Con una capitalización que supera los 314.000 millones de dólares, el mercado de las stablecoins se ha convertido en una infraestructura monetaria global capaz de mover decenas de miles de millones al día. Sin embargo, esta capa de dinero digital no está dominada por bancos, sino por compañías cripto como USDT y USDC, las dos stablecoins que concentran la mayor parte del uso real. Mientras USDC, emitida por Circle, opera dentro del marco regulatorio, USDT, emitida por Tether, lo hace en un entorno más opaco. Además, más del 96 % del valor total del mercado está vinculado al dólar estadounidense, un desequilibrio que ayuda a explicar por qué la banca tradicional ha dejado de observar el fenómeno y ha pasado a la acción.
Bancos y stablecoins
Desde el punto de vista de los grandes bancos, las stablecoins han dejado de ser una innovación marginal para convertirse en dinero digital operativo, utilizado ya para pagos y transferencias internacionales fuera del sistema bancario tradicional. En la práctica, esto ha dado lugar a una infraestructura monetaria paralela, construida fuera de los balances bancarios y con reglas propias, un escenario que ha empezado a generar una inquietud creciente en el sector financiero.
El contraste entre el dólar y el euro es especialmente significativo. Mientras las stablecoins vinculadas al dólar suman alrededor de 304.000 millones de dólares, las vinculadas al euro apenas alcanzan los 670 millones, repartidos entre 22 activos, frente a los más de 387 en denominados en dólares listados en Coingecko. Este desequilibrio, además de cuantitativo, es geopolítico y monetario. Tal y como ha subrayado en repetidas ocasiones Observatorio Blockchain, un euro sin representación nativa en blockchain pierde capacidad de uso internacional, liquidación 24/7 y presencia en los mercados digitales y tokenizados que ya están surgiendo.
Las stablecoins son el dinero ultraprocesado adaptado a una economía globalizada
Consorcios bancarios para stablecoins
Para los bancos europeos, no reaccionar implica asumir que el dinero digital del futuro hable únicamente en dólares, se liquide en infraestructuras ajenas y dependa de emisores privados no europeos. Ese riesgo explica la aparición de consorcios bancarios para emitir stablecoins en euros y la entrada directa de grandes entidades en este mercado. Es el caso de Qivalis, impulsado por entidades como CaixaBank, ING, UniCredit, BNP Paribas, KBC, Danske Bank, DekaBank, SEB, Banca Sella y Raiffeisen Bank International. El objetivo es lanzar una stablecoin vinculada al euro en el marco regulatorio de MiCA.
En paralelo, el español Banco Santander también forma parte de un consorcio internacional de grandes bancos que han comenzado a diseñar de manera conjunta la emisión de stablecoins o instrumentos de dinero digital respaldados por reservas, vinculadas a divisas del G7. En este grupo participan también Bank of America, Barclays, BNP Paribas, Citi, Deutsche Bank, Goldman Sachs, MUFG, TD Bank y UBS. El objetivo del consorcio es analizar cómo la banca puede emitir dinero digital estable en blockchains públicas sin ceder control regulatorio ni el papel central en los flujos globales de pago. Toda una señal de que las stablecoins ocupan ya un lugar estratégico en la agenda de las principales entidades financieras del mundo.
BBVA y su stablecoin
A estas estrategias colectivas se suman movimientos individuales de grandes entidades, como es el caso del banco español BBVA, que prevé lanzar una stablecoin este mismo año en colaboración con Visa.
A diferencia de estos proyectos, aún en fase de diseño, el banco francés Société Générale lanzó su primera stablecoin, EUR CoinVertible (EURCV), en abril de 2023, convirtiéndose en el primer gran banco europeo en emitir un token estable vinculado al euro. EURCV cuenta en la actualidad con una capitalización de más de 76.000 dólares. Posteriormente, en 2025, lanzó al mercado USD CoinVertible (USDCV), referenciada al dólar y con una capitalización de casi 9.000 dólares en la actualidad.
En Asía, Japón registró en 2025 el lanzamiento de JPYC, la primera stablecoin vinculada al yen japonés, para internacionalizar la moneda japonesa y abrir nuevas vías de pagos digitales. La principal marca de tarjetas del país, JCB, también ha anunciado una alianza con Digital Garage y el banco Resona Holdings para desarrollar infraestructura de pagos basada en stablecoins, una competencia directa a los sistemas tradicionales de Visa y Mastercard.
Problema estructural
La preocupación de los bancos es que las stablecoins puedan mover valor las 24 horas del día fuera de sus balances, lo que afectaría a sus ingresos por pagos, intermediación y custodia del dinero. Sobre el impacto directo de las stablecoins sobre el los pagos en el negocio bancario, el responsable de criptomonedas de Visa, Cuy Sheffield, reconoció hace unos días que aún no existe una aceptación masiva de las stablecoins. Motivo, por el que las stablecoins siguen necesitando a redes como Visa para llegar al comercio, indicó.
Para la banca, llegar tarde a este mercado implica operar con stablecoins ajenas, sobre infraestructuras ajenas y en monedas ajenas. La combinación entre el dominio del dólar, la escala alcanzada por el mercado y la posible pérdida de soberanía monetaria y de negocio por parte de los bancos europeos ha convertido a las stablecoins en un problema estructural, no tecnológico

