Entre los analistas políticos, se afianza la interpretación de que, tras el aumento de la inclinación del apoyo de la ciudadanía occidental a la derecha política en general y la derecha alternativa en particular ( alt-right ), se encuentra la revuelta de las clases medias. Una revuelta que tuvo en la génesis y configuración de lo cripto uno de sus aldabonazos históricos.
Tal vez por ello, buena parte de las propuestas políticas insertas en esa derecha alternativa, han acogido en sus programas lo cripto. No todas y no sin recelo o vaivenes en su consideración. Hay tenemos el caso de Trump, pasando de despreciativo y agresivo crítico de las criptomonedas a directo promotor de alguna de ellas, hasta llegar al actual estado de escasa indefinición. Pero con la sensación de que tras el fenómeno de lo cripto se encuentra el latido de las clases medias occidentales, las que dieron forma a la modernidad.
Clases medias
El latido de las clases medias occidentales llevaba lustros al ritmo sosegado que deriva de la confianza en que las cosas iban a seguir más o menos igual. Podían vivirse crisis, pero bajo la relativa certeza de una vuelta al orden liberal, que es el que en las clases medias tenían su nicho ideológico-político. Ya en el siglo XXI, empezaron a constatar con cierta impaciencia cómo las élites políticas y económicas las desplazaban, que sólo apelaban a ellas y sus valores en los exclusivos momentos del voto y el consumo.
Gordon Gekko en 2025: «El Cripto es el Nuevo Wall Street»
Pero los socialdemócratas y conservadores apenas las tenían en cuenta en sus medidas y políticas económicas, educativas, sanitarias, de seguridad o de oferta de servicios públicos. Veían como quedaban atrapadas en el olvido, mientras se soltaba la rienda a las elites globalizadoras o se atendía exclusivamente a la infinita cadena de “los más vulnerables”, producto de esa misma globalización.
A la clase media de viejos y nuevos profesionales, funcionarios, pequeños industriales o propietarios agrícolas sólo llegan amenazas: depreciación continua de sus capitales económicos y formativos, debilitación de los derechos de propiedad y seguridad, deterioro de los servicios públicos que antes configuraban su bienestar, como educación o sanidad. La sensación de que estaban en el último lugar a la hora de las prioridades y en el primero cuando, como en los momentos de crisis, se pedía sacrificio. Se fue sembrando malestar entre las clases medias y el germen de un espíritu de rebeldía, que parecía perdido.
Las criptomonedas como salida
En tal espíritu de rebeldía de las clases medias es donde ha de inscribirse el nacimiento y desarrollo de lo cripto. Tras la crisis financiera de 2008, la confianza que habían mantenido las clases medias occidentales en el sistema financiero tradicional y las instituciones gubernamentales cayó en picado. Vieron, como tal vez no lo habían visto antes, las fuentes de su deterioro patrimonial.
Entonces, las criptomonedas fueron vistas como una salida, especialmente atractiva para la clase media que se sentía exprimida por el estancamiento de los salarios, el mayor número de horas trabajadas -pues ahora necesitaban trabajar los dos miembros de la pareja para mantener la posición en la estructura social-, el aumento del costo de vida y la inaccesibilidad a la vivienda. Sí, porque esto de las dificultades de la accesibilidad a la vivienda viene de lejos.
Entornos de clases medias
Los individuos de una clase media, culturalmente más tendente al individualismo que a la acción colectiva, vio en las criptomonedas una medicina para paliar su ansiedad económica y volver a cierta independencia financiera. Las nuevas generaciones de la clase media, especialmente los “millennials” o la generación Y, nacidos a partir de los años ochenta del siglo pasado, pusieron su mirada en las criptomonedas como una alternativa de inversión, rodeada de cierto halo liberador, derivada del uso de conceptos como libertad y autonomía financiera. Conceptos atractivos tras el palo de la crisis de 2008, que rebajó su patrimonio relativo y, sobre todo, hundió buena parte de sus expectativas.
No puede olvidarse que los primeros usuarios de criptomonedas provenían de entornos de clase media, que trabajaban en los campos de la tecnología o las finanzas. Entornos que aunaban todavía un relevante capital formativo, con conocimientos tecnológicos, y un relevante capital simbólico y cultural, en el que se reconocían como libertarios. Lo que veían era que, tal como estaban las cosas, cada vez iban a tener más difícil obtener o siquiera mantener el capital económico. Había que cambiar las cosas y las criptomonedas surgieron como una oportunidad para ese cambio. Ese cambio ya no se esperaba de los gobiernos. Se incrustó así entre las clases medias una inclinación antisistema, ante un sistema que las había ido arrojando.
Antiglobalistas y anti elitistas
Paralelamente, empezaron a surgir iniciativas políticas posicionadas como antiglobalistas, anti elitistas y recelosas del poder centralizado. En buena parte, eco de ese sentir de las clases medias. La cuestión es que se van solapando los valores de tales iniciativas con la ética antisistema de las criptomonedas.
A su vez, un instrumento como las criptomonedas, al ser descentralizadas y no requerir permisos, atraerán a grupos sociales que se sentirán marginados o desconfían de los sistemas tradicionales. Es el caso de muchas iniciativas de la derecha alternativa. Al atractivo simbólico se une el atractivo pragmático. Personajes identificados con la extrema derecha y la alt-right empiezan a recaudar fondos para sus iniciativas políticas -especialmente en el contexto estadounidense, menos encauzado en la mecánica de los partidos políticos- usando criptomonedas. A través de ellas, recaudan fondos, y, al mismo tiempo, subrayan su posición al margen del sistema. Sobre todo, cuando las criptomonedas son rechazadas por bancos centrales, bancos tradicionales o incluso los principales operadores de la industria de pagos.
La cultura de los memes
Se fragua así una convergencia entre lo cripto y estas iniciativas políticas. Una convergencia con especial expresión en la cultura de los memes. Se desarrolla una especie de cultura común alrededor de espacios online -como 4chan o Reddit- y estéticas compartidas: los ojos láser, Pepe, Dogecoin, etc. Una convergencia que puede haber accionado como una especie de factor de radicalización para los jóvenes de clase media. Si los jóvenes de la periferia londinense de clase trabajadora encontraron en el punk su estética rebelde, los jóvenes urbanos de la clase media occidental la encuentran en los memes.
Convergencia cultural o, más bien, subcultural, con sus narrativas solapadas. Así, la narrativa cripto de la autocustodia, de la libertad, en cuanto defensa del individualismo y rechazo del control excesivo y el despliegue de la vigilancia estatal, puede dialogar fácilmente con algunas narrativas de esa derecha alternativa. Además, ocasionalmente comparten una retórica que rosa lo conspiranoico. Donde, por ejemplo, las élites lo controlan todo, los globalistas nos conducen hacia el mal o la Fed es una especie de ente diabólico.
Por supuesto, una cosa es que haya, por razones históricas, ciertas convergencias, y otra, muy distinta, que se pueda generalizar, como hacen los enemigos de lo cripto. No todos los que se sitúan en estas derechas alternativas aceptan las criptomonedas, incluso rechazándolas algunas. Ni mucho menos, todos los usuarios de criptomonedas comparten ideologías antisistema. Pero en ambos tardó la rebelión en marcha de las clases medias.
Un triángulo
Se establece ese triángulo entre clases medias, cripto y derecha radical o alternativa. Un triángulo que utiliza, como una especie de arma arrojadiza, tanto la izquierda como la derecha desorientada. Arma contra la derecha radical cuando tiene opciones de llegar al poder. Arma contra las criptomonedas. Pero, sobre todo, arma contra las clases medias.

