Invertir nunca ha sido tarea fácil para el pequeño ahorrador, que cuenta con una relativamente pequeña cantidad de dinero disponible. Porque nada es fácil cuando está atravesado por cierto riesgo, donde se puede ganar algo, asegurar los ahorros de cara al futuro o directamente perder patrimonio. Suponemos que a nadie le gusta perder dinero, más cuando éste es fruto del trabajo o de las renuncias al consumo.
Podría pensarse que la inmensa información de que se dispone para la toma de decisiones, el infinito catálogo de profesiones destinadas a ofrecer su consejo profesional o cuasiprofesional o la existencia al alcance de la mano de tecnologías denominadas inteligentes, hacen más fácil la elección de dónde meter ese dinero de una manera rentable y segura. Pues no.
Tampoco vamos a decir que la hacen más compleja, que ya lo era bastante. Pero esa sensación agónica no parece quitarla nada. Algo tan emocionalmente profundo que los analistas de esas tomas de decisiones por parte de la población la vinculan con estilos de vida o estilos de estar en la vida. El estilo de inversión en general depende de cómo se vive y cómo se entiende la vida. También el estilo de inversor cripto.
Teniendo en cuenta datos del Banco de España, no puede hablarse de un único perfil o estilo de vida de quienes tienen una parte de su dinero en criptomonedas. Para empezar, apuntar tres aspectos. En primer lugar, que la mayoría mantiene menos del 10% de su cartera financiera en activos cripto.
En segundo lugar, que sociodemográficamente son más frecuentes los hombres jóvenes, con estudios universitarios y conocimientos financieros. Y en tercer lugar, no aparecen rastros de ese estilo “cripto-nómada”, de quien vive desconectado del sistema financiero, como parece que se da en otros países. No obstante, habría que aclarar que las encuestas con cuestionario, que es la principal fuente de los datos del Banco de España, llegan a quienes llegan.
Si se trata de sujetos cuyo estilo de vida y estilo inversor lleva a esa desconexión del sistema financiero, cabe pensar que también les lleva a estar desconectado de los principales canales de donde se produce la opinión pública, estando fuera de los horizontes a los que acceden las encuestas demoscópicas. En todo caso, aquí parece primar más la figura del inversor convencional con una exposición relativamente poco significativa a un activo bastante volátil.
Pero vayamos con esos estilos de inversor cripto. Distinguiremos básicamente tres. Tres tipos ideales, que, después, cada uno puede mezclar o encontrar posiciones intermedias.
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El primero y en la lógica ya expuesta del dominio de la figura del inversor convencional, pero con una pequeña inversión cripto. Tiene un trabajo o negocio asimismo convencionales, con una cuenta bancaria normal. Sus gastos fundamentales, como los relacionados con la vivienda, son pagados en euros. Tiene la mayor parte de su inversión financiera en depósitos, acciones o fondos indexados.
Tal vez un máximo del 15% de su patrimonio financiero en Bitcoin o Ethereum, con poca intención de utilizar criptomonedas para pagar el día a día. Las tiene con un horizonte a varios años. Se trata de un estilo de inversor cripto con un estilo de vida poco cripto, si es que existe el estilo de vida cripto. No vive de las criptomonedas.
El activo cripto supone un añadido más dentro de su cartera. Una pequeña pimienta en su salsa, bajo seguramente la opinión de no querer quedarse fuera de nada, ni siquiera de la innovación cripto. Cripto sí; pero sin jugarse lo importante. Lo cripto como un rasgo diferencial, pues al fin y al cabo el estilo de vida es lo que nos distingue, sin que la decisión agobie.
Este estilo de inversor cripto convencional se ha visto especialmente impulsado por el proceso de institucionalización del ecosistema cripto de los últimos años. Hay que tener en cuenta que desde el pasado 1 de julio de este año solo pueden prestar servicios de criptoactivos en España los proveedores que hayan obtenido la correspondiente autorización bajo MiCA o puedan operar mediante el régimen europeo aplicable. Por otro lado, ya son varios bancos «de toda la vida» los que ofrecen a sus clientes la posibilidad de la inversión cripto.
El segundo es el que podría denominarse inversor cripto intensivo, pues puede tener una parte importante de su patrimonio financiero en criptomonedas. Ahora bien, en función de esto, dedica mucho tiempo diario a seguir la marcha de los mercados, estudiando proyectos y protocolos o siguiendo muy de cerca las noticias regulatorias.
Es alguien que custodia personalmente sus activos y que utiliza exchanges y wallets. Gestiona sus operaciones y también la fiscalidad de las mismas. Es decir, no los cede a una entidad financiera tradicional -un banco- para que se los gestione. Es más, de esta forma mantiene parte importante de su patrimonio fuera del sistema bancario tradicional.
En la concreción más intensiva de este estilo de inversión cripto intensivo, hace staking o determinadas estrategias DeFi. Aun cuando su estilo de vida puede seguir siendo considerado convencional -un trabajo asalariado normal o un negocio en campos no financieros- la gestión financiera, con una parte importante en cripto, ocupa bastante de su tiempo diario y, sobre todo, de sus preocupaciones y actividades. Para entendernos, vive muy pendiente de Telegram.
Por último, tenemos al estilo ideal dentro de la idealización cripto. Se trata del estilo de vida e inversor de los criptonativos. La inversión en cripto es algo más que una inversión. La persona no solamente invierte en criptomonedas, sino que las cripto forman parte de su vida profesional y financiera, utilizando infraestructuras basadas en blockchain.
Por ejemplo: recibe ingresos en cripto, utiliza stablecoins para transferencias internacionales, participa en protocolos DeFi y seguramente trabaja para empresas del ecosistema cripto. Es ideal en la medida que son muy pocos los que encajan en este estilo de vida en este país, si tenemos en cuenta al conjunto de la población adulta española. Según el propio Banco de España, sólo el 0,6% de los hogares concentra una parte sustancial de su patrimonio financiero en criptoactivos.
A pesar de su relativo poco peso en el conjunto de la población, los nativos cripto son una referencia. Es más, quienes concretan personalmente este estilo de vida seguramente creen que son muchos, porque es el entorno en el que están inmersos. Respiran cripto y casi solo ven cripto. También porque sus horizontes de representación apenas están marcados por las fronteras nacionales.
El contexto económico y político tampoco ayuda a las decisiones sobre inversión. Conflictos bélicos importantes en marcha o con amenaza de explotar en cualquier momento, las infraestructuras logísticas para el transporte de materias primas y productos en una difícil situación, la deuda de algunos países importante y con alto PIB más cerca de rebosarse que un cazo de leche a 200 grados, la inflación sin controlar y un largo etcétera de agujeros negros.
Pero hay estilos de vida y estilos de inversión que ven en todo esto una oportunidad. Pues bien, de ellos es el mundo. Atenderán los consejos, vengan del amigo, del profesional, de internet o de la IA. Pero es su forma de entender la vida lo que les impulsa. Formas de entender la vida en las que lo cripto puede ocupar un lugar marginal o central.
Lo cripto marca estilos de vida. Y hay vidas poco cripto, bastante cripto y muy cripto. Es el turno para que el lector o lectora fabrique, para cada uno de estos tipos, su imagen: cómo es su vivienda, cómo su día a día, cómo sus viajes, cómo sus gastos, cómo su ocio. ¿Cómo es la vida de cada uno de estos estilos de inversión cripto?

