Flatpak gana a Snap la guerra del escritorio Linux

Flatpak gana a Snap la guerra del escritorio Linux

Durante más de una década, en las comunidades de Linux se discutió cómo instalar programas con pasión futbolera. Pero ahora en 2026, queda claro que la guerra del packaging ya tiene un claro ganador: Flatpak y su tienda Flathub son indetenibles, contando ya con más de 4000 millones de descargas.

Por eso, si ya usas Flathub como tienda de apps de tu Linux, aquí tienes la historia de cómo llegó a mandar, incluso por encima de la que se presentaba como favorita, Snap de Ubuntu.

El origen de cada formato

El formato Snap nació en 2014, dentro de Canonical como respuesta a un problema real de Ubuntu Touch, el sistema operativo para móvil con el que Canonical quería destronar a Android, y conquistar el Internet de las cosas (IoT). La propuesta era sencilla, un paquete snap empaqueta la app con sus dependencias en un sistema de archivos inmutable, con actualizaciones automáticas y confinamiento de seguridad por perfiles. Con esa propuesta, Snap parecía ser la salvación del packaging de aplicaciones en Linux.

Pero Snap nació con una gran debilidad: Canonical controla su desarrollo, la tienda y te hace firmar un CLA, en el que prácticamente le vendes tu alma a la empresa. No solo eso, Snap no es realmente un desarrollo software libre. Su cliente es software libre, pero el servidor, la parte esencial para desplegar tiendas y controlar el ecosistema, es totalmente privativo. Un lock-in sacado de los manuales más sucios y oscuros de Microsoft, y por el que Canonical quería hacer pasar a todos. La lógica es clara: controlar la tienda de aplicaciones Snap, en caso de que se extendiera la adopción del formato, significaba controlar el ecosistema.

La llegada de Flatpak

En respuesta a esto, nace Flatpak, partiendo de la comunidad freedesktop con una filosofía opuesta: total apertura. El formato es abierto, los repositorios son federables y cualquiera puede montar su tienda, aunque en la práctica casi todo el mundo usa Flathub. El sandboxing se apoya en Bubblewrap, la integración con SELinux para seguridad y confinamiento es transparente y los espacios de nombres de Linux, con permisos explícitos que el usuario puede revisar a punta de clic. Donde Snap dice confía en la tienda, Flatpak dice revisa los permisos de cada app.

La diferencia es importante porque explica todo lo demás. Snap optimiza el control del distribuidor y la previsibilidad del parque instalado, mientras Flatpak optimiza la confianza del usuario con neutralidad entre distribuciones, a la vez que garantiza la distribución homogénea del software. Con esa enorme diferencia, no importo cuanto Canonical empujase a Snap en Ubuntu, la comunidad se volcó de lleno hacia Flatpak, e incluso, distribuciones derivadas de Ubuntu, como Linux Mint, renegaron de Snap y lo sacaron de sus sistemas. Esa fue el último clavo sobre el ataúd de Snap, el rechazo de la comunidad, el resto simplemente sería una muerte lenta.

La verdad está en los números

Y eso es precisamente lo que nos cuentan los datos. Los números de Flathub, la tienda oficial de Flatpak, cuentan una curva que casi ningún proyecto de escritorio Linux había visto. Las descargas anuales pasaron de 27,3 millones en 2020 a 435 millones en 2025, un crecimiento de más de quince veces en cinco años, con un 21 por ciento solo en el último ejercicio. El catálogo supera las 3.500 aplicaciones y las 2.000 verificadas. Una reciente comparativa de Botmonster de mayo de 2026, cifra el escaparate de Flathub en 3.200 apps con 433 millones de descargas. La Steam Deck, que usa Flathub como fuente por defecto en su modo escritorio, puso millones de dispositivos en manos de gente que jamás oyó hablar de empaquetado y eso ha tenido un claro impacto: incrementar rápidamente el crecimiento.

Por su parte, Snap no publica un contador equivalente tan transparente, y esa opacidad ya dice algo. Su fortaleza está en Ubuntu, donde Firefox, Thunderbird y el Centro de Aplicaciones llegan en snap por defecto, según detalla Ubuntu Portal en marzo de 2026. Aunque la verdad sea dicha, con toda la molestia de sus usuarios, con graves problemas por corregir y lo peor, es que no se puede desinstalar fácilmente. Esto ha hecho que, con Ubuntu 26.04 LTS, estén conviviendo los tres formatos en cada escritorio (instaladores deb, snap y flatpak si lo instalas), pero el usuario medio instala snaps sin saberlo, debido a la falta de transparencia de Ubuntu. Dicho esto, fuera de Ubuntu, Snap apenas existe, mientras Flatpak corre igual en Arch, Fedora, Debian u openSUSE.

FormatoTienda principalApps aprox.Descargas 2025Preinstalado en
FlatpakFlathub (abierta)3.500435 millonesDebian, Fedora, Mint, Pop!_OS, Zorin
SnapSnap Store (privativa)MilesSin dato públicoUbuntu y derivados

¿Cuál arranca más rápido y consume menos?

Pero, si vamos a un tópico más generalista, el de rendimiento, las cosas se ponen aún más claras. Si has usado Ubuntu, lo sabrás, Snap es lento y con fallos raros. Por ejemplo, no es poco común que una instalación de un paquete Snap termine borrando la configuración de dicha app, haciéndote perder los datos que tengas dentro de la misma.

Frente a esto, Flatpak es otro mundo. No solo es rápido, sino que está mucho más pulido y su integración de seguridad es mucho más transparente. Ubuntu desde el nacimiento de Snap lleva prometiendo integración con AppArmor, para brindar seguridad avanzada al formato. Pero dicha integración no se ha dado del todo, y se ha llegado al punto, en que Flatpak, pensado primero para integrarse a SELinux (contraparte de AppArmor) ya tiene mejor integración con ambos sistemas, sobre todo gracias a trabajos como los de AppArmor.d de Alexandre Pujol.

Por otro lado, las pruebas independientes, como la de Rost Glukhov en mayo, cifran la ventaja de Flatpak entre un 20 y un 40 por ciento en tiempos de arranque, con runtimes compartidos que reducen la duplicación en disco y ocupando menos espacios. Mientras que Snap paga el montaje de cada sistema y su demonio siempre activo. En equipos modestos, de esos que resucitan con distros ultraligeras, la diferencia se nota en cada clic y en los tiempos de espera para poder usar la aplicación que necesitas.

El segundo impuesto de Snap es menos técnico y más molesto. Las actualizaciones automáticas llegan sin pedir permiso y a veces rompen flujos de trabajo en el peor momento. Flatpak actualiza cuando tú decides, desde la tienda de tu escritorio, y aunque parezca poca cosa, eso significa mucho para los usuarios que no quieren ver interrumpido su trabajo. ¿Te suena eso? Sí, es precisamente la misma queja que los usuarios de Windows le hacen a Microsoft con sus actualizaciones automáticas, solo que parece que Canonical no sabe escuchar.

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AppImage, el tercer contendiente de la competencia

Ahora bien, debemos recordar que toda guerra tiene un tercer bando que se declara neutral y sobrevive en los márgenes, y ese lugar lo tiene AppImage. Este formato propone lo más simple posible, un archivo por aplicación que descargas, marcas como ejecutable y corres, sin tiendas ni demonios. Para herramientas portátiles que llevas en el USB, como un editor concreto o una utilidad de rescate, el formato es imbatible en sencillez. Descargas, guardas, lo inicias y disfrutas del mismo.

Sin embargo, el precio de esa sencillez es no tener nada más que ofrecer y el hecho de que como solución, no está integrada en ninguna distro relevante. Además, el formato tiene fuertes debilidades como:

  • No contar con confinamiento por defecto ni permisos revisables por el usuario.
  • No cuenta con actualizaciones automáticas y mucho menos descargas por deltas, para que sean más fáciles de actualizar las aplicaciones.
  • Integración inexistente en el menú, a menos que uses herramientas de terceros como AppImageLauncher.

Básicamente, AppImage es perfecto para llevar e inadecuado como sistema general. Su nicho es estable y nadie se lo discute, pero un nicho no gana guerras de escritorio entre formatos universales que buscan ser el sistema general de Linux.

¿Está Snap muerto entonces?

En una sola frase: Snap ha perdido la guerra del escritorio. La realidad es que más allá del ecosistema de Canonical (Ubuntu Core para IoT y ciertos espacios para servidores), su presencia es ínfima y detestada. Incluso en Ubuntu existen tutoriales comunitarios para deshacerte de Snap, con el riesgo de romper Firefox y el Centro de Aplicaciones, pero si puedes vivir sin ellos, no hay problema, es posible.

Y esto deja una lección práctica que se puede resumir en tres decisiones que simplifican la vida de cualquier persona:

  • Quédate con Flatpak para las apps de escritorio, con Flathub como fuente y Flatseal para los permisos.
  • Si estás en Ubuntu, tolera los snaps que trae Ubuntu por defecto en lugar de purgarlos con rabia. Instala Flatapak y úsalos.
  • Revisa los permisos de cada app grande, venga en el formato que venga, porque ningún sandbox suple al sentido común.

Solo con eso ya podrás disfrutar de Flatpak incluso en el propio corazón del territorio de Canonical y Snap, y nadie te culpará por ello.

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