El tuit de Milei sobre la memecoin LIBRA erosiona la confianza sobre el presidente argentino. Una manifestación en la red social X, en la que saludó efusivamente la creación de LIBRA. Un mensaje que atrajo a inversores, llevando la cotización de la criptomoneda a altos precios. A las pocas horas, empezó la tromba de ventas y la caída en la cotización de LIBRA.
Ha perdido casi todo su valor, generando importantes pérdidas entre los inversores que reaccionaron tarde. Más allá de la evolución de la cotización del token de LIBRA, habrá que seguir la cotización de la confianza en Milei. De momento, el golpe en la misma ha sido de esos que dejan tambaleándose a quien lo recibe. De hecho, se asistió a un comportamiento que suena extraño en el político argentino: el de la rectificación. Por cierto, una rectificación a través de un tuit.
El tuit de Javier Milei
Como informaba ayer Observatorio Blockchain, el proyecto que se encuentra tras LIBRA es, como poco, dudoso. Hasta se la ha calificado como un instrumento para estafar a inversores, bajo un eslogan altisonante: impulsar la economía argentina financiando pequeños proyectos y empresas locales.
Los tuits los carga el diablo. Si, además, son sobre activos financieros, ese diablo se eleva sobre las tinieblas bíblicas. Los mensajes sobre activos financieros tienen una amplia y, sobre todo, intensa audiencia, sensible al más escueto significante. Sobre todo, en lo que es un medio de comunicación altamente personalizado e inmediato. En el campo de las cotizaciones de activos el tiempo es fundamental. Adelantarse a las decisiones de otros es vital. Es lo que hace la diferencia entre ganar y perder.
Es el campo en el que la frase recogida por Benjamin Franklin en su Advice to a Young Tradesman -el tiempo es dinero- adquiere plenos sentido. Si, además, el emisor cuenta con ese gran lubrificante social que es la confianza, es muy posible que se convierta él mismo en la personalización del propio diablo. Entonces, la cotización de la confianza en el emisor queda atada a la cotización del activo sobre el que se manifestó.
La confianza
El problema se agranda cuando tu principal capital es esa confianza. Es lo que les ocurre a los políticos. Su capital esencial es la confianza, no disponiendo de otro -más allá del capital social- en grandes sumas, como el capital económico, el capital cultural o el capital profesional.
Cuando a Elon Musk le ocurrió hace pocos años algo parecido -pronunciamiento sobre determinadas criptomonedas- tenía un importante capital de confianza. Ahora bien, era un capital basado y articulado en otros capitales, como el económico y el profesional. El problema de los políticos es que sus trayectorias anteriores apenas dejan ver un capital distinto al de confianza. Luego, como dicen las malas lenguas, una vez en el poder al que han accedido mediante ese capital de confianza, tienden a acumular su capital económico. Pero esto es otra cuestión, que nos aleja de la política de los tuits.
Los tuits ponen en juego la confianza en los emisores. De aquí que los políticos, que se aúpan sobre el capital confianza, han de tener especial cuidado en su uso. Sin embargo, como recientemente ha subrayado el analista británico Sam Freedman en Failed State, la política actual se ha convertido fundamentalmente en una política de anuncios en las redes sociales, especialmente la actual X. Los políticos se han convertido en adictos jugadores del juego más arriesgado para su carrera, el de los tuits. Tal vez porque racionalmente tienen que es el más eficiente. Sin embargo, los costes de un error pueden ser de enorme relevancia.
Uso intenso de X
Habrá que seguir atentamente a los costes que el tuit sobre la memecoin LIBRA tiene para Milei. Un político que, en buena parte, accedió a la presidencia argentina con su particular gestión de las redes sociales, articulada con su aparición en la televisión y, finalmente, con una campaña electoral que será estudiada en las facultades de ciencias políticas de todo el mundo. Pero no cabe duda de que las redes sociales tuvieron su importancia en tal acceso. Y, una vez en la Casa Rosada, ha seguido utilizando con intensidad las redes sociales. De hecho, en el tuit rectificativo del apoyo a la criptomoneda, subraya que el anterior -el de apoyo- era un tuit “como tantos otros”: “Hace unas horas publiqué un tuit, como tantas otras veces”.
Es cierto que Milei lleva hasta casi el paroxismo la política del tuit, expresando sus emociones y pasiones constantemente. Seguramente, sin la mínima prudencia exigible a quien ostenta tan altas responsabilidades y, sobre todo, quien posee tan alto volumen de capital de confianza. Bien es cierto que buena parte de la acumulación de ese capital de confianza deriva de esa imagen de espontaneidad y pasión que proyecta. Pero un mensaje de un presidente de un país ya no es el mensaje del economista y personaje Javier Milei, habiéndose abierto aquí un campo de reflexión que nos ocupará durante los próximos años, como es la intensa articulación entre carisma personal, responsabilidad política y redes sociales. Cada vez más, la política está vinculada a este medio de comunicación y la personalidad de los emisores que se proyecta desde el mismo.
Imprudencia política
A la imprudencia política, se une la especial sensibilidad del campo en el que se incrustaba el mensaje sobre LIBRA. Los mensajes sobre activos financieros pueden llevar a la acción inmediata de mucha gente. Muchos inversores a los que, tras sumergirse en pérdidas, de poco o nada valen los mensajes de rectificación. En los países económicamente desarrollados, al conjunto de los medios de comunicación se les impone estrictas reglas en sus comunicaciones sobre activos financieros. A veces, reglas discutibles; pero que obligan. Tal vez, proyectables a quienes ostentan cargos públicos relevantes, con importante responsabilidad sobre las finanzas de una comunidad, y quienes cuentan con extensas audiencias. Reglas que les ayuden a gestionar más prudentemente su capital de confianza.

