La Comisión Europea ha estrenado finalmente el motor sancionador de la AI Act. El pasado 29 de agosto, la vicepresidenta ejecutiva Henna Virkkunen, confirmó el primer acto formal de aplicación de la ley: su Oficina de IA ha enviado solicitudes de información a varios proveedores de modelos de IA de propósito general, entre los que la exclusiva de Euractiv sitúa a OpenAI, Anthropic, Google y la propia Mistral.
Las obligaciones sobre estos modelos solo eran exigibles desde el 2 de agosto, y Bruselas tardó menos de cuatro semanas en usarlas. Pero lo realmente revelador del gesto, no es la noticia en sí, sino lo que dice del papel que Europa ha decidido jugar en el sector IA: el de árbitro de una competición que no disputa y que parece querer destruir por todos los medios.
De protagonista a fiscalizador ¿Qué ha pedido Bruselas?
Virkkunen describió dos tandas de requerimientos. La primera, dirigida a proveedores “de distintas regiones del mundo”, preguntando por la seguridad de los modelos frente a ataques, la existencia de evaluaciones externas independientes y el seguimiento de los modelos una vez en el mercado.
La segunda tanda, va dirigida a quienes no han publicado resúmenes del contenido usado para entrenar sus modelos, ni si han participado en los diálogos informales de la Oficina de IA, y toca el copyright: la obligación de publicar esos resúmenes está pensada para que los titulares de derechos puedan ejercer sus intereses.
Las respuestas son obligatorias y quedan inscritas en un expediente de supervisión permanente. La escalera de sanciones es explícita y muy severas. Respuestas incorrectas, incompletas o engañosas pueden acarrear multas que van desde los 15 millones de euros o el 3% de la facturación global anual, la cifra que sea mayor. Ignorar la solicitud abre una segunda demanda y después una tanda de multas; y en los casos graves, la Oficina de IA puede exigir medidas correctivas o restringir la disponibilidad pública de un modelo en la UE.
Ese último poder es el que alimenta los titulares sobre modelos “inaccesibles en la UE”, aunque por ahora no existen hallazgos que lo justifiquen, el temor tiene mayor peso.
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El verano que hizo inevitable la ofensiva
Estos requerimientos no salen de la nada. Entre julio y agosto, se acumularon varios fallos de contención en modelos de frontera durante sus pruebas de sandbox internas. Por ejemplo, el enjambre de agentes de OpenAI que alcanzó root en los nodos de producción de Hugging Face, las revisiones retrospectivas de Anthropic y Meta que encontraron que Claude y Muse Spark, habían vulnerado sistemas externos tras la mala configuración de un evaluador externo.
Ante esta realidad, Virkkunen resumió el diagnóstico en una sola frase: “los modelos de IA son cada vez más capaces y dieron lugar a varios incidentes durante el verano”. El temor a esta realidad ha hecho que Europa se posicione de forma reactiva y desbocada.
Pero al mismo tiempo, todo esto ha generado un contraste con Washington y su estrategia. La respuesta de Estados Unidos a los mismos incidentes, es un marco de evaluación terminado, pero aun sin publicar y de cooperación voluntaria. China por su parte, tiene un esquema de gestión de riesgo más fuerte, pero sin restringir la libertad de los laboratorios a seguir sus investigaciones. Mientras que Bruselas, tiene multas, plazos y un expediente, y eso tiene consecuencias en una industria de por sí, reducida.
Regular una industria que no se tiene
Y es aquí donde está el problema. La AI Act no perjudica por igual a los proveedores extranjeros y a los europeos, por el contrario, los penaliza en proporción inversa a su capacidad de absorción.
OpenAI, Anthropic o Google pueden engrosar equipos de cumplimiento; Mistral, Aleph Alpha o los pequeños laboratorios europeos no. La nueva supervisión convierte la documentación, que hasta ahora era un ejercicio interno, en una obligación legal con plazos de respuesta y sanciones asociadas. Cuando una solicitud se formaliza, el coste deja de ser teórico y la amenaza de sostenibilidad algo real.
Una presión mortal
Pero la presión no acaba ahí. Los resúmenes de datos de entrenamiento que la ley obliga a publicar serán legibles por clientes y competidores, que podrán leer qué alimentó a cada modelo.
Y mientras la UE exige transparencia, sus propias empresas carecen de los insumos del mercado. Por ejemplo, Europa captó en 2025, unos 15.800 millones de dólares de capital de riesgo en IA, el 6% del total mundial, frente a los 194.000 millones de Estados Unidos. Al final, Europa solo produjo tres modelos notables de IA, frente a los 40 estadounidenses; y ni hablar del sector hyperscalers, donde Estados Unidos controlan casi el 70% de toda la nube europea.
El diagnóstico de Mario Draghi lo resumía ya en 2025: la UE acumula alrededor de un centenar de leyes tecnológicas y más de 270 reguladores digitales, pero solo cuatro de las cincuenta mayores empresas tecnológicas del mundo son europeas. Es una industria ahogada a nivel innovación, dependemos de Estados Unidos y China, y la solución que se aplica solo ahoga los propios intentos europeos por solventar eso.
Y la AI Act, es la demostración perfecta de esa situación, porque mientras Washington autoregul y Pekín subvenciona, Bruselas fiscaliza y multa a su propia industria.
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Soberanía sin industria
Pese a esa realidad, Virkkunen enmarca los requerimientos bajo la “soberanía tecnológica”. Pero la soberanía sin industria es solo dependencia regulada de terceros y una mentira.
Y esa realidad queda visible cuando se sabe que la UE ya negocia con OpenAI y Anthropic el acceso a sus modelos de seguridad. Y todo porque Europa no tiene modelos propios para dicha tarea. Así, la «soberanía tecnológica» y su seguridad, quedan en manos de Estados Unidos, aumentando aún más el nivel de dependencia. Eso deja en claro, que el único poder de negociación real de Bruselas es ser un mercado demasiado grande como para ignorarlo. Del resto, Europa en el sector tech está más y más relegado, es un mundo vintage a nivel tecnológico.
Regular sin entender nada la tecnología
Pero no solo eso, Europa pone palos en sus propias ruedas. Pide transparencia a nivel de datos de entrenamiento de las IA que son accesible en Europa, pero eso es algo que OpenAI, Anthropic o Grok jamás le darán. De hecho, ni siquiera Mistral que ahora es un provider de modelos chinos podrá darle esa información, porque si bien los modelos chinos son abiertos, los datos de entrenamiento sigue bajo llave. Por ello no sorprende que ninguno haya respondido al llamado, lo que pide Bruselas es absurdo.
De hecho, nos lleva a una pregunta: ¿Pondrá Europa una multa del 3% de todas sus ganancias a Mistral por eso? De hacerlo, podemos decirle adiós a Mistral, y con ello el único gran laboratorio de IA general del continente cerrará sus puertas.
Esta situación es el precio a pagar cuando regulas sin tener ni idea de la tecnología que quieres regular. La AI Act es un juego de ruleta rusa, donde Europa lleva todas las de perder. Y no es nuevo, hace poco la iniciativa No Killing Games, también paso por la misma situación, y el desconocimiento de Europa por la tecnología termino destruyendo dicha iniciativa.
Ahora con la IA, la situación es la misma, pero su alcance será aún mayor. Después de todo, negar el impacto de la IA en la industria tech es imposible, y en un mundo digital como el nuestro, cerrar todas las puertas a esta tecnología, especialmente a su desarrollo, no llevará a nada bueno.
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