Revilla, Toñuco y Ana Botín derrotan a Silicon Valley en El Puntal
Revilla, Toñuco y Ana Botín derrotan a Silicon Valley en El Puntal

El día que Revilla, Toñuco y Ana Botín pusieron de rodillas a Silicon Valley en El Puntal

Si algo nos ha enseñado la tecnología es que los ingenieros de Silicon Valley pisan muy poco o casi nada la playa. Solo así puede explicarse que enviaran a FinBot-7, su agente de IA financiera más caro y sofisticado, a gestionar una comida un sábado soleado de agosto en El Puntal. Nos referimos a esa franja de arena donde conviven señores con camisas de lino de trescientos euros que acaban de desembarcar de su velero con trescientos chavales en chanclas montando un macrobotellón con un altavoz de reguetón que hace temblar toda la bahía. El choque de clases es tan violento que el bot clasificó El Puntal como zona de conflicto por el control del postureo.

El agente sintético pisó la arena intentando guardar la compostura mientras intentaba comprender por qué la terraza de El Puntal reunía a empresarios, surfistas, familias, influencers, notarios y un señor en bañador hablando por videoconferencia de una ampliación de capital. El algoritmo concluyó que se encontraba ante un error de segmentación social.

Pero la misión terminó de complicarse cinco minutos después por culpa de la primera gran variable cántabra: Miguel Ángel Revilla. El expresidente de Cantabria, que paseaba por la orilla con las pantorrillas al aire, vio al robot desorientado y olió la sangre. Sin necesidad de presentación, empezó una explicación sobre las anchoas de Santoña, el AVE que nunca llega a la región, el precio de la vivienda en Somo y el sentido común. Cuando terminó, el bot seguía intentando averiguar cuál había sido exactamente el tema de la conversación.

Los registros del sistema solo conservan un último mensaje antes del bloqueo. Demasiado contexto. Imposible establecer una línea argumental. Con la GPU echando humo, FinBot-7 por fin consiguió llegar hasta el Chiringuito de Tricio. Pidió unas rabas y después una lubina. La pidió porque el camarero le dijo que la lubina era de Cantabria y que la había pescado un tal Toñuco la noche anterior. FinBot-7 dedicó cuatro millones de operaciones por segundo a buscar quién era Toñuco. No encontró ningún dato, pero pidió la lubina. Los ingenieros consideran ese momento como la primera vez que un agente autónomo de IA sustituyó un algoritmo por la palabra de un camarero.

Terminada la comida llegó el instante para el que había cruzado el Atlántico. Sacó el móvil, generó un código QR, abrió su cartera digital y anunció con la solemnidad de quien cree estar haciendo historia que pagaría la cuenta en USDC sobre la red Solana. El camarero observó la pantalla durante unos segundos y levantó la vista: Muy bien, campeón ¿y con tarjeta puedes? El silencio duró ocho segundos.Para un ser humano no significa nada, pero para FinBot-7 fueron casi quinientos millones de operaciones sin encontrar una respuesta válida.

Cuando el algoritmo empezaba a asumir que terminaría fregando vasos para saldar la deuda, apareció la última variable que Silicon Valley tampoco había incluido en el entrenamiento. Ana Botín,  presidenta del Santander comía tranquilamente dos mesas más allá. Observó la escena con cierta ternura, sacó el móvil y le hizo un Bizum al camarero antes de que el robot terminara de explicar la diferencia entre una stablecoin y un depósito tokenizado.

FinBot-7 permaneció inmóvil durante varios segundos. Estaba revisando todos los modelos económicos conocidos para averiguar cómo un simple Bizum acababa de derrotar a una stablecoin.  Aquella misma noche envió su informe a California. Objetivo no cumplido. Cantabria presenta graves dificultades para la IA. La población confía más en un camarero que conoce a Toñuco que en cualquier protocolo criptográfico. Se recomienda posponer la conquista tecnológica de la región.

Desde entonces, FinBot-7 se niega a volver a España. Aunque, fuentes cercanas al agente aseguran que todavía pregunta de vez en cuando si finalmente llegó a Cantabria el AVE.

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