menos avanzado en Occidente). Y esto tiene un impacto enorme en el desarrollo de supercomputadoras, lo que se puede ver claramente en LineShine.
Si miramos los ARM LingKun LX2, estos son construidos en 14 nm bajo el esquema de desarrollo chino, y la consecuencia de ello es que consumen mucha energía, se calientan bastante y no son tan potente como sus contrapartes occidentales. ¿Suena extraño, no? LineShine es la supercomputadora más potente del mundo, pero sus CPU son poco potentes y calentones, entonces ¿Cómo lograron esa hazaña? Agrandando los números y gastando energía como nunca. Puro músculo, para superar su debilidad.

LineShine tiene un total de 13.789.440 de núcleos LX2 (desarrollados en 2025, núcleos ARM) y consume más de 42,2 MW de energía. Su competencia, El Capitan, presentada en 2024, tiene 11.340.000 de núcleos AMD EPYC 24C de 4th Generación (presentados en 2022, núcleos x86) y consume 29,6 MW de energía. Estos son números que harían sonrojar a ARM y reír a AMD, porque ARM es un núcleo diseñado para consumir hasta 20 veces menor energía que su contraparte x86 de AMD, y en LineShine, eso no se cumple de ninguna manera.
Una batalla de egos
Y eso de cara a la competencia pone a China en riesgo: basta con que Estados Unidos cree otro supercomputador con su tecnología más nueva (ej: los AMD EPYC de 5ta Generación) y amase más núcleos, para que su próxima creación supere a China hasta en un 50% de potencia y consumiendo menos energía. El ego de China, se iría a la nada y superar eso, con su tecnología actual, sería extremadamente difícil.
Así el mensaje final es claro: China quiere decirle al mundo que puede luchar ella sola contra Occidente, pero examinando el portavoz, la LineShine, solo deja ver las costuras de ese poder y propuesta. Después de todo, LineShine es, en última instancia, el reflejo de la geopolítica del siglo XXI: un monumento a la resiliencia tecnológica china que, paradójicamente, todavía respira a través de los estándares globales dictados por Occidente, y que con todo eso, aún no les supera.
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