Hay impulsos que cambian el debate de sitio y el que está dando la SEC con las acciones tokenizadas (RWA) es uno de ellos. Y es que esta semana, el supervisor estadounidense dio luz verde a la negociación de acciones tokenizadas con una exención por innovación de cinco años, un movimiento que puede acelerar de forma determinante un segmento donde solo los fondos monetarios tokenizados ya gestionan más de 15.000 millones de dólares, según Expansión a partir de analistas de S&P.
Si sigues la tokenización, piensa en esto como la entrada del mayor mercado del mundo en un partido que Europa empezó antes. Cuando Estados Unidos permite negociar acciones en blockchain, la pregunta deja de ser si la tokenización llegará y pasa a ser quién construye esa infraestructura. Y ahí España juega con ventaja inesperada: ya reconoce legalmente los valores en blockchain y tiene mercado piloto propio, aunque con límites que ahora toca revisar.
La clave está en la convergencia que todos los expertos consultados describen. Los grandes bancos de inversión estiman entre 3 y 9 billones de dólares en activos tokenizados para 2030, y la secuencia avanza por fases: primero el dinero y las stablecoins, después bonos y fondos, ahora las acciones. Entender qué permite Washington, qué permite ya Madrid y qué frena a Bruselas, es entender dónde se jugará la próxima década de los mercados.
Una puerta de entrada
La decisión de la SEC es quirúrgica y temporal. Una exención por innovación que durante cinco años habilita la negociación de acciones basadas en blockchain en Estados Unidos, con la cotizada Securitize disparada tras el anuncio como primera beneficiaria visible. No es una ley definitiva, sino una ventana para probar a escala real mientras se escribe la norma permanente. Cinco años dan para dos ciclos completos de producto, para amortizar integraciones y para que los abogados conviertan la exención en práctica estándar. Quien entre ahora operará con ventaja cuando llegue la ley de verdad; quien espere comprará la experiencia de otros a precio de cliente.
El efecto inmediato es psicológico y práctico a la vez. Psicológico, porque el mayor mercado del mundo valida la dirección y acelera la adopción institucional a ambos lados del Atlántico. Práctico, porque gestores, bancos y proveedores de infraestructura ya pueden operar sin pedir perdón, con un paraguas temporal que cubre la inversión. Securitize, cotizada en el Nasdaq y disparada tras el anuncio, encarna el puente transatlántico perfecto: opera el mercado americano que se abre y el europeo que ya existe. La tokenización deja de ser un piloto para convertirse en una línea de negocio.
Después de todo, el movimiento confirma la secuencia que los actores llevan años describiendo. Primero llegó el dinero programable con las stablecoins, después los bonos y los fondos tokenizados, y ahora las acciones: en unos años, emitir y cotizar en blockchain será simplemente la forma estándar de hacerlo, empezando por los mercados privados donde la fricción es menor y el apetito mayor.
España no parte de cero
Aquí llega la parte que pocos fuera del sector conocen. España ya dispone de un marco para valores tokenizados que funciona: la Ley 6/2023 permite tokenizar acciones, bonos y fondos bajo supervisión de la CNMV, con la figura de la ERIR como notario digital del registro y el primer sistema de negociación y liquidación DLT autorizado en noviembre de 2025, operado por Securitize. Lo que en Estados Unidos es una exención de cinco años, aquí es ley desde hace tres.
Los precedentes se acumulan a buen ritmo. Azvalor lanzó en octubre de 2025 el primer fondo tokenizado español, Abanca, Cecabank, Ibercaja, Kutxabank y Unicaja completaron en julio de 2026 la primera prueba multibanco de depósitos tokenizados, y la Bolsa de Valores en blockchain, STX de Bit2Me, apunta a cotizar con nuevos listados. No son anuncios: son infraestructuras autorizadas y operativas. Y noviembre trae la siguiente campanada, con una startup que prevé estrenar cotización en un mercado DLT español, la prueba de que el circuito primario empieza a moverse.
Conviene matizar que tokenizar no exime de cumplir la normativa. Siguen siendo necesarias la gestora, el depositario y las garantías de información y protección al inversor, y una acción en blockchain tiene el mismo valor jurídico que la anotación tradicional, con MiFID II y el reglamento de folletos aplicables y MiCA fuera de este ámbito. La tecnología cambia el soporte, no las obligaciones. Como recuerdan los expertos, la Ley 6/2023 ya reconoce a las acciones registradas en blockchain y el inversor minorista europeo debe comprobar además que el token concreto está autorizado para su comercialización aquí, porque muchos productos americanos no lo están.
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El dinero ya se mueve
Mientras Bruselas debate topes, el dinero ya circula por los raíles nuevos. Los activos del mundo real tokenizados rondan entre 26.000 y 32.000 millones de dólares en 2026, frente a unos 6.600 millones un año antes, con el crédito privado, la deuda del Tesoro americano y las materias primas a la cabeza. Solo los fondos monetarios tokenizados en Estados Unidos superan ya los 15.000 millones bajo gestión. No es una promesa: es un mercado que se multiplica por cinco en doce meses.
España aporta sus propios vagones a ese tren. Azvalor lanzó en octubre de 2025, el primer fondo tokenizado nacional, cinco bancos completaron en julio de 2026 la primera prueba multibanco de depósitos tokenizados y la Bolsa blockchain STX apunta a nuevos listados para noviembre. Cada caso usa raíles distintos, pero todos circulan ya con autorización del supervisor. La pregunta no es si hay demanda, sino si la infraestructura aguantará su propio éxito.
Los límites que toca revisar
El adelanto europeo tiene sus propios grilletes y el impulso americano los deja en evidencia. El régimen piloto europeo deja fuera a emisores de más de 500 millones de capitalización, es decir, a todas las grandes cotizadas; el ecosistema tiene apenas dos años de rodaje; y tokenizar el activo sin tokenizar el efectivo es transformar solo la mitad del proceso, aunque iniciativas como Pontes empiezan a cerrar ese hueco.
| Límite | Situación | Qué se pide |
|---|---|---|
| Tamaño | Piloto excluye +500M capitalización | Ampliar el régimen piloto europeo |
| Infraestructura | Ecosistema de dos años | Escalar entidades autorizadas CNMV |
| Dinero | Activo sin efectivo tokenizado | Pontes y dinero de banco central en DLT |
| Folleto | Umbral en 12M desde junio 2026 | Aprovechar la Listing Act |
La actualización que Bruselas propone para ampliar el piloto no se espera a corto plazo, y esa lentitud es ahora el principal riesgo europeo. A ello se suma la escasez de entidades autorizadas por la CNMV preparadas para distribuir y negociar estos activos a escala, el cuello de botella menos visible pero más determinante. Mientras la SEC abre cinco años de pista libre, Europa debate una reforma sin fecha que mantiene fuera a sus propias blue chips. La ventaja de salir antes se evapora si el segundo no llega nunca.
De esta manera, la presión ya no es tecnológica sino legislativa. Las piezas españolas existen y funcionan; lo que falta es escala, y la escala la decide Bruselas con el tamaño del piloto. Cada mes de retraso es un mes donde un emisor europeo mira a Nueva York y hace números.
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La convergencia ya empezó
Los bancos, las gestoras y los proveedores españoles no serán una excepción a la ola. Con marco propio, mercado piloto y depósitos en pruebas, España dispone de la pista; con el impulso estadounidense, llega el viento de cola para usarla. El avance institucional ya se produjo aquí antes que allí, y el movimiento de la SEC, valida esa dirección en lugar de corregirla.
Aun así, conviene no confundir velocidad con llegada. Tokenizar acciones es la parte visible; liquidarlas contra dinero tokenizado, custodiarlas a escala y distribuirlas con entidades autorizadas suficientes es la obra completa. España tiene el proyecto aprobado y los cimientos puestos; falta por construir varias plantas, y la principal, el efectivo, depende de que el dinero de banco central entre en los sistemas DLT. Quien asegure hoy posiciones en esa cadena, del registro a la liquidación, cobrará mañana el peaje.
Habrá que esperar a la reforma del piloto europeo para saber si el continente compite o contempla. Lo que ya nadie discute es que no habrá dos mercados para siempre, sino una convergencia donde buena parte de la negociación se liquidará sobre infraestructura tokenizada sin que el inversor lo note. Y el reloj corre a favor de quien ya opera con autorización: cada mes de ventaja regulatoria es un mes de clientes que no vuelven. La entrada del dinero de banco central en los sistemas de liquidación puede ser el elemento decisivo que falta, y varios bancos centrales ya experimentan en esa dirección. La pregunta ya no es si llegará, sino quién cobrará el peaje.
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