Según el Banco Central Europeo (BCE), los bancos europeos deberán invertir entre 4.000 y 5.800 millones de euros para adaptar sus infraestructuras tecnológicas y operativas a a la implantación del euro digital. Dicha inversión se repartiría a lo largo de cuatro años, con un coste anual estimado de entre 1.000 y 1.440 millones de euros. La entidad indica que en términos relativos, representa aproximadamente el 3,4 % del presupuesto anual de modernización tecnológica de los bancos significativos y cerca del 0,7 % de los ingresos netos del conjunto del sector bancario de la zona euro, que en 2023 ascendieron a unos 197.000 millones de euros.
Un coste comparable a grandes reformas previas
El BCE destaca que las cifras son coherentes con las estimaciones de la Comisión Europea de 2023 y sitúan el euro digital en un nivel de inversión similar al de otras reformas estructurales del sistema financiero europeo. Como la PSD2 (Segunda Directiva de Servicios de Pago), la normativa europea que entró en vigor en 2018 y que obligó a los bancos a abrir el acceso a las cuentas de sus clientes a terceros autorizados, lo que dio origen a la banca abierta (open banking). Según el BCE, el coste del euro digital es comparable al esfuerzo que supuso la PSD2.
Por debajo del coste de la armonización de la SEPA
El banco central subraya también que el desembolso previsto para el euro digital es inferior al que requirió la armonización de la SEPA (Zona Única de Pagos en Euros), uno de los procesos de integración de pagos más ambiciosos de la Unión Europea. La SEPA permite que transferencias, domiciliaciones y pagos con tarjeta funcionen de forma uniforme en toda la zona euro. Para los bancos, la SEPA supuso una profunda transformación en sus sistemas internos.
El euro digital costará 1.300 millones y prevé lanzarse en 2029, según el BCE
La evaluación del impacto de los costes se ha elaborado con el apoyo de en estudios del propio sector bancario, lo que, según el BCE, permite ofrecer una estimación más ajustada a la realidad operativa de las entidades. Más allá de los costes, el BCE sigue analizando aún los posibles efectos del euro digital sobre la estabilidad financiera, especialmente en relación con los límites de tenencia que podrían imponerse a los usuarios para evitar salidas masivas de depósitos de los bancos comerciales.
Una inversión estratégica
El BCE considera el euro digital como una inversión estratégica en la infraestructura de pagos y dinero público digital de la Unión Europea. Aunque el coste para la banca es importante, el BCE considera que se sitúa dentro de márgenes comparables a reformas previas del sector.

