La fe en Bitcoin
La fe en Bitcoin

La fe en Bitcoin aumenta gracias a su disciplina matemática, frente a la abundancia kitsch

Bitcoin no ofrece rentabilidad. Es decir, se trata de un activo que no asegura al adquiriente ningún beneficio fijo. Sin embargo, como ha ocurrido con otros activos sin rendimiento, oro o franco suizo, Bitcoin ha alcanzado cotizaciones históricas durante 2025.

Tres activos -oro, franco suizo y Bitcoin- que tienen en común el carácter limitado de su oferta. La cantidad de oro en el mundo apenas crece un 2% anual; Suiza es más que moderada a la hora de imprimir más unidades de su moneda. Pero, sobre todo, Bitcoin tiene un crecimiento programado, matemáticamente disciplinado. Su oferta se reduce a 21 millones, con una emisión que se reduce a la mitad cada cuatro años.

Los tres activos han hecho de su escasez su fuente de valor. El resto de las cosas del mundo no hace sino crecer. De todo hay mucho, hasta el exceso, como señalan Lipovetsky y Serroy en su último libro sobre el kitsch. Sin embargo, de oro, francos suizos y Bitcoin hay lo mismo. Esta es la fuente de su revalorización y la fe en los mismos. Y es que Bitcoin transforma la certeza matemática de su programación en confianza, porque Blockchain ha conseguido transformar la confianza en certeza matemática. Casi todo lo demás es kitsch: abundancia populista.

Bitcoin, reposando en Blockchain, tiene la particularidad de que su funcionamiento, seguridad y reglas no dependan de autoridades, promesas, ni, en definitiva, en lo que podríamos llamar confianza humana. Funcionamiento, seguridad y reglas dependen de estructuras y lógicas matemáticas verificables.

Estamos en tiempos en que lo artificial, como la inteligencia artificial y la confianza artificial/matemática, se imponen. Bueno, tal vez haya sido siempre así. Como nos contaba hace tiempo el biólogo Faustino Cordón, los homínidos se convirtieron en hombres con la práctica de la cocina. Cuando pasaron de depender de la naturaleza a vivir modificando la naturaleza, a vivir en el artificio, en lo artificial. La confianza artificial de Bitcoin, gracias a Blockchain, se convierte en refugio de la confianza humana o natural de los inversores.

Hashes criptográficos o criptografía de curva elíptica son algunas de las específicas funciones matemáticas en los que hunde sus raíces la confianza artificial de Bitcoin. Son funciones fáciles de verificar; pero prácticamente imposibles de romper.

Bitcoin funciona con reglas codificadas que todos los nodos verifican matemáticamente. Reglas que imponen su escasez. Es decir, su valor. Reglas como limitación de la emisión a 21 millones de bitcoins, ritmo de emisión predecible (halvings) o validación objetiva de transacciones y bloques. No importa quién sea el usuario de Bitcoin, si una transacción no cumple las reglas matemáticas es rechazada. No se confía en personas, lo que incluye gobernantes o instituciones. Se confía en ecuaciones.

Con Bitcoin, la honestidad no es algo que haya que asumir. Se impone matemáticamente. Es más rentable seguir las reglas, que atacarlas. Por su parte, los mineros compiten resolviendo problemas matemáticos, las llamadas “pruebas de trabajo” (proofs of work). La descentralización de Bitcoin se mantiene mediante incentivos matemáticos.

La escasez de Bitcoin, eso que lo hace tan valioso como el oro o los francos suizos, es objetiva. No depende de decisiones organizativas o políticas. El dinero fiduciario, como la mayor parte de los activos, depende de decisiones humanas, atravesadas por lo que pueden ser atravesadas las decisiones humanas, como errores, sesgos, temores, precauciones, euforias, etc. Bitcoin depende de algoritmos, consenso matemático y verificación criptográfica. Aspectos que hacen que la criptomoneda no sólo sea escasa, sino que su escasez sea creíble. Habla un lenguaje universal, el de las matemáticas, que se habla igual en todos los países.

En un contexto en el que la autorrestricción del activo alimenta la fe en el mismo, Bitcoin se sitúa en el horizonte de las principales miradas inversoras. Al fin y al cabo, la inversión es un acto basado en la fe y en la confianza. Ahora bien, como con la inteligencia, nos toca seleccionar en estos momentos entre confianza humana, en humanos, o en confianza artificial, matemática.

La revolución cultural capitalista debe mucho a una ética -la protestante, según el sociólogo Max Weber- que era, especialmente frente a la ética católica, una ética del esfuerzo, el ahorro y la disciplina. Pero, sobre todo, una ética que permitía las relaciones de confianza entre quienes hacían transacciones económicas, como compraventa de mercancías o préstamos. Inyectó confianza en las relaciones. Ahora, como parece mostrar el atractivo que tiene Bitcoin, la inyección de confianza viene de las matemáticas.

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