Carolyn Wilkins, miembro externo del Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, afirma que las stablecoins pueden acabar convirtiéndose en una gigantesca red mundial de distribución del dólar. Y, de paso, en una nueva fuente de compradores de deuda pública de Estados Unidos. Wilkins pronunció estas palabras en un discurso pronunciado ayer, 15 de septiembre, en la Queen’s University de Belfast sobre stablecoins, dinero y poder internacional.
Su análisis parte de que alrededor del 98% del valor de las stablecoins está denominado en dólares. Es decir, aunque blockchain nació con la promesa de crear un sistema financiero alternativo, la inmensa mayoría del dinero estable que circula actualmente por estas redes reproduce la moneda dominante del sistema financiero tradicional: el dólar.
Dolarización digital
Wilkins recuerda que el mercado ya no es pequeño. Las stablecoins en circulación alcanzaron aproximadamente 300.000 millones de dólares a mediados de 2026, frente a menos de 5.000 millones a comienzos de 2020. La representante del Banco de Inglaterra utiliza el concepto de dolarización digital para explicar una de las transformaciones más interesantes que pueden provocar las stablecoins.
Imaginemos una persona que vive en un país con una moneda que pierde valor rápidamente y que quiere ahorrar en dólares. Tradicionalmente, conseguirlos podía exigir una cuenta bancaria en dólares, acudir al mercado de divisas o recurrir a intermediarios financieros. Una stablecoin cambia esa lógica.
Con USDT o USDC, esa persona puede mantener en su teléfono un activo diseñado para valer un dólar sin necesidad de tener una cuenta bancaria en Estados Unidos. Esto permite que el dólar llegue a lugares y usuarios a los que antes tenía más dificultades para llegar.
Las stablecoins también pueden moverse entre países las 24 horas del día y reducir la dependencia de algunas cadenas tradicionales de bancos corresponsales. La diferencia puede ser especialmente relevante allí donde enviar dinero sigue siendo caro. En 2024, mandar una remesa de 200 dólares costaba alrededor del 6,4% de media mundial. En África subsahariana, aproximadamente el 8,5%.
Wilkins se pregunta ¿qué tiene que ver todo esto con la deuda de EEUU? Mucho, porque cuando alguien compra 100 USDT o 100 USDC, detrás de esos tokens tiene que haber activos que respalden su valor. Los emisores mantienen esas reservas en activos líquidos, entre ellos deuda pública estadounidense a corto plazo.
Los 12 riesgos que los bancos centrales ven en las stablecoins
La Ley GENIUS aprobada en Estados Unidos en 2025 refuerza precisamente este modelo al exigir reservas elegibles por valor de al menos un dólar por cada dólar de stablecoins emitidas. Por tanto, cuanto más crece el mercado de stablecoins, más reservas necesitan sus emisores. Y parte de ese dinero acaba en letras del Tesoro estadounidense.
El resultado empieza a ser considerable. A finales de 2025, USDT y USDC poseían conjuntamente casi 150.000 millones de dólares en letras del Tesoro. Solo durante ese año realizaron compras netas por alrededor de 33.000 millones de dólares.
El Banco de Inglaterra señala que, aunque estas cantidades siguen siendo pequeñas respecto al gigantesco mercado de deuda estadounidense, los mayores emisores de stablecoins ya se han convertido en actores importantes del mercado de deuda pública a corto plazo.
El círculo que beneficia al dólar
Cuantas más personas utilizan stablecoins, más dólares digitales circulan por el mundo y cuantas más stablecoins se emiten, más reservas necesitan sus emisores. Y cuanto mayores son esas reservas, mayor puede ser la compra de letras del Tesoro estadounidense. Se crea así una especie de círculo, donde más stablecoins, suponen más dólares digitales, más reservas y más demanda de deuda de EEUU.
A su vez, la enorme liquidez de los mercados financieros estadounidenses hace que las stablecoins denominadas en dólares sean especialmente atractivas. La Administración estadounidense es consciente de esta oportunidad. En este sentido, Wilkins recuerda que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha defendido expresamente que las stablecoins denominadas en dólares pueden reforzar el papel internacional de la moneda estadounidense y aumentar la demanda de títulos del Tesoro.
Por eso las stablecoins han dejado de ser únicamente un asunto de la industria cripto. También se han convertido en una cuestión de política monetaria y poder económico.
Los riesgos del círculo
Pero hay una segunda cara. Si entran miles de millones en stablecoins, los emisores compran activos para respaldarlas. Si sucede lo contrario y millones de usuarios quieren recuperar simultáneamente sus dólares, los emisores necesitan efectivo. Y para conseguirlo pueden tener que vender parte de sus reservas.
Si el mercado de stablecoins creciera enormemente y varios grandes emisores vendieran letras del Tesoro al mismo tiempo, esas ventas podrían aumentar las tensiones en el mercado estadounidense de deuda. Wilkins deja claro que hoy las stablecoins todavía no tienen tamaño suficiente para representar una amenaza importante para el mercado del Tesoro estadounidense.
La preocupación es qué puede ocurrir si alcanzan una escala mucho mayor. Ya existe un precedente que ayuda a entender el riesgo. Cuando Silicon Valley Bank quebró en marzo de 2023, Circle tenía aproximadamente 3.300 millones de dólares de las reservas de USDC depositados en el banco. La incertidumbre sobre ese dinero provocó una oleada de reembolsos y USDC perdió temporalmente su paridad con el dólar. La stablecoin recuperó el nivel de un dólar después de que las autoridades estadounidenses garantizaran los depósitos de Silicon Valley Bank.
Lo sucedido mostró que una stablecoin puede circular por blockchain, pero su estabilidad continúa dependiendo de los activos y las instituciones financieras que existen detrás de ella.
El 98% que puede cambiar el mapa del dinero
La gran cuestión que plantea el Banco de Inglaterra es qué puede significar todo esto para el poder internacional del dólar. La moneda estadounidense ha perdido peso en las reservas oficiales mundiales. Su participación ha pasado de algo más del 70% alrededor del año 2000 a aproximadamente el 57% en el primer trimestre de 2026.
Pero sigue siendo extraordinariamente dominante en los mercados financieros internacionales: estuvo presente en el 89,2% de las operaciones extrabursátiles de divisas en abril de 2025.
Ahora las stablecoins ofrecen al dólar otra vía para extenderse. Y esta vez no necesita hacerlo exclusivamente mediante bancos. Un USDT o un USDC puede circular por una blockchain pública, cruzar fronteras y acabar en el teléfono de una persona situada a miles de kilómetros de Estados Unidos.
La infraestructura es nueva. La moneda, no. De hecho, Wilkins plantea una paradoja especialmente interesante: el sistema internacional de pagos puede hacerse cada vez más digital y multipolar mientras el dólar continúa reforzando su presencia dentro de esas nuevas redes.
China y otros países están construyendo infraestructuras alternativas de pagos. Las CBDC, las stablecoins y las nuevas plataformas digitales pueden reducir la dependencia de los canales bancarios tradicionales controlados desde Estados Unidos. Pero eso no significa necesariamente que dejen de utilizar dólares. Y ahí está probablemente la gran oportunidad estadounidense.
Las stablecoins pueden hacer que el dinero viaje por nuevas carreteras mientras el dólar continúa siendo el vehículo. Si el mercado sigue creciendo, los emisores de stablecoins no solo distribuirán dólares digitales por todo el planeta. También podrían convertirse en compradores cada vez más relevantes de la deuda que financia a Estados Unidos.

