Coincidiendo con el 77 cumpleaños del autor, la editorial Paidós ha publicado en España el último libro del filósofo esloveno Slavoj Zizek. Su título es Punto cero y, aunque menos repleto de los guiños e ironías que atraviesan la obra anterior del autor, sigue ofreciendo textos atractivos y, sobre todo, provocativos. Textos capaces de polarizar a la sociedad radicalmente. Pues bien, en este último libro dedica uno de sus capítulos al metaverso.
Feudalismo tecnológico
Eso sí, es el metaverso según lo atribuye a las estrategias de Zuckerberg y su empresa Meta. Es decir, según lo atribuye a uno de los que considera principales señores del denominado feudalismo high-tech. Para Zizek, los héroes del metaverso no son los avatares que ganan batalla tras batalla, que consiguen superar prueba tras prueba. No, los héroes del metaverso son los de siempre: Zuckerberg, Musk, Bezos, Gates, etc. Los avatares, los nuevos siervos del feudalismo high-tech.
Zizek define por metaverso un espacio virtual más allá -meta- de nuestra fracturada y dolorosa realidad, en el que podremos interactuar suavemente a través de nuestros avatares, con elementos de realidad aumentada, definida a su vez como realidad superpuesta a partir de significantes digitales. Es decir, no una realidad distinta, sino una realidad superpuesta. Una realidad que oculta otra realidad. Por supuesto, esta segunda siempre dolorosa y sufriente. Para ello están estos intelectuales, que nos descubren cómo sufre el mundo, aunque el mundo no se dé cuenta de que esté sufriendo.
El argumento recuerda mucho al de, por ejemplo, los años sesenta-setenta del siglo pasado y lo superficial de la felicidad de la sociedad de consumo, que ocultaba la explotación de las masas trabajadoras, ahora consumistas, con su coche, su vivienda y su jubilación. Su felicidad, por tal salto cualitativo de vida, era un espejismo fruto de la alienación más absoluta. La abundancia de la sociedad de consumo se denunciaba como un engaño. Pues bien, ahora le toca al metaverso. Según Zizek, el metaverso es -utilizando esa vieja coletilla del lenguaje crítico de esos años sesenta-setenta: en última instancia- un engaño. Un engaño para alienarnos mejor, para manipularnos mejor, para explotarnos mejor.
Condena a la servidumbre
El metaverso como un gran engaño, donde esa libertad de movimientos e imaginación que ofrece la inmersión virtual, se convierte en una condena. Condena a la servidumbre de los intereses de un puñado de grandes señores del feudalismo high-tech.
Una de las principales razones que fundamentan este feudalismo high-tech, término acuñado por el griego Varoufakis, es que a través de estos espacios digitales, que son espacios de propiedad privada, se regula y supervisa nuestras interacciones. El espacio público se transforma en espacio privado. Aun cuando, que se sepa, ninguno de los metaversos en funcionamiento ha tenido antes carácter público.
Si el espacio público, con sus densas y fundamentales interacciones entre ciudadanos, se trasladase al espacio virtual del metaverso es porque este habría adquirido tal relevancia e importancia que ciertamente nos hubiera subsumido. Hay que dar las gracias por el aviso; pero la cosa parece bastante lejana y los escasos espacios públicos, de gobernanza, que se están creando a partir de la tecnología blockchain parecen lejos de este modelo de propiedad privada concentrada en unas pocas manos.
El resto de nuestra realidad
En todo caso, no hay que perder de vista las perversas intenciones de quienes, como Zuckerberg, se lanzan a plantear SU metaverso. Según Zizek, el deseo de Zuckeberg es que su metaverso abarque el resto de nuestra realidad, conectando fragmentos de espacio real aquí con el espacio real allá (virtual y suyo), y subsumiendo por completo lo que consideramos el mundo real. Es decir, nos alertan de que corremos el peligro de que el mundo real sea el mundo virtual y aumento que Zuckerberg ha planeado para nosotros.
Zuckerberg quiere que el metaverso abarque, en última instancia, el resto de nuestra realidad, conectando fragmentos del espacio real aquí con el espacio real allá, y subsumiendo por completo lo que consideramos el mundo real. Manteniéndonos fieles a sus palabras: “no es que las simulaciones de Zuckerberg alcancen el nivel de la realidad, sino que nuestros comportamientos e interacciones se volverán tan estandarizados y mecánicos que dejarán de importar. En lugar de hacer expresiones faciales humanas, nuestros avatares podrán hacer gestos icónicos de pulgar hacia arriba”. Vamos ¡un horror!
El capitalismo se transforma en su antecesor
Lo paradójico es que este feudalismo high-tech es la estrategia del capitalismo actual. Es decir, es como si la fase histórica subsecuente metabolizase en la fase antecedente. El capitalismo se transforma en su antecesor. El capitalismo, que es el sistema socioeconómico que consiguió enterrar el feudalismo liberando a seres humanos y bienes, se negaría a sí mismo para transformarse en lo superado. Un engendro un tanto extraño. Como si nunca hubiéramos dejado de estar en sistemas feudales o se hubiera guardado durante casi cuatro siglos la semilla de los mismos, que vuelven en cuanto nos descuidemos. A veces, tras la provocación y conceptos estrellas, con gran potencial para vender libros y dar conferencias, se esconden opacidades como ruedas de molinos.
Las grandes empresas tecnológicas concentran mucho poder económico y social. Buena parte de su negocio se basa en imponer estándares tecnológicos, que se convierten en estándares de comportamiento para millones de usuarios. Su lógica es la de la centralización, muy pocas decisiones en la cúspide, y expulsión del mercado de la competencia a partir de tal imposición de estándares. Ello abre la puerta a hablar de que estamos tan atados a ellos, como lo estaban a la tierra del señor feudal los siervos de la gleba. Algo de exageración hay, como hay algo de cierto. Pero el margen de actuación de los ciudadanos todavía existe. La resistencia está presente. De hecho, una de las prácticas actuales de distinción entre los jóvenes, es dejar de usar las redes sociales.
Debilidades financieras
Hay margen de actuación. Hay alternativas tecnológicas. Y si el propósito de estas empresas corporaciones feudales high-tech es arruinarnos la vida, puede llevarlas a la ruina. De hecho, durante el primer trimestre de este año, varias han mostrado debilidades financieras, teniendo que reducir sus plantillas. Por supuesto, no se cuenta la competencia entre ellas, especialmente a partir de la IA, y sus alternativas.
Está bien estas reflexiones, capaces de llamarnos la atención. Pero, como tiende a ocurrir con todo grito populista, tienden a la excesiva simplificación y la caricatura. Una buena estrategia para vender libros.
En principio, el metaverso es un sistema digital inmersivo que permite a los usuarios interactuar, trabajar, jugar y realizar transacciones en tiempo real a través de avatares en un espacio 3D. Por supuesto que Meta y otras empresas tienen un especial interés en que su modelo de metaverso sea EL MODELO DE METAVERSO.
El negocio
El horizonte de negocio es enorme. Sería el negocio que controlase donde se hacen los negocios. Tal vez, como acusan los Varoufakis y Zizek, donde también se controlasen la política y la sociedad, pues quien controla los negocios tiene grandes posibilidades de controlar la sociedad y su política. Pero, hasta ahora, los indicios de éxito de este modelo absolutista de metaverso son escasos. En todo caso, habrá que estar atento y se agradece el aviso. De momento, los héroes del metaverso están en otro lugar. Distinto al Meta de Zuckerberg.

