En 2020, el sociólogo español Javier Callejo empezó a plantear en Observatorio Blockchain qué sucedería con las clases medias si la tokenización permitía la fragmentación, incluso la microfragmentación, de la propiedad de bienes hasta entonces fuera de su alcance, una cuestión que apenas formaba parte del debate sobre la tokenización. Seis años después, cuando bancos, gestoras y mercados financieros han incorporado la tokenización a sus estrategias, la pregunta adquiere otra dimensión.
Una revisión de la literatura anterior permite encontrar trabajos sobre propiedad fraccionada, democratización de la inversión e incluso consecuencias sociales de los tokens, pero no hemos localizado un autor hispanohablante anterior que llevara expresamente la tokenización al terreno de las clases sociales.
Tokenización social
El 3 de septiembre de 2020, Callejo publicó en Observatorio Blockchain: Tokenización de bienes y la necesaria criptoculturización de las clases medias. En aquellos momentos, la tokenización era explicada principalmente como una innovación tecnológica y financiera capaz de representar activos en blockchain, dividirlos y facilitar su negociación. Sin embargo, Callejo puso el foco en las personas que podrían convertirse en propietarias de esos fragmentos.
Habló de la fragmentación, incluso microfragmentación, de la propiedad y la relacionó con una clase media que veía deteriorarse algunas de sus expectativas tradicionales de movilidad social. Para Callejo, la posibilidad de acceder mediante pequeñas cantidades a bienes anteriormente reservados a patrimonios elevados podía modificar la relación de esas clases medias con el ahorro, la inversión y la propiedad. Un pequeño inversor es una categoría financiera; una clase media es una categoría sociológica. Callejo se preguntaba qué consecuencias podía tener una nueva forma de propiedad sobre la estructura social.
La procedencia intelectual de Callejo ayuda a explicar aquella mirada. Callejo es catedrático de Sociología de la UNED. Antes, llevó a cabo investigaciones aplicadas, en el ámbito del mercado, para distintas empresas, entre las que se encuentran: Telefónica, Iberia, RTVE, Tele 5, Canal Plus, Zurich Seguros o Microsoft. La propia UNED sitúa entre sus principales ámbitos la metodología de las ciencias sociales, la sociología de la comunicación y la sociología del consumo.
La privacidad como mercancía
Esto resulta importante para entender sus artículos en Observatorio Blockchain. Callejo no procedía de la industria cripto buscando una interpretación social de una nueva tecnología. Era un sociólogo que encontró en blockchain un nuevo objeto desde el que observar cuestiones antiguas, como propiedad, valor, instituciones, desigualdad, coleccionismo, consumo y clases sociales.
En agosto de 2019 publicó en nuestro diario el artículo: Blockchain, una oportunidad para que los usuarios conserven o exploten su privacidad. En este texto, Callejo reconstruía históricamente la separación entre lo público y lo privado desde el ascenso de la burguesía occidental, la Ilustración y la aparición del hogar moderno.
Desde ahí recorría la radio, la televisión, el teléfono, las cabinas telefónicas, internet, los asistentes digitales y el Internet de las Cosas para desembocar finalmente en blockchain. Su interés estaba en cómo las tecnologías alteran instituciones y comportamientos sociales. En aquel caso, la institución elegida era la privacidad.
La propiedad
Callejo sostenía que la privacidad se ha convertido en mercancía. Los datos generados dentro del espacio privado habían adquirido valor económico y estaban siendo explotados fundamentalmente por las grandes plataformas. Blockchain podía introducir, a su juicio, mecanismos para devolver al usuario mayor capacidad de decisión sobre esos registros.
Un año después, el objeto de su análisis dejó de ser la privacidad y pasó a ser la propiedad. El artículo de 2020 resulta especialmente interesante porque Callejo parte de la clase media. Habla de movilidad social, ahorro y propiedad antes de introducir las posibilidades de blockchain. Esa dirección del razonamiento distingue su análisis de buena parte del discurso tecnológico de aquellos años.
La propiedad ha sido históricamente uno de los elementos que ayudan a explicar las diferencias entre posiciones sociales. No solo importa cuánto gana una persona, también importa si posee vivienda, tierra, empresas, acciones, ahorros y otros activos capaces de proporcionar seguridad, rentas o patrimonio transmisible. La tokenización introducía la posibilidad de dividir algunos de esos activos en unidades económicas mucho menores.
Estratificación social
La propiedad fraccionada y la promesa de democratizar las inversiones ya formaban parte del debate internacional sobre la tokenización. Francis Jervis, de New York University, publicó en marzo de 2019 From Economization to Tokenization: New Forms of Economic Life On-Chain, un trabajo dedicado a las nuevas formas de vida económica creadas mediante tokens.
La diferencia es que Callejo introdujo en ese debate una categoría sociológica concreta: las clases medias y su relación con la propiedad. Y no fue una referencia aislada. Tres años después, retomó y amplió esa idea en Observatorio Blockchain con Tokenización y estilo de vida de las nuevas clases medias globales. La tokenización, sostiene, permite acceder mediante la fragmentación a proyectos empresariales, obras de arte, joyas y otros bienes. De ahí deriva una hipótesis mucho más ambiciosa: La clase media vendrá definida por la estructura de tokens que posea.
La frase introduce el token directamente en el análisis de la estratificación social. Si tradicionalmente se han utilizado la profesión, los ingresos, la educación, la vivienda, el consumo o el patrimonio para analizar la posición social de los individuos, Callejo plantea que en una economía profundamente tokenizada podría importar también la composición de los activos digitales que posee cada persona.
Hernando de Soto
Añade además que los activos tokenizados pueden circular en mercados que desbordan las fronteras nacionales. De ahí que hable de nuevas clases medias globales. La propiedad digital podría contribuir, en su hipótesis, a construir formas de pertenencia económica menos vinculadas al territorio que las clases medias desarrolladas durante el siglo XX.
A finales de 2023, Callejo amplió nuevamente el marco. En el artículo «La tokenización es la segunda revolución de la propiedad» recurrió al economista peruano Hernando de Soto para recordar la importancia que tuvo el reconocimiento moderno de los derechos de propiedad en el desarrollo del capitalismo. Su argumento es que la tokenización puede representar una nueva transformación porque facilita la división y circulación de esos derechos y su conversión en capital.
El recorrido intelectual empezaba a quedar claro. Lo que en 2020 había aparecido como microfragmentación de la propiedad para las clases medias terminaba convertido en una reflexión sobre la propia naturaleza de la propiedad en el capitalismo. En 2024, esa ampliación continuó con sus textos sobre financiarización y economía tokenizada. La cuestión era qué sucede cuando cada vez más bienes pueden transformarse en activos negociables y cuando, paralelamente, cada vez más ciudadanos pueden convertirse en inversores.
Tokenización y sociedad
Es la continuidad de estos artículos la que otorga interés al papel de Observatorio Blockchain. Su hemeroteca permite reconstruir durante varios años el desarrollo público de una interpretación sociológica de blockchain mientras la propia tecnología estaba evolucionando.
Callejo utilizó el periódico para analizar cuestiones que iban mucho más allá de los precios de las criptomonedas. Privacidad, propiedad, clases medias, estilos de vida, globalización, financiación empresarial y capitalismo fueron entrando progresivamente en sus textos. Ese espacio también permitió un tipo de reflexión poco habitual en los primeros años de blockchain. Mientras buena parte de la conversación especializada estaba dedicada a explicar cómo funcionaban las nuevas tecnologías, Callejo intentaba preguntarse qué clase de sociedad podían producir.

