Faro Santander abrió sus puertas el 8 de septiembre de 2026 en la histórica sede de Banco Santander del Paseo de Pereda de la capital cántabra. El edificio, que durante décadas fue uno de los centros de la actividad financiera del banco, inicia una nueva etapa como espacio dedicado al arte, la cultura y la tecnología.
En Observatorio Blockchain hemos querido aprovechar este momento para poner en marcha un experimento que consiste en conservar la mirada de 2026 y regresar dentro de diez años, en 2036, para descubrir cómo envejeció el futuro que hoy imaginamos.
Faro Santander y futuro
No se trata de comprobar si Faro Santander cumplió con las expectativas de su inauguración. Queremos observar si nuestras ideas actuales sobre tecnología, trabajo, economía, cultura y futuro permanecen. Ana Botín, presidenta de Banco Santander, dijo en su cuenta de X que el cambio debe ser permanente y vinculó directamente el nuevo centro cultural con la evolución del banco. A medida que Faro Santander ha estado transformádose, el banco también lo ha hecho, dijo.
Durante décadas, la sede del Paseo de Pereda del banco Santander concentró físicamente personas, información y decisiones. Ana Botín recordó durante la inauguración las reuniones a las que asistía los domingos por la tarde con su padre en una sala conocida como el Consejillo. Hoy, una reunión similiar podría hacerse por videoconferencia con participantes conectados desde diferentes países. Los clientes operan desde el móvil, el dinero circula por infraestructuras digitales y muchas actividades que antes necesitaban oficinas, documentos y presencia física se han trasladado a las redes.
El banco también ha cambiado. Santander habla hoy de construir una plataforma global y abierta de servicios financieros y presta servicio a 182 millones de clientes. El cambio es tecnológico, pero también económico y sociológico. En la actualidad, el día a día del trabajo de una organización depende cada vez menos de los espacios físicos que posee -otra cosa es por razones inversoras o financieras- y más de su capacidad para conectar personas, datos, servicios y mercados.
Lugar de encuentro
Por ello, la antigua sede del banco dejó de ser necesaria para muchas de las funciones que desempeñó durante décadas y ha terminado convirtiéndose en Faro. Su transformación permite observar el paso de instituciones organizadas alrededor de lugares físicos a instituciones articuladas cada vez más alrededor de redes. Ello significa que ha cambiado el para qué necesitamos los edificios.
Así, mientras banco Santander se hace más digital y global, su antigua sede se abre físicamente a la ciudad y el lugar que antes concentraba actividad financiera pasa a albergar arte, cultura, tecnología, conocimiento y encuentro. Sin duda, hay una paradoja interesante en ese movimiento, ya que mientras el banco se convierte en red, el edificio que lo albergó lo hace en lugar de encuentro.
Internet redujo la importancia de la distancia. El comercio electrónico modificó nuestra relación con las tiendas. La banca móvil convirtió el teléfono en una sucursal. El teletrabajo separó determinadas profesiones de la oficina. Y ahora la inteligencia artificial empieza a separar también algunas actividades intelectuales de los lugares y de las personas que tradicionalmente las realizaban. Sin embargo, seguimos necesitando espacios donde encontrarnos. Quizá incluso los necesitemos más. Cuanto más digital se vuelve una sociedad, mayor puede ser el valor de los lugares físicos capaces de generar experiencias, relaciones y comunidad. Faro Santander nace justamente en esa frontera entre ambos mundos.
No se desprende del lugar del que viene
Esa relación entre futuro y lugar aparece también en su propia concepción. Mientras una parte del centro explora las posibilidades de la tecnología, la sala Marisma, la primera que te encuentras al subir las escaleras, reserva un espacio a los artistas cántabros y a proyectos vinculados con el territorio. En Marisma, lo local no aparece como lo contrario de la innovación, sino como una forma de darle contexto y situarla.
La elección resulta significativa. En el mismo momento en que las finanzas, el trabajo, la información y buena parte de la cultura circulan por redes cada vez más globales, Faro Santander mantiene un espacio conectado con el lugar concreto en el que existe. Quizá, una de las formas de prepararse para el futuro sea precisamente no desprenderse del lugar del que viene.
Dentro de diez años podremos comprobarlo. Si en 2036 vivimos en una sociedad mucho más digital, automatizada y global que la actual, podremos regresar a Marisma y preguntarnos si lo local perdió importancia o si, por el contrario, se convirtió en algo más valioso precisamente porque buena parte del resto del mundo se hizo más reproducible y deslocalizado.
Cuando el futuro envejece
La construcción original del edificio se remonta a 1795 y, antes de convertirse en banco en 1923, tuvo otros usos, entre ellos hotel y club de regatas. En los años cincuenta experimentó otra gran transformación y los dos edificios quedaron unidos mediante el arco que hoy ya forma parte de la imagen de la ciudad.
David Chipperfield, el arquitecto que ha diseñado la reforma, ha continuado la historia del edificio preservando la identidad del mismo sin convertirla en un obstáculo para su transformación. Igual que una empresa necesita cambiar sin perder aquello que la identifica, una ciudad necesita incorporar innovación sin convertirse en un lugar indistinguible de cualquier otro. Y una sociedad necesita adoptar nuevas tecnologías sin renunciar a lo que proporciona valor a las relaciones humanas. A veces, cambiar es la única manera de permanecer.
Tecnologías rudimentarias
En septiembre de 2026 consideramos normales cosas que hace pocas décadas parecían futuristas, como trabajar desde otro país, pagar desde un teléfono, mantener una reunión desde una pantalla o conversar con una inteligencia artificial capaz de producir textos, imágenes, vídeo o código. Las tecnologías dejan de parecernos revolucionarias cuando se integran en nuestra vida cotidiana. El correo electrónico dejó de parecernos tecnología. Lo mismo ocurrió con internet, el smartphone o la videoconferencia. La innovación de ayer se convierte en infraestructura y finalmente desaparece de nuestra atención. Eso mismo sucederá con una parte de lo que hoy llamamos futuro.
Dentro de diez años, algunas tecnologías protagonistas de 2026 habrán desaparecido. Otras nos parecerán rudimentarias. Algunas serán tan habituales que apenas repararemos en ellas. Y probablemente habrán surgido otras que hoy ni siquiera sabemos imaginar. Por eso, la pregunta que nos parece interesante es qué cosas que hoy consideramos extraordinarias habrán dejado de parecérnoslo. Y, en sentido contrario, qué cosas que hoy parecen antiguas habrán adquirido más valor.
BLOQUE CERO: un experimento de diez años
Faro acaba de iniciar su nueva vida y nos proporciona algo que desaparecerá rápidamente: un punto cero. De ahí nace BLOQUE CERO, un experimento de Observatorio Blockchain que comienza en Faro Santander en septiembre de 2026 y que no terminará hasta septiembre de 2036. Su propósito es conservar una pequeña cápsula del presente para regresar a ella dentro de diez años. No queremos guardar únicamente cómo era Faro. Queremos conservar también cómo éramos nosotros cuando abrió sus puertas: qué tecnologías nos sorprendían, cómo entendíamos el trabajo, qué esperábamos de la IA, cómo estaba cambiando el dinero y qué valor concedíamos a los espacios físicos en una sociedad cada vez más digital.
Para ello hemos comenzado a construir una cápsula documental con fotografías, vídeos y documentos correspondientes a estos primeros días de Faro. Pero hay algo todavía más difícil de conservar que una imagen, y es nuestra manera de imaginar el futuro.
Cuatro inteligencias artificiales imaginan 2036
El 8 de septiembre de 2026 planteamos la misma pregunta sobre 2036 a cuatro sistemas de inteligencia artificial representativos de este momento: GPT-5.6 Sol, de OpenAI; Gemini 2.5 Flash, de Google; Grok, de xAI; y DeepSeek V4 Pro, de DeepSeek. Les pedimos que imaginaran que regresábamos a Faro Santander en septiembre de 2036 y que reflexionaran sobre qué podría haber cambiado durante esos diez años en la tecnología, la economía, el trabajo, la cultura y nuestra relación con los espacios físicos. Sus respuestas tienen valor precisamente porque han sido producidas ahora.
Las cuatro inteligencias artificiales están condicionadas por el conocimiento disponible en 2026, por la tecnología de este momento y también por las expectativas, preocupaciones y límites de nuestra época. Por eso hemos conservado sus respuestas completas, sin esperar a 2036 para decidir qué partes nos interesan. La IA participa en BLOQUE CERO como objeto tecnológico de su propia época.
Cuando abramos nuevamente estas respuestas dentro de diez años será interesante comprobar qué imaginaron, pero quizá resulte todavía más revelador descubrir qué fueron incapaces de imaginar. Sus errores, omisiones y limitaciones también serán documentos de 2026. Y podremos hacernos exactamente la misma pregunta sobre nosotros mismos.
Bitcoin para que el futuro no pueda corregir el pasado
Para que el experimento tenga sentido existe una condición fundamental. Cuando conozcamos el 2036 real no debemos poder reconstruir retrospectivamente el 2026 que dejamos guardado y ahí blockchain adquiere una función concreta. La cápsula con las respuestas de las cuatro inteligencias artificiales ha sido cerrada en un documento y registrada mediante OpenTimestamps. También hemos reunido en una cápsula audiovisual seis fotografías y dos vídeos de estos primeros días de Faro Santander y hemos registrado ese conjunto mediante el mismo procedimiento. OpenTimestamps genera pruebas criptográficas que utilizan Bitcoin como referencia temporal pública y verificable. Lo que preservamos mediante este procedimiento es una referencia criptográfica que permitirá comprobar posteriormente si los archivos recuperados son exactamente los mismos que fueron registrados en 2026.
Blockchain no puede decirnos si una fotografía cuenta la verdad, si una predicción era inteligente o si nuestra interpretación del presente era correcta, pero puede ayudarnos a responder si es exactamente el archivo que dejamos aquí en 2026 o ha sido modificado después. Ese es el papel de Bitcoin en BLOQUE CERO. La IA mira hacia delante y Bitcoin protege lo que dejamos atrás.
Septiembre de 2036
En septiembre de 2036 regresaremos a Faro Santander. Buscaremos los lugares desde los que fueron tomadas las fotografías de 2026 e intentaremos repetir algunas de ellas. Volveremos a recorrer el edificio. Abriremos los documentos conservados. Recuperaremos los vídeos. Verificaremos las pruebas criptográficas y volveremos a leer aquello que las inteligencias artificiales de 2026 imaginaron sobre ese futuro que para nosotros será ya presente.
Regresaremos también a Marisma para observar qué significa dentro de diez años hablar de territorio, proximidad y cultura local en un mundo previsiblemente mucho más conectado y digital. Y volveremos a formular la misma pregunta a las inteligencias artificiales que existan en 2036. Tendremos entonces tres imágenes: el 2026 que realmente existió, el 2036 que fuimos capaces de imaginar desde 2026 y el 2036 que finalmente llegó.
No iremos a comprobar si Faro aprobó o suspendió nuestras expectativas. Lo que queremos observar es qué ocurrió con nuestra idea de progreso y qué tecnologías permanecieron, cuáles desaparecieron, cómo cambió el trabajo, cómo evolucionaron las finanzas, qué sucedió con la inteligencia artificial y qué valor concedemos entonces a los espacios físicos. También podremos comprobar si, en una sociedad más global y digital, el territorio y lo local perdieron importancia o adquirieron precisamente un valor nuevo.
Marisma y el territorio
Faro es un lugar especialmente apropiado para realizar ese viaje porque su propia historia demuestra que el futuro nunca llega de una vez. Va sustituyendo lentamente las funciones que una sociedad deja de necesitar y creando otras nuevas. En 2026, Banco Santander aspira a convertirse en una plataforma financiera cada vez más global mientras su antigua sede se transforma en un espacio cultural abierto a la ciudad. Y dentro de ese espacio, Marisma mantiene la mirada puesta en el territorio.
Dentro de diez años Faro habrá vuelto a cambiar. Banco Santander habrá cambiado, la ciudad de la que tomó su nombre, también y nosotros también. Por eso, los que hacemos Observatorio Blockchain creemos que merece la pena conservar este instante para descubrir, en 2036, cómo envejeció el futuro que imaginábamos en 2026. Ya sé, lector, la pregunta que te haces: ¿existirán Observatorio Blockchain ú OpenTimestamps? ¿En qué habrán cambiado?

