OpenAI abandona ser for-profit: ¿Se convertirá en el nuevo Twitter de la era Jack Dorsey?

OpenAI le cuesta millones a Microsoft: ¿hasta cuándo?

La reciente decisión de OpenAI, respaldada por Microsoft, de abandonar su modelo for-profit para consolidarse como organización sin ánimo de lucro ha desatado un intenso debate en los mundos de la tecnología y las finanzas. ¿Estamos ante un nuevo caso comparable al histórico de Twitter bajo la dirección de Jack Dorsey

Si lo analizamos detenidamente, tanto OpenAI como Twitter representan empresas tecnológicas con un impacto social descomunal. Sin embargo, ambas, al menos en el caso de Twitter antes de la adquisición por parte de Elon Musk, han dependido en gran medida del respaldo de inversores para sostener su operativa, debido a su escasa o nula rentabilidad estructural.

En este contexto, no parece descabellado plantear esa comparación y examinar a fondo la decisión de OpenAI, así como sus posibles repercusiones financieras, sociales y tecnológicas.

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Decisión clave de OpenAI y su impacto financiero

Para entrar en contexto, OpenAI, reconocida por liderar innovaciones en inteligencia artificial, ha decidido renunciar a la idea de operar como una empresa for-profit y continuar su camino como organización sin fines de lucro. Este cambio estratégico busca equilibrar su misión social con las presiones económicas de financiar investigaciones y desarrollos de IA de vanguardia.

La decisión no fue sencilla. Por un lado, OpenAI enfrentó una fuerte oposición social, ya que diversas organizaciones expresaron su preocupación por el posible mal uso de los datos privados de los usuarios de sus modelos de IA. Por otro lado, las negociaciones con los inversores iniciales, especialmente Microsoft, no fueron fáciles. Microsoft es prácticamente el pilar que sostiene a OpenAI, dado que toda su infraestructura opera en Azure. De hecho, en el sector de la IA es bien conocida la frase: «Sin Microsoft, no hay OpenAI», que refleja el alto nivel de dependencia de OpenAI hacia el gigante tecnológico. Sin embargo, el factor decisivo fue, sin duda, Elon Musk.

La reacción de Elon Musk 

Cuando OpenAI anunció su plan de convertirse en una empresa for-profit, Elon Musk fue uno de los primeros en declarar que estaría dispuesto a comprar la compañía. Puede parecer una idea descabellada, pero, legalmente, Musk tiene un derecho preferente de compra. La razón es clara: él fue uno de los fundadores que proporcionó el capital inicial para crear OpenAI, cuando esta era una organización sin fines de lucro. Aunque Sam Altman, actual líder de OpenAI, podría impulsar la transición a una empresa con fines de lucro, y a pesar de que Musk ya no forma parte del directorio, él aún conserva un derecho prioritario para presentar una oferta de compra.

Este resquicio legal le otorga a Musk la posibilidad de adquirir OpenAI antes que cualquier otro interesado. Incluso podría aliarse con Microsoft para dividir la propiedad al 50%, lo que podría poner fin al liderazgo de Sam Altman. Al final, los inversores solo buscan una cosa: maximizar el retorno de su inversión. Si Musk y Microsoft ofrecen una suma suficientemente atractiva, los inversores podrían aceptarla, dejando a Altman de lado. Ahora se entiende por qué Musk fue el primero en manifestar su interés en comprar OpenAI y por qué la respuesta de Sam Altman fue tan mordaz: con un solo post en X, Musk desbarató sus planes.

Quitar lastre

¿Por qué vender OpenAI y abandonar su estatus de organización sin fines de lucro? La respuesta radica en los significativos desafíos financieros que enfrenta OpenAI al mantenerse como non-profit. El desarrollo de inteligencia artificial requiere una inversión constante y acelerada en infraestructura y talento, recursos que no siempre generan retornos inmediatos. Por ejemplo, en 2023, Microsoft invirtió 10 mil millones de dólares en OpenAI, y en 2024, aportó otros 10 mil millones en varios pagos. ¿Fue suficiente para OpenAI? En absoluto. Para finales de 2024, OpenAI apenas había generado ingresos por 7 mil millones de dólares, lo que significa que Microsoft enfrentó una pérdida neta de 13 mil millones de dólares, según datos de octubre 2024.

Para Microsoft, sin embargo, esto representa una inversión estratégica en tecnología de punta. A pesar de las pérdidas en OpenAI, Microsoft reportó ganancias netas de 88 mil millones de dólares en 2024 y proyecta alcanzar los 100 mil millones en 2025, impulsadas en gran parte por la IA. No obstante, desde una perspectiva financiera directa, OpenAI es un proyecto deficitario, un «pozo sin fondo» donde se quema dinero. ¿Suena ilógico? No lo es. Cuando una división de una empresa, como el desarrollo de software, consume más recursos de los que genera, hay dos opciones: cerrarla o reestructurar el negocio. Microsoft ya ha lidiado con situaciones similares y está acostumbrado a manejarlas, pero OpenAI es un caso particular, con similitudes a otra empresa tecnológica bien conocida: Twitter en la era de Jack Dorsey.

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Comparativa entre OpenAI y el Twitter de Dorsey

Dorsey convirtió Twitter en una plataforma globalmente reconocida, pero tuvo que enfrentarse a una realidad persistente: su modelo de negocio nunca fue verdaderamente autosustentable. La compra de Twitter por parte de Elon Musk sacó a la luz una verdad incómoda: Twitter era, en gran medida, una red social condicionada por sus grandes financiadores. Gigantes como Google o Amazon ejercían una influencia tan profunda que podían llegar a silenciar voces en la plataforma. El problema radicaba en que Dorsey dependía casi en un 90 % de los inversores. Al ser una compañía con fines de lucro (for-profit), estos accionistas tenían una capacidad de decisión abrumadora sobre el rumbo de la empresa.

Algo similar parece estar ocurriendo con OpenAI. Aunque la compañía ha logrado desarrollar tecnologías de vanguardia como ChatGPT y otros modelos avanzados de inteligencia artificial, el retorno financiero no se corresponde con los altos costes que implica sostener dicha innovación. Al igual que Twitter, OpenAI también depende críticamente del capital de riesgo, y esa dependencia se ha convertido en su mayor vulnerabilidad. Sam Altman lo sabe, y por eso sugiere reestructurar el modelo: hacer a OpenAI rentable, venderla si es necesario, y mantenerse al frente de la operación.

Aquí es donde entra Elon Musk. Tiene capacidad y, derecho preferente, para comprar OpenAI, pero las tensiones personales con Altman son más que conocidas. Musk no solo no quiere colaborar con él; no quiere verlo ni en pintura. Y aunque no llegase a adquirir la totalidad de la empresa, con una participación significativa y algo de presión de los inversores, remover a Altman no sería una tarea difícil. Sobre todo si consideramos que las compañías de Musk están ganando terreno.

xAI, por ejemplo, con menos recursos y presupuesto, ya cuenta con infraestructura propia y modelos que, en algunos aspectos, rivalizan o superan a los de OpenAI. Y como es bien sabido, a los inversores les interesa una sola cosa: el retorno de su inversión. Con ese escenario, no es difícil imaginar quién tiene las mejores cartas en esta partida.

Futuro incierto para OpenAI en el mercado

El futuro de OpenAI y su aspiración de convertirse en una empresa con fines de lucro es incierto. Sam Altman busca alternativas para salir adelante, pero enfrenta grandes obstáculos. De hecho, ni siquiera está teniendo éxito con el proyecto Stargate, anunciado en enero. Las burlas no se hicieron esperar cuando Elon Musk señaló que OpenAI y sus inversores no contaban con los 500 mil millones de dólares prometidos para el plan. 

El tiempo parece darle la razón a Musk. A mayo de 2025, el proyecto Stargate no ha iniciado construcciones ni ha asegurado los 100 mil millones de dólares iniciales necesarios. Lo único claro es que se planea construir en Abilene, Texas, y que contará con 64,000 GPU NVIDIA GB200. En contraste, el centro de datos de xAI, liderado por Musk, opera con 100,000 NVIDIA H200 por un costo de 10 mil millones de dólares, una inversión diez veces menor.

Con estas cifras, Altman debe encontrar formas de mantener satisfechos a los inversores, pero la creciente competencia no se lo pone fácil. Empresas como xAI, Perplexity y Anthropic ganan cada vez más relevancia, requiriendo inversiones menores y demostrando rentabilidad. Esto reduce las opciones de OpenAI. Además, la constante fuga de talento, como la salida de Mira Murati, exdirectora técnica (CTO), agrava el panorama.

En este contexto, el camino de OpenAI pone en evidencia que el equilibrio entre financiación, ética tecnológica e innovación será crucial para determinar si logrará mantenerse como referente en inteligencia artificial o si su modelo actual lo conducirá a una incertidumbre financiera prolongada. Reinventar sus estrategias de negocio y financiación parece ser la única vía para superar estos desafíos.

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