A las denominadas Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAOs) se las ha promocionado durante años como la vanguardia de la gobernanza autónoma y descentralizada. Sin embargo, estas organizaciones se enfrentan cada vez más a cuestionamientos relevantes, ya que la narrativa de sistemas gobernados exclusivamente por código está siendo matizada por investigaciones como las del propio Banco Central Europeo (BCE), que revelan una concentración de poder que, en ciertos aspectos, las aproxima a estructuras corporativas tradicionales, aunque sin sus mecanismos claros de responsabilidad legal.
DAO ¿Qué son estas organizaciones?
Para entender qué es una DAO, imagina que un grupo de personas decide crear un club o una empresa, pero en lugar de confiar en un jefe, un presidente o un notario para que se cumplan las reglas, confían en el código informático escrito en un smart contract. De esta manera, la DAO busca obtener tres grandes características:
- Sin jefes (descentralizada). No hay un director ejecutivo o una junta directiva que tome las decisiones de forma unilateral. El poder se reparte entre todas las personas que poseen un token (una especie de ficha digital o acción de esa organización).
- Funciona sola (autónoma). Las reglas del grupo se escriben en un contrato inteligente (smart contract), que es un programa informático que se ejecuta automáticamente. Por ejemplo, si el 60% vota que sí a gastar fondos en X proyecto, el dinero se envía automáticamente.
- Transparencia total. Al vivir sobre una cadena de bloques (blockchain), cualquier persona puede ver en qué se gasta el dinero, quién votó qué y cuáles son las reglas exactas.
Pero ¿se cumplen plenamente estos tres puntos en las DAOs actuales? La evidencia empírica sugiere que no siempre, según el BCE.
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El espejismo de la autonomía
Y esto no es algo que afecte solo a una DAO o a un pequeño grupo de ellas. En marzo de 2026, espacios como DeepDAO indican que existen unas 12.000 de estas organizaciones, algunas incluso de origen español, como el caso de Aragon.
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En todo caso, estas organizaciones gestionan un volumen significativo de valor total bloqueado (TVL) dentro del ecosistema cripto. Sin embargo, el crecimiento en volumen no implica necesariamente una descentralización efectiva ni ausencia de riesgos. De hecho, el rápido desarrollo de estas estructuras ha ido acompañado de un creciente debate sobre su encaje dentro de los marcos regulatorios existentes.
Pero ¿por qué ocurre esto en organizaciones que se suponen descentralizadas? Una de las claves está en la distribución de los tokens de gobernanza. Diversos análisis, incluyendo el del BCE, muestran que, aunque los tokens están distribuidos entre miles de direcciones, una pequeña proporción de actores concentra una parte muy significativa del poder de voto. Por ejemplo, el BCE documenta que los 100 mayores tenedores pueden controlar más del 80% del suministro en varios protocolos analizados.
Esta asimetría convierte la descentralización en un concepto que, en la práctica, puede ser parcial o incompleto, lo que ha dado lugar a términos como «DINO» (Decentralized In Name Only), es decir, descentralización más nominal que efectiva.
En este contexto, muchas DAOs presentan dinámicas que recuerdan, en cierta medida, a juntas de accionistas, donde grandes participantes (whales) tienen una influencia desproporcionada. A esto se suma el hecho de que, debido al carácter pseudónimo de las direcciones blockchain, en muchos casos no es posible identificar con claridad quién está detrás de las decisiones.
Protocolos bajo escrutinio
El análisis empírico ya ha puesto el foco en protocolos concretos como Aave, MakerDAO y Uniswap. El propio BCE estudia estos casos y concluye que una parte relevante de los tokens de gobernanza puede estar en manos de entidades vinculadas a los propios protocolos o a plataformas de intercambio (exchanges), lo que puede reforzar la concentración de poder.
Además, el informe destaca que una gran parte de la actividad de voto proviene de delegados, es decir, actores a los que otros usuarios han cedido su poder de decisión. Este mecanismo, aunque puede mejorar la participación, también puede amplificar la influencia de determinados participantes y dificultar aún más la trazabilidad del poder real.
En algunos casos, como MakerDAO y su evolución reciente, o en sistemas como Uniswap, el uso de delegación ha contribuido a la aparición de actores recurrentes en la gobernanza, que concentran una parte significativa de la capacidad de decisión. No obstante, el BCE evita establecer juicios categóricos sobre protocolos individuales y se centra en patrones generales del ecosistema.
La ofensiva regulatoria
Ante esta situación, el debate regulatorio en Europa está evolucionando. El BCE no propone medidas concretas inmediatas, pero sí introduce un concepto clave: la necesidad de identificar posibles puntos de anclaje regulatorios. Esto implica que, en la medida en que una estructura no sea plenamente descentralizada, podrían existir actores relevantes sobre los que aplicar obligaciones regulatorias. Entre los posibles candidatos que se discuten en el ámbito académico y regulatorio se encuentran:
Desarrolladores principales, especialmente si mantienen control sobre el código o claves administrativas. Grandes tenedores de tokens si su influencia en la gobernanza es determinante. Intermediarios o interfaces, como plataformas que facilitan el acceso de usuarios a los protocolos.
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Sin embargo, el propio BCE subraya que, con la información pública actual, no siempre es posible identificar claramente a estos actores ni asignar responsabilidades de forma inequívoca.
El futuro de la gobernanza programable
Ante este panorama, la cuestión no es tanto si las DAOs desaparecerán, sino cómo evolucionarán. La evidencia apunta a que la descentralización no es un estado absoluto, sino un espectro, y que muchas de las estructuras actuales se sitúan en posiciones intermedias.
Es probable que el sector evolucione en varias direcciones. Por un lado, algunas organizaciones podrían adaptarse a marcos legales existentes, adoptando estructuras híbridas que combinen elementos de descentralización con mayor claridad jurídica. Por otro, podrían surgir nuevas generaciones de DAOs que intenten reforzar mecanismos de descentralización real y transparencia.
La llamada paradoja del fundador, el hecho de que muchos proyectos nacen con estructuras inicialmente centralizadas, sigue siendo uno de los principales retos. En la práctica, muchos tokens de gobernanza han funcionado de forma similar a participaciones en una empresa, aunque sin los derechos legales asociados.
En definitiva, más que el fin de las DAOs, lo que parece estar produciéndose es una fase de maduración. El desafío ahora es alinear la promesa tecnológica de la descentralización con estructuras de gobernanza que sean efectivamente transparentes, responsables y sostenibles a largo plazo.

