Ha pasado una semana desde la celebración de la primera edición de NOW Rural, el foro de tecnología y emprendimiento para una nueva ruralidad que celebramos el pasado 25 de junio en la Casona Azul de Corvera de Toranzo, y todavía sigo repasando muchas de las conversaciones que tuvieron lugar aquella tarde.
Conclusiones de Now Rural 2026

Cuando comenzamos a imaginar NOW Rural, partíamos de la convicción de que el futuro ya se está construyendo desde los territorios. No queríamos organizar un evento para hablar de tecnología en abstracto. Buscábamos algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más ambicioso. Queríamos reunir a personas que ya están construyendo nuevas formas de vivir, crear, emprender y trabajar desde los territorios; con otras que quieren empezar a hacerlo; y con otras que, simplemente, sienten curiosidad por comprender lo que está ocurriendo.
Una semana después, creo que la convicción con la que nació NOW Rural no solo se confirmó, sino que, en cierto modo, se quedó corta. Porque durante unas horas, en una antigua cuadra rehabilitada, bajo un entramado de viejas vigas de madera, más de setenta personas se reunieron para hablar de blockchain, inteligencia artificial, tokenización, arte digital, trazabilidad, administración pública y futuro. Pero, sobre todo, se reunieron para reflexionar sobre cómo queremos vivir, trabajar, crear y construir comunidad en nuestros territorios durante las próximas décadas.
Y todo ello ocurrió en un entorno que probablemente muchos de los asistentes no olvidarán fácilmente. La celebración de NOW Rural coincidió con una de las olas de calor más intensas que ha vivido Europa en los últimos años. Mientras buena parte del continente soportaba temperaturas extremas, en Corvera de Toranzo disfrutábamos de una tarde fresca y luminosa. Un pequeño privilegio en medio de este verano abrasador.
La innovación nace de la necesidad de solucionar problemas
El encuentro comenzó a las seis de la tarde. A esa hora, mientras media Europa buscaba refugio del calor, los asistentes de Now Rural, rodeados de jardín y con el monte Cotano al fondo, comenzábamos una conversación sobre blockchain, inteligencia artificial, arte digital y el futuro de nuestros pueblos. Las ventanas abiertas de par en par, las viejas vigas de madera, la luz del atardecer y las ganas de conversar transmitían la sensación de estar exactamente donde uno debía estar.
Y esta es una de las primeras conclusiones que podemos extraer de la celebración de Now Rural.
Durante demasiado tiempo hemos asociado la innovación a determinados lugares. Nueva York, Berlín, París, Londres, Barcelona o Madrid. Hemos asumido que es allí donde se diseñan las grandes transformaciones y que el resto de los territorios deben limitarse a esperar a que esas ideas lleguen.
Sin embargo, después de lo vivido en Corvera, creo sinceramente que el nivel de las conversaciones, la calidad de los participantes y la profundidad de los debates no tuvieron absolutamente nada que envidiar a muchos de los encuentros tecnológicos que se celebran cada día en las grandes capitales del mundo. Porque, al final, la innovación no depende tanto del lugar donde ocurre como de las personas que deciden reunirse para imaginar el futuro y de la necesidad de solucionar problemas o superar limitaciones.
Hablamos de comunidad, de territorio y de futuro
En NOW Rural hablamos de algo mucho más importante que de tecnología. Hablamos de comunidad, de territorio y de futuro. Hablamos de cómo queremos vivir, trabajar y crear en nuestros pueblos y de qué papel pueden desempeñar estos pequeños lugares en el mundo que estamos empezando a construir.
Y, precisamente por eso, una semana después sigo pensando menos en las tecnologías concretas de las que hablamos y más en las preguntas que surgieron alrededor de ellas. ¿Cómo podemos utilizar la inteligencia artificial para fortalecer nuestras comunidades? ¿De qué manera puede la blockchain generar nuevas oportunidades para quienes quieren vivir y emprender en el territorio? ¿Cómo evitar que la innovación destruya aquello que hace únicos a nuestros pueblos? ¿Qué debemos hacer para que las próximas generaciones puedan elegir quedarse, regresar o construir aquí su futuro?
Quizá la mayor enseñanza de NOW Rural haya sido comprobar que estas preguntas ya no pertenecen únicamente a expertos, empresas tecnológicas o administraciones. Son preguntas que empiezan a hacerse los propios territorios. Y eso, en sí mismo, ya representa un cambio profundo.
Las respuestas llegaron de muchas formas: a través de las intervenciones de los ponentes, de las conversaciones durante la merienda, de las obras de arte aumentadas de Gala Mirissa y, sobre todo, de las pequeñas notas escritas a mano que fueron llenando poco a poco el Tendal del Futuro. Porque, al final, lo que ocurrió en Corvera de Toranzo fue algo tan sencillo como extraordinario: un grupo de personas decidió reunirse para imaginar, colectivamente, cómo quiere que sea el futuro de sus pueblos.
El futuro está ligado a aquello que hace únicos a los territorios
Una de las primeras reflexiones que me llevo de NOW Rural tiene que ver precisamente con la intervención de José Manuel, fundador de Vamos Rural. Mientras le escuchaba explicar cómo actividades tradicionales del mundo rural, desde la ganadería hasta el trabajo con un tractor, pueden convertirse en nuevas oportunidades económicas gracias a la innovación y a las nuevas tecnologías, tuve la sensación de que quizá llevamos demasiado tiempo planteándonos mal el futuro de nuestros pueblos.

Durante décadas hemos asumido que innovar significaba abandonar aquello que éramos para parecernos más a otros lugares. Sin embargo, José Manuel planteó justo la idea contraria: que el futuro del mundo rural puede construirse precisamente a partir de aquello que hace únicos a los territorios.
La ganadería, la agricultura, los oficios tradicionales o los conocimientos transmitidos durante generaciones no son necesariamente vestigios del pasado. Pueden convertirse en la base de nuevas actividades económicas, nuevos proyectos empresariales y nuevas formas de vivir y trabajar en los pueblos.
Curiosamente, esa misma idea apareció también escrita en varias de las notas del Tendal del Futuro: la necesidad de conservar las tradiciones, el paisaje, las costumbres y la comunidad sin renunciar a la innovación. Porque quizás una de las grandes lecciones de NOW Rural sea precisamente esa: que el futuro de los pueblos no pasa por dejar de ser pueblos, sino por descubrir todo el valor que todavía contienen.
El futuro de los pueblos pasa escubrir todo el valor que todavía contienen
Una de las propuestas del Tendal del Futuro que más me emocionó estaba directamente relacionada con la intervención de José Manuel. En una de esas pequeñas hojas escritas a mano, uno de los asistentes proponía convertir las mudas pasiegas en una oportunidad de negocio y de desarrollo para el territorio.
La propuesta habría sido interesante por sí sola, pero lo verdaderamente importante era quién la había escrito. Se trataba de un pasiego que había realizado las mudas siendo niño junto a sus padres y que acudió a NOW Rural acompañado por sus propios hijos.
Hay algo profundamente simbólico en esa imagen. alguien que vivió una de las tradiciones más antiguas y singulares de los Valles Pasiegos participando en un encuentro sobre blockchain, inteligencia artificial y nuevas tecnologías, y proponiendo precisamente que esa experiencia de vida pueda convertirse en una oportunidad para el futuro.
Las mudas, ese sistema tradicional de desplazamiento estacional del ganado y de las familias entre las distintas cabañas del valle, forman parte de uno de los patrimonios culturales más extraordinarios de Europa. Sin embargo, la propuesta que apareció en el Tendal no hablaba de nostalgia ni de conservación pasiva. Planteaba preguntarnos cómo una práctica ancestral puede inspirar nuevas formas de generar valor económico, cultural, turístico y social.
Confieso que, al leer aquella nota y escuchar la historia de quien la había escrito, pensé inmediatamente que ahí había un futuro capítulo de NOW Rural. ¿Y si dedicáramos uno de los próximos capítulos de NOW Rural a la muda pasiega?
La muda pasiega
No para mirar al pasado, sino para preguntarnos qué puede enseñarnos hoy una tradición centenaria sobre sostenibilidad, movilidad, comunidad, economía circular y relación con el territorio. Quizá esa sea, precisamente, una de las grandes enseñanzas que me deja esta primera edición de NOW Rural: que el gran encuentro anual puede ser el lugar donde aparecen las preguntas, y que durante el resto del año podamos ir desarrollando, capítulo a capítulo, las conversaciones que realmente importan.
Porque, al final, el futuro de los pueblos no siempre consiste en inventar algo nuevo. A veces consiste en descubrir todo lo que todavía no hemos sido capaces de comprender del todo sobre aquello que llevamos siglos haciendo.
La segunda reflexión que me llevo de NOW Rural tiene que ver con lo que contó Jesús Rodríguez, presidente de Kolokium, y con algo que, probablemente, no hemos terminado de comprender del todo: la blockchain ya no es una promesa, es una herramienta. Durante años hemos hablado de blockchain casi siempre desde la especulación, las criptomonedas o las grandes promesas tecnológicas. Sin embargo, escuchando a Jesús tuve la sensación de que estamos entrando en la etapa de los casos reales de verdad.

Jesús habló de algo tan aparentemente poco tecnológico como la carne de vaca tudanca. Y, sin embargo, probablemente fue uno de los ejemplos más poderosos de toda la jornada. La vaca tudanca no es simplemente una raza ganadera. Es, en muchos sentidos, una parte fundamental de la historia y de la identidad de Cantabria.
El origen y trazabilidad de la carne tudanca
En mi casa siempre hemos tenido vacas tudancas y, mientras escuchaba a Jesús explicar cómo la blockchain puede ayudar a certificar su origen y su trazabilidad, no pude evitar recordar que las tudancas eran para muchos ganaderos cántabros lo que la Albufera era para Tonet, el protagonista de Cañas y barro: mucho más que un paisaje o un medio de vida; eran una forma de entender el mundo.
Los ganaderos que criaban tudancas miraban con desdén a las vacas pintas y a otras razas más productivas. Las tudancas eran otra cosa. Eran resistencia, carácter, prestigio y tradición. Eran, de alguna manera, una raza superior en el imaginario colectivo de muchos pueblos de Cantabria.
Quizá por eso el ejemplo de Jesús me hizo pensar que llevamos años planteando mal la conversación sobre la tecnología. Porque la blockchain no sirve únicamente para crear nuevos activos digitales o nuevos sistemas financieros. También puede servir para proteger, certificar y dar valor a aquello que llevamos siglos construyendo.
De repente, la pregunta dejó de ser qué puede hacer la blockchain por la tecnología y pasó a ser otra mucho más interesante: ¿Qué puede hacer la blockchain por la memoria, la identidad y el futuro de nuestros territorios? Mientras le escuchaba, pensé que ahí había otro futuro capítulo de NOW Rural. Un capítulo dedicado a la trazabilidad, a la soberanía alimentaria, a las razas autóctonas y a cómo las tecnologías más avanzadas pueden ayudarnos, precisamente, a preservar aquello que más profundamente nos conecta con nuestro pasado.
La innovación administrativa
La tercera reflexión que me llevo de NOW Rural tiene que ver con Miguel Ángel, director ejecutivo de Isbe, y con una pregunta que probablemente nunca nos habíamos hecho: ¿y si la innovación más importante fuera la administrativa?
Reconozco que, antes de escuchar a Miguel Ángel nunca había pensado que una de las aplicaciones más transformadoras de la blockchain pudiera estar en algo tan aparentemente poco atractivo como los procedimientos administrativos. Sin embargo, a medida que avanzaba su intervención, comprendí que quizá estábamos hablando de una de las cuestiones más importantes para el futuro de los pueblos.
Miguel Ángel explicó cómo tecnologías que ya existen hoy pueden reducir procesos administrativos que actualmente tardan semanas o incluso meses a apenas unas horas. Puso el ejemplo de las ayudas dirigidas a emprendedores, donde la combinación de trazabilidad, automatización e inteligencia artificial podría permitir resolver expedientes en dos horas en lugar de en un mes y medio.
La afirmación provocó uno de esos silencios que suelen producirse cuando alguien verbaliza algo que todos hemos experimentado alguna vez. Porque cualquiera que haya intentado poner en marcha un proyecto sabe que, muchas veces, el principal problema no es la falta de ideas, ni de talento, ni siquiera de financiación. El problema es el tiempo.
El tiempo que tarda una administración en responder. El tiempo que se pierde en trámites o el tiempo que transcurre entre una idea y la posibilidad real de ponerla en marcha. Mientras escuchaba a Miguel Ángel, tuve la sensación de que quizá llevamos años asociando la innovación únicamente con nuevas tecnologías, cuando tal vez la innovación más transformadora sea la que consigue devolver tiempo a las personas.
El origen de lo que comemos
Pero hubo otra reflexión suya que me hizo pensar especialmente. Habló de la necesidad de construir sistemas que permitan conocer exactamente el origen de aquello que consumimos. «Necesitamos soluciones que nos digan de dónde viene nuestra comida». La frase, pronunciada en un territorio donde la ganadería, la agricultura y el sector primario forman parte de la vida cotidiana, adquiría una dimensión especial.
Porque, en el fondo, no estaba hablando únicamente de tecnología. Estaba hablando de confianza y de la capacidad de garantizar que un producto es lo que dice ser. De proteger a los productores y de reforzar la relación entre quien produce y quien consume. Y, en última instancia, de devolver valor a los territorios. Y, curiosamente, esa misma preocupación apareció también reflejada en el Tendal del Futuro.
Algunas de las notas hablaban de colaboración, de compartir información, de construir redes y de encontrar nuevas formas de generar confianza y comunidad. Ahí había otro futuro capítulo de NOW Rural. ¿Y si dedicáramos un capítulo de NOW Rural a la administración inteligente?. No para hablar de burocracia, sino para responder a preguntas mucho más interesantes: ¿Puede la inteligencia artificial hacer que las administraciones sean más humanas? ¿Puede la blockchain devolver tiempo a los ciudadanos? ¿Cómo pueden los pueblos beneficiarse de la automatización administrativa? ¿Puede la trazabilidad convertirse en una herramienta para proteger nuestros productos y nuestros territorios?
Que lo que hacemos funcione mucho mejor
Porque otra de las lecciones que me deja NOW Rural es que, a veces, la innovación más revolucionaria no consiste en inventar algo nuevo. A veces consiste, simplemente, en conseguir que aquello que ya hacemos funcione mucho mejor.
La cuarta reflexión que me llevo de NOW Rural tiene que ver con la artista Gala Mirissa y con una idea que, probablemente, cambia por completo la forma en la que entendemos el mundo rural. La intervención de Gala Mirissa fue una de las que más me hizo reflexionar después de que terminara el encuentro. Quizá porque, mientras escuchaba hablar de arte digital, blockchain y realidad aumentada en una antigua cuadra pasiega, tuve la sensación de estar asistiendo a una de esas paradojas que solo ocurren cuando el mundo cambia de verdad.

La exposición que Gala inauguró durante NOW Rural fue, sin duda, uno de los grandes éxitos de la jornada. Sus obras, animadas mediante realidad aumentada, consiguieron algo que no siempre resulta fácil cuando se habla de tecnología: despertar curiosidad, emoción y conversación. Durante toda la tarde hubo personas acercándose a las obras, observándolas primero como piezas físicas y descubriendo después, a través del teléfono móvil, que escondían nuevas capas visuales, movimiento y nuevas narrativas. Ahí estaba ya una primera enseñanza. La tecnología no tiene por qué ser fría. No tiene por qué ser únicamente productiva o financiera. También puede ser arte, emoción y experiencia compartida, porque la tecnología también es interacción.
Una carrera internacional desde cualquier lugar del mundo
Lo que más me impresionó de la intervención de Gala fue escucharla hablar con absoluta naturalidad de algo que, probablemente, representa una de las grandes revoluciones de nuestro tiempo. Fue una frase aparentemente sencilla que pronunció durante su intervención. «Para empezar a trabajar, mi inversión fue un ordenador y una wallet. Nada más. Ni un local, ni una oficina, ni una gran inversión inicial, ni vivir en Nueva York, Londres o Madrid. Un ordenador y una cartera digital».
Creo que tardé varios segundos en comprender realmente lo que significaba esa afirmación. Porque, durante décadas, hemos asumido que para desarrollar determinados trabajos era necesario emigrar, trasladarse a las grandes ciudades, estar cerca de los centros económicos y culturales. Sin embargo, Gala estaba explicando exactamente lo contrario.
Estaba contando que hoy una persona puede construir una carrera internacional desde cualquier lugar del mundo si dispone de una conexión a internet, un ordenador y una wallet. Y añadió otra frase que terminó de completar esa idea: «Lo único que hace falta es tener una conexión de fibra óptica simétrica para poder enviar y recibir archivos». A partir de ahí, las fronteras prácticamente desaparecen. «El negocio no está en Nueva York, ni en Barcelona, ni en Madrid. El negocio de blockchain está en todo el mundo», dijo. Es aquí, en una pequeña localidad rural cántabra, y en un impulsivo ahora donde se esconde una de las mayores oportunidades que han tenido nunca los territorios rurales. Porque, por primera vez en mucho tiempo, el problema ya no es dónde está el mercado. El mercado está en todas partes.
Participar en la economía global desde los pueblos
Y quizá ahí reside una de las ideas más revolucionarias que escuché en NOW Rural: que el futuro del mundo rural no pasa necesariamente por atraer empresas de fuera, sino por permitir que las personas que quieren vivir en los pueblos puedan participar en la economía global sin necesidad de abandonarlos.
Su exposición fue uno de los grandes atractivos de esta primera edición de NOW Rural y, al mismo tiempo, representa una continuidad. El próximo año, a partir del mes de junio, expondrá en El Capricho de Gaudí, demostrando que las conexiones entre territorio, arte, patrimonio y tecnología son mucho más profundas de lo que solemos imaginar.
Y, por supuesto, mientras la escuchaba, pensé que ahí había otro futuro capítulo de NOW Rural. ¿Y si dedicáramos un capítulo de NOW Rural al arte, Ethereum y la nueva economía creativa?
No para hablar únicamente de arte digital, sino para intentar responder a preguntas mucho más interesantes: ¿Puede un artista desarrollar una carrera internacional desde un pueblo?. ¿Qué papel desempeña Ethereum en la nueva economía cultural? ¿Cómo pueden la realidad aumentada y las tecnologías inmersivas transformar el patrimonio rural? ¿Puede la creatividad convertirse en uno de los grandes motores económicos del territorio? ¿Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva geografía del trabajo y de la creación?
Participar en el mundo entero sin abandonar el lugar donde uno quiere vivir
Porque otra de las lecciones que me deja NOW Rural es que quizá el verdadero privilegio del mundo rural ya no sea únicamente el paisaje, la tranquilidad o la comunidad. Quizá el verdadero privilegio consista en poder participar en el mundo entero sin necesidad de abandonar el lugar donde uno quiere vivir.
La intervención de Javier Puente, director general de Innovación, Desarrollo Tecnológico y Emprendimiento Industrial del Gobierno de Cantabria, ayudó a ordenar muchas de las ideas que habían ido apareciendo durante toda la tarde.
Javier comenzó destacando algo que, visto una semana después, me parece especialmente importante: la necesidad de organizar encuentros en los que puedan mostrarse casos reales de innovación desarrollados desde el territorio. Y eso, precisamente, fue lo que ocurrió en NOW Rural. No hablamos de proyectos hipotéticos ni de tecnologías futuristas. Hablamos de personas que ya están utilizando blockchain, inteligencia artificial, realidad aumentada o nuevas formas de financiación para construir proyectos reales desde lugares reales.
Distribuir la riqueza de manera justa
Javier recordó también que una de las funciones de la administración es precisamente acompañar, financiar y facilitar este tipo de iniciativas, apoyando a empresas y emprendedores a través de distintas líneas de ayudas y programas públicos. Pero hubo una reflexión suya que me acompañó durante toda la semana posterior al encuentro. En un momento en el que la inteligencia artificial está transformando prácticamente todos los ámbitos de la economía y de la sociedad, Javier planteó una cuestión que rara vez ocupa el centro de los debates tecnológicos: ¿Cómo conseguimos que la riqueza generada por estas transformaciones se distribuya de forma justa?

Su preocupación era clara. No podemos construir un futuro en el que convivan personas o empresas con enormes capacidades tecnológicas y económicas mientras otros sectores de la sociedad quedan completamente al margen de esa transformación.
Por eso insistió en una idea que, probablemente, resume buena parte del espíritu de NOW Rural: «La persona tiene que estar en el centro». Una de las grandes ventajas del mundo rural es precisamente esa. En los pueblos resulta mucho más difícil olvidar que detrás de cada innovación hay personas concretas. Que detrás de cada explotación ganadera hay una familia. Que detrás de cada empresa hay un proyecto de vida. O que detrás de cada casa habitada hay una decisión personal de permanecer, regresar o construir un futuro en un territorio.
Javier también destacó algo que muchos de los asistentes comentaron al finalizar la jornada: la extraordinaria participación que había conseguido reunir un encuentro celebrado fuera de los grandes centros urbanos habituales.
Y quizá esa sea otra de las enseñanzas que me deja NOW Rural.
¿Cómo evitamos que la innovación genere nuevas desigualdades?
Mi cabeza organizadora seguía funcionando: ahí existía otro futuro capítulo de NOW Rural. ¿Y si dedicáramos un capítulo de NOW Rural a la inteligencia artificial, la redistribución de la riqueza y el papel de las personas en la nueva economía? No para hablar únicamente de tecnología, sino para intentar responder a preguntas mucho más importantes: ¿Cómo garantizamos que la inteligencia artificial beneficie a toda la sociedad? ¿Qué papel pueden desempeñar los territorios rurales en la nueva economía? ¿Cómo evitamos que la innovación genere nuevas desigualdades? ¿Qué significa realmente poner a las personas en el centro?
Porque otra de las grandes lecciones que me deja NOW Rural es que, probablemente, el debate más importante sobre inteligencia artificial no sea tecnológico. Es profundamente humano.
Las intervenciones de José Manuel, Jesús Rodríguez, Miguel Ángel, Gala Mirissa y Javier Puente ayudaron a poner sobre la mesa algunas de las grandes preguntas sobre el futuro de los territorios. Pero hubo otro espacio de reflexión que fue creciendo silenciosamente a lo largo de toda la tarde: el Tendal del Futuro. Allí, en pequeñas hojas escritas a mano, los asistentes fueron dejando ideas, recuerdos, preocupaciones y propuestas que, vistas una semana después, constituyen probablemente la mejor hoja de ruta posible para las próximas conversaciones de NOW Rural.
El tendal del futuro

Al comienzo de NOW Rural invitamos a todos los asistentes a escribir una propuesta, una preocupación o un deseo para el futuro de sus pueblos. La idea era construir colectivamente una visión de la nueva ruralidad. Una semana después, al volver a leer aquellas pequeñas notas escritas a mano, tengo la sensación de que el Tendal terminó convirtiéndose en una especie de manifiesto colectivo sobre el futuro que queremos construir.
Algunas de las preocupaciones eran muy concretas. Conseguir que haya sitios donde vivir. Beneficios fiscales. Retener el talento de los jóvenes. Son frases sencillas, pero detrás de ellas aparece probablemente el mayor desafío al que se enfrentan hoy muchos territorios rurales: conseguir que las personas puedan elegir quedarse, regresar o construir aquí su futuro.
Otras reflexiones tenían que ver con la identidad. Que se avance tecnológicamente y se invierta en innovación y emprendimiento sin perder la identidad rural. Conservar tradiciones, paisaje, costumbres y comunidad. Lo más importante es tratar de mantener la esencia.
Estas ideas conectaban directamente con lo que había planteado José Manuel durante su intervención: la necesidad de entender la innovación no como una sustitución del mundo rural tradicional, sino como una herramienta para darle nuevas oportunidades. También aparecieron propuestas relacionadas con la colaboración y la tecnología. Encuentros abiertos a reuniones colaborativas de talentos para compartir, colaborar e intercambiar. Muchas acciones serían muy mejoradas con los datos compartidos en una cadena colaborativa o Apostar por proyectos en casa.
En los pueblos tiene que haber un bar
Una de las notas más comentadas de la tarde decía: «En los pueblos tiene que haber un bar». Una semana después, creo que encierra una de las reflexiones más profundas de toda la jornada. En un pueblo, un bar es un lugar de encuentro, de conversación y de comunidad. Es el espacio donde se intercambian noticias, se cierran acuerdos, se comparten preocupaciones y, muchas veces, se construye la vida colectiva. Resulta curioso que, en una jornada en la que hablamos de blockchain, inteligencia artificial, tokenización, realidad aumentada y nuevas economías digitales, una de las propuestas que más consenso despertó fuera precisamente la necesidad de recuperar algo tan aparentemente sencillo como un bar.
Y quizá ahí se encuentre otra de las grandes lecciones que me deja NOW Rural. Podemos hablar de agentes de inteligencia artificial, de stablecoins, de Ethereum o de trazabilidad alimentaria. Podemos imaginar nuevas formas de financiación, nuevos modelos económicos y nuevas tecnologías. Pero, al final, seguimos necesitando exactamente lo mismo que han necesitado siempre las comunidades humanas: lugares donde encontrarnos.

