Ethereum trabaja en una serie de cambios técnicos destinados a reducir el tamaño del estado activo de la red, el conjunto de datos que todos los nodos necesitan para operar. El objetivo es evitar una excesiva concentración de la infraestructura y asegurar la descentralización del sistema a largo plazo. Dado que el ecosistema de la red Ethereum mueve miles de millones de dólares y sirve como base para innumerables aplicaciones, la gestión de la memoria de la red será uno de los debates técnicos más importantes de los próximos años.
La memoria de Ethereum
En este sentido, la propuesta, impulsada por desarrolladores del equipo Stateless Consensus, plantea que no toda la información almacenada en Ethereum tenga que mantenerse activa de forma permanente. En su lugar, proponen que los datos que apenas se usan podrían retirarse temporalmente del núcleo operativo de la red y reactivarse solo cuando sea necesario, mediante pruebas criptográficas.
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El estado de Ethereum incluye los saldos de las cuentas, los datos almacenados por los contratos inteligentes y el código que ejecutan. Es, en la práctica, la memoria compartida de la red. Aunque el usuario interactúa con carteras y aplicaciones, toda la información real reside en ese estado global.
El problema es que este conjunto de datos crece sin parar. Cada nuevo contrato, cada actualización y cada cuenta añadida aumenta una carga que todos los nodos deben almacenar y servir. Con el tiempo, esto hace más costoso ejecutar un nodo completo y ralentiza la sincronización de la red.
Las redes de segunda capa
Según los desarrolladores, si esta tendencia continúa, mantener nodos completos podría quedar en manos de un número cada vez más reducido de operadores, lo que debilitaría principios clave como la neutralidad y la resistencia a la censura. Durante los últimos años, Ethereum ha aumentado su capacidad mediante redes de segunda capa (L2), mejoras en el procesamiento de datos y ajustes en el límite de gas. Estos avances permiten procesar más actividad, pero también aceleran el crecimiento del estado, ya que cada bloque puede incluir más datos permanentes.
Esto ya se observa en otras blockchains, donde el tamaño del estado ha hecho inviable que usuarios normales operen nodos completos, concentrando la infraestructura en grandes proveedores. Una de las claves de la propuesta es separar la validación de bloques del almacenamiento de datos. En el futuro, los validadores podrían verificar bloques sin necesidad de guardar todo el estado, limitándose a comprobar pruebas criptográficas. Esto permitiría a Ethereum escalar sin imponer cargas crecientes a cada participante, pero también obliga a replantear quién almacena y sirve el estado completo. Sin un diseño cuidadoso, esa función podría quedar excesivamente centralizada.
Caducidad del estado
Para evitarlo, los desarrolladores plantean varias líneas de trabajo. Una de ellas es la caducidad del estado, que permitiría retirar de la parte activa los datos que no se han utilizado durante largos periodos, sin eliminarlos definitivamente. Otra es la creación de archivos de estado, que separen la información más utilizada de los datos históricos. De este modo, los nodos podrían funcionar de forma eficiente aunque la red siga creciendo.
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La propuesta también busca facilitar nodos parciales y servicios especializados, de modo que distintos operadores puedan almacenar y servir partes del estado sin necesidad de mantenerlo todo. Asimismo, se estudia dar a las carteras y aplicaciones un papel más activo en la gestión de los datos que necesitan. El objetivo es reducir la dependencia de grandes proveedores de acceso remoto y aumentar la diversidad de actores que sostienen la red.
Los impulsores del proyecto subrayan que muchas decisiones aún están abiertas, pero el objetivo es mantener el estado bajo control, algo esencial para que Ethereum siga siendo accesible, descentralizado y resistente a la censura.

