Meta publicó anuncios con IA de abuso sexual infantil

Meta publicó y ganó dinero por anuncios de abuso infantil generados por IA

El pasado 5 de agosto de 2026, Meta declaró que la explotación sexual es “horrible” y que trabaja “con agresividad” para mantenerla fuera de sus plataformas. Pero esa misma semana, su biblioteca pública de anuncios seguía mostrando piezas publicitarias de pago con imágenes de abuso sexual infantil (CSAM, por sus siglas en inglés) generadas por inteligencia artificial, en algunos casos todavía en emisión. Entre esas dos afirmaciones, la declaración de principios y la evidencia en su propio catálogo, se extienden nueve meses en los que la maquinaria publicitaria que genera el 98 % de los ingresos de Meta, cobró dinero por contenido que la propia empresa define como intolerable.

Lo revelado por la investigación de WIRED, basada en los datos recopilados por el Tech Transparency Project (TTP), no es un incidente aislado, sino el tercer aviso en seis semanas de un mismo fallo estructural. Y es que, el pasado 3 de julio, una investigación de BBC Eye, documentó que Instagram mostraba en India anuncios que promocionaban la venta de material de abuso, con enlaces a canales de Telegram donde se vendía por poco más de un dólar.

Más tarde, el 27 de julio, el TTP vinculó a GatherOne, uno de los principales socios publicitarios chinos de Meta, con miles de anuncios de apps de “nudify”. Y el 5 de agosto, la misma organización reveló el hallazgo más grave: más de 50 anuncios que contenían directamente imágenes y vídeos sintéticos de menores en situaciones sexuales, publicados entre noviembre de 2025 y los primeros días de agosto.

Una puerta que se abre sola

Según la documentación del propio Meta, todo anuncio en las plataformas de Meta pasa por un proceso de revisión que, según las políticas de la compañía, se apoya “principalmente” en herramientas automáticas. Ese es el único filtro real. Cuando el contenido pasa la revisión, entra en un sistema pensado para maximizar la velocidad de entrega: se dirige a audiencias, se optimiza en función del rendimiento y se cobra por resultados. Y aquí viene la primera cruda realidad: la seguridad es una verificación previa; el dinero, una función continua.

No debe sorprendernos, eso pasa en Meta, pasa en Google (y sus ya bien conocidos enlaces spam que generalmente te llevan a estafas), y pasa en X. Prácticamente, allí donde hay publicidad, este tipo de cosas se pueden ver en mayor o menor medida, dependiendo del alcance de la plataforma. Pero la responsabilidad en plataforma tan grandes, es enorme, y confiar ese «filtro» a una acción específica en el tiempo, sin revisiones posteriores, es lo que lleva a que cosas como estas pasen.

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Sin disimulo alguno

Después de todo, los investigadores del TTP describen los anuncios descubiertos en Meta como algo que «no intentaba en lo absoluto disimular su propósito». Por ejemplo, uno de los vídeos descubiertos, usaba como miniatura la imagen de un niño sentado en el suelo con un texto que invitaba a “realizar fantasías profundas” y, al reproducirse, superponía el rostro del menor a actos sexuales entre adultos.

Otro anuncio mostraba a una niña pequeña recostada con las piernas abiertas y el mensaje “Puedo enseñarte más”. Un tercero empezaba con la imagen de una niña aplicándose brillo de labios y se transformaba al reproducirse en un acto sexual. Los tres pasaron la «revisión» y una vez que pasaron, se olvidaron de ello y se sirvieron al público.

El alcance refuerza la gravedad. Aunque la mayoría de las piezas llegaron a un puñado de cuentas, al menos una alcanzó a 2.563 cuentas en varios países europeos, y la biblioteca de anuncios no ofrece datos para Estados Unidos, por lo que el impacto real es probablemente mayor.

El dato más inquietante es el ritmo del fallo: los investigadores localizaron primero unas dos docenas de anuncios y, horas antes de que la investigación se hiciera pública, encontraron unas 30 más, varias publicadas después de que WIRED contactara con Meta. El filtro no solo se abría; se abría mientras la empresa estaba siendo informada de que se abría.

Una cadena de suministro diseñada para no ver

Pero además, el caso tiene una geografía concreta. Meta está bloqueado en China, pero los anunciantes chinos necesitan de Meta para captar audiencias globales, ironías de la vida, y de la censura en redes. La solución fue crear una red de intermediarios autorizados que gestionan la publicidad de las empresas chinas en la plataforma.

Esa es la vía por la que entra una parte del contenido problemático. En uno de los anuncios documentados, Meta identificó como anunciante a Meet Social, una firma china que llegó a ser uno de esos revendedores autorizados y que superaba los 1.000 millones de dólares en ventas. La conexión con las apps de “nudify” (apps que usan IA para desnudar fotografías o intercambiar rostros en vídeos sexuales) no es casual: varios anuncios enlazaban a MaskAI, una app de la App Store de Apple, retirada después de que WIRED contactara con la empresa, que ocultaba su contenido real hasta después de la descarga.

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Movilizando más de 1000 millones de dólares

El informe del TTP del 27 de julio añadió un nombre más: GatherOne. La organización contabilizó unas 7.600 piezas publicitarias de apps de “nudify” vinculadas a esta agencia solo en los últimos meses, con un gasto estimado en más de 70 millones de dólares anuales.

Un informe de Reuters de diciembre de 2025, basado en documentos internos de Meta, estimó que cerca del 19 % de los ingresos de la compañía en China en 2024, más de 3.000 millones de dólares, procedían de anuncios de contenidos prohibidos. GatherOne anunció que suspendía la creación de nuevas cuentas para este tipo de servicios, pero no se comprometió a detener las campañas ya en curso. No sorprende, sabiendo que es una parte millonaria de su negocio.

La pieza que conecta todo el engranaje es la que el propio TTP encontró por casualidad: entre los anuncios de agosto había piezas idénticas a otras que Meta ya había retirado meses antes por violar sus políticas. Sus propios sistemas habían clasificado ese contenido como infractor, y aun así las copias volvieron a circular. No es un fallo de detección; es una inconsistencia en la aplicación de las normas que conviene interpretar con contexto: la moderación automatizada de Meta, tiene un comportamiento con las publicaciones orgánicas e individuales, y otro muy distinto, cuando es un anuncio de pago y más si ese pago viene de un socio estratégico. 

La carrera entre el generador y el detector

Pero además, detrás de estos anuncios hay una tecnología que se ha abaratado y acelerado más rápido que cualquier sistema de moderación. La Internet Watch Foundation (IWF), la organización británica que rastrea y retira material de abuso infantil de internet, documentó en 2025 un incremento de más de 26.000 % en los vídeos de abuso infantil generados por IA: 3.443 vídeos sintéticos frente a los 13 del año anterior.

El 65 % de esos vídeos se clasificaron en la categoría de máxima severidad, frente al 43 % de los vídeos que retratan abuso real, lo que indica que las herramientas generativas no solo producen más contenido, sino contenido más extremo. El 97 % de las imágenes generadas por IA retratan a niñas, y muchas se construyen a partir de fotografías reales de víctimas, con modelos entrenados sobre material de abuso ya existente.

Meta ha apostado precisamente por la carrera de fondo que está perdiendo. En marzo de 2026 anunció que reduciría su dependencia de moderadores humanos externos y que dejaría a la IA casi toda la moderación de contenido y la revisión de anuncios a partir de 2027; la compañía sostiene que sus modelos cometen un 13 % menos de errores que los humanos. Pero el generador avanza en paralelo al detector, y el primer movimiento siempre es del generador: lleva semanas o meses detectar un patrón nuevo de abuso generado por IA, mientras que producirlo y publicarlo, se tarda unos minutos.

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Excusas sin sentido

La respuesta de Meta, de que la mayoría de estos anuncios “son anteriores a la nueva tecnología de IA” lanzada para bloquearlos, solo sirve para admitir el problema: hay una ventana en la que el contenido infractor circula, se cobra y se optimiza antes de que el filtro se actualice, y es precisamente eso lo que los abusadores explotan. 

Alexios Mantzarlis, antiguo responsable de Trust and Safety en Google y ahora cofundador de la publicación Indicator, lo resume con claridad:

El ecosistema de las apps de “nudify” ha pasado de ser una novedad a un elemento permanente del ecosistema online, porque las plataformas aplican las normas con timidez y los malos actores regeneran cuentas y dominios con las mismas técnicas que las redes de estafas. La única barrera entre ese anunciante y el usuario es un clasificador automático que se entrena sobre lo que ya ha visto.

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La gravedad del caso no se mide solo en cuentas alcanzadas. El material de abuso generado por IA re-victimiza a menores reales cuyas imágenes se reutilizan para entrenar modelos y crear nuevas violaciones; aumenta el riesgo de que quienes lo consumen progresen hacia el abuso de contacto; y alimenta el chantaje. Y los números lo dejan claro: la IWF documentó en 2025 un 127 % más de casos de sextorsión que el año anterior.

La generalización del contenido sintético además abre la puerta a la llamada “defensa del deepfake”, una estrategia legal por la que los delincuentes alegan que el material real de abuso fue generado por IA, sembrando dudas sobre la autenticidad de las pruebas. Que una plataforma con más de 3.500 millones de usuarios cobre dinero por este tipo de anuncios durante nueve meses no es un fallo operativo menor, es simplemente una redistribución de riesgos hacia las víctimas, con un coste legal y reputacional que sigue creciendo.

Y el contexto regulatorio ya refleja ese coste. Un jurado de Nuevo México declaró a Meta culpable, en marzo de 2026, por engañar a los usuarios sobre la seguridad de sus plataformas y de permitir la explotación sexual infantil, con 375 millones de dólares en sanciones.

En abril, la Comisión Europea concluyó de forma preliminar que Instagram y Facebook incumplen la Ley de Servicios Digitales, al no impedir que menores de 13 años accedan a las plataformas.

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Lo que hay que cambiar

Las soluciones que están sobre la mesa no requieren tecnología nueva, sino decisiones sobre dónde se pone el límite. Endurecer la verificación de los anunciantes, especialmente los que entran a través de intermediarios autorizados, exigir responsabilidad real a los revendedores chinos en lugar de tolerar que regeneren cuentas.

Eso además de permitir que los usuarios denuncien anuncios desde la propia biblioteca pública (hoy no existe ese mecanismo una vez que una pieza deja de emitirse) y compartir de forma sistemática los hashes de contenido infractor con el resto de la industria son medidas concretas y aplicables. El propio Meta ya comparte miles de URLs con el servicio Lantern de la Tech Coalition; el problema no es la capacidad técnica, sino la voluntad de aplicarla de forma consistente cuando el anunciante genera ingresos.

Mientras eso no ocurra, la historia de estos nueve meses funcionará como un experimento natural: cuánto tiempo puede un sistema de moderación automatizada mantener la ficción de la “tolerancia cero” mientras su negocio depende de no preguntar demasiado por el contenido de quien paga.

Nota de la redacción: este artículo menciona material de abuso sexual infantil y puede resultar perturbador para algunas personas, se recomienda discreción. 

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