Sin embargo, la Conferencia de Davos, diseñada para abordar los retos y oportunidades de la IA en el mundo, no contará con la presencia de los principales responsables de los gigantes tecnológicos que lideran el desarrollo de la IA, como OpenAI, Google DeepMind, Microsoft o Anthropic. Unas ausencias que dejarán un importante vacío en discusiones clave relacionadas con cuestiones éticas, regulación y colaboración para garantizar un desarrollo responsable de esta tecnología transformadora.
La toma de posesión de Donald Trump ha redirigido la atención de casi todos los líderes mundiales y empresariales hacia Washington. En su segundo mandato, conocido como Trump 2.0, el nuevo presidente ha prometido transformar la política tecnológica de Estados Unidos, lo que incluye una revisión integral de la regulación de la IA. Cabe recordar que Trump ha designado a David Sacks para dirigir los asuntos de IA y criptomonedas, sentando así las bases de una nueva manera de abordar la convergencia entre ambas tecnologías. Las directrices tomadas por Sacks podrían influir en el desarrollo y uso de la IA en todo el mundo.
La demanda energética y la IA
Según el WEF, la convergencia tecnológica está teniendo impactos significativos en sectores clave como la salud, donde la IA está revolucionando el diagnóstico, el desarrollo de medicamentos y los tratamientos personalizados. En la agricultura, los sistemas inteligentes optimizan el rendimiento de cultivos y reducen el desperdicio. O en las finanzas, donde los algoritmos avanzados están transformando las predicciones de mercado y la gestión financiera. Otro área donde la IA está irrumpiendo con fuerza son las ciudades inteligentes. En este caso, las infraestructuras automatizadas están impulsando la sostenibilidad y mejorando la calidad de vida.
Sin embargo, Schwab advierte que la automatización desplazará a millones de trabajadores y que la creciente demanda energética de tecnologías como la IA y el blockchain podría exacerbar la crisis climática si no se adoptan rápidamente soluciones renovables. En este sentido, Davos 2025 subraya la necesidad de una inteligencia social, geopolítica y ambiental para gestionar los retos éticos y sociales de la tecnología. Schwab destaca en su artículo que «la inteligencia ambiental debe garantizar que la Era Inteligente no agote los recursos naturales, sino que nos ayude a mitigar los riesgos ambientales».

