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Por qué el futuro de la industria cripto mundial se decide estos días en Washington

En la actualidad, el futuro de la industria cripto mundial se está decidiendo en Washington entre demócratas y republicanos, en una batalla política que determinará quién controlará las reglas de la nueva economía digital. Aunque la Ley CLARITY se presenta como la propuesta estadounidense para organizar el mercado de activos digitales, reducirla a una ley nacional sería dejar al margen su verdadera dimensión.

Estados Unidos es el lugar donde se encuentran las empresas más influyentes, el capital que financia la innovación, los mayores mercados institucionales y la moneda que domina la economía blockchain. Por ello, las decisiones que adopte el Congreso condicionarán el funcionamiento de empresas, protocolos, inversores y usuarios en todo el mundo.

La industria cripto y Washington

Europa aprobó MiCA y puede presumir de haber construido antes que nadie de un marco regulatorio para los criptoactivos. Sin embargo, MiCA y CLARITY no son intercambiables ni poseen la misma capacidad de transformar el mercado global. MiCA organiza el acceso a un mercado regional. CLARITY puede reorganizar el centro mundial de gravedad de la industria.

Blockchain nació con la promesa de crear redes abiertas que pueden funcionar al margen de las fronteras nacionales. Bitcoin no necesita autorización de ningún gobierno para producir un bloque. Ethereum no depende de una licencia estadounidense para ejecutar un contrato inteligente. Un protocolo descentralizado puede utilizarse desde Buenos Aires, Madrid, Lagos o Singapur. Pero una red descentralizada no es lo mismo que una industria descentralizada.

Alrededor de los protocolos se han construido exchanges, custodios, compañías de stablecoins, fondos de inversión, proveedores de datos, empresas de infraestructura, plataformas de pagos, desarrolladores de software y grandes gestores de activos. Esas compañías sí tienen sedes, empleados, accionistas, cuentas bancarias, obligaciones legales y mercados prioritarios. Una parte decisiva de ese entramado se encuentra en Estados Unidos o depende de él.

Negocio, inversión y dinero

Coinbase cotiza en el Nasdaq y es una de las principales puertas de entrada institucional al mercado. Circle emite USDC. Ripple, Consensys, Chainlink Labs, Kraken, Gemini y Anchorage Digital forman parte de la infraestructura empresarial del sector. Andreessen Horowitz y Paradigm han financiado numerosos proyectos. BlackRock, Fidelity y Franklin Templeton han integrado activos digitales y tokenización en sus negocios. JPMorgan, Visa y Mastercard desarrollan sistemas que conectan blockchain con las finanzas tradicionales.

No todas las empresas importantes son estadounidenses, naturalmente. Binance, Tether y numerosos desarrolladores y plataformas operan desde otras jurisdicciones. Pero también necesitan acceso a la liquidez en dólares, a clientes estadounidenses, a bancos corresponsales, a inversores institucionales o a mercados sujetos directa o indirectamente a las reglas de Washington.

Estados Unidos no controla las redes, pero controla una parte muy relevante de las vías mediante las que esas redes se convierten en negocio, inversión y dinero.

Una estructura federal

Algunas interpretaciones presentan CLARITY como una ley destinada a resolver si determinados activos digitales deben estar bajo la SEC o bajo la CFTC. Sin duda, se trata de una cuestión importante, pero no agota el alcance de la propuesta. CLARITY pretende construir una estructura federal para los mercados de activos digitales. El texto aprobado por la Cámara de Representantes establece requisitos para participantes del mercado, contempla registros para exchanges, corredores y distribuidores de commodities digitales y articula normas sobre intermediación, custodia, divulgación y protección de los activos de los clientes. También busca coordinar las competencias de la SEC y la CFTC, dos organismos cuya superposición ha contribuido durante años a la inseguridad jurídica del sector.

Por tanto, no se limita a poner una etiqueta jurídica a cada token. Intenta responder a cómo puede funcionar en Estados Unidos un mercado completo de activos digitales sin depender de interpretaciones cambiantes, litigios y actuaciones regulatorias caso por caso.

La Cámara de Representantes aprobó el proyecto en julio de 2025, pero su transformación en ley depende todavía del proceso del Senado y de la reconciliación de las distintas propuestas de estructura de mercado. Del resultado que se obtenga en el Senado depende que los activos digitales puedan pasar de ser un mercado especializado a integrarse de manera estable en el mayor sistema financiero del planeta.

Stablecoins vinculadas al dólar

La razón más poderosa por la que CLARITY puede influir en toda la industria no se encuentra únicamente en las empresas estadounidenses. Tiene que ver con la moneda con la que funciona el ecosistema y en este sentido, la economía cripto mundial está dolarizada. Una parte enorme de las compraventas, los préstamos, las garantías, los pagos y la liquidez de las redes blockchain se expresa mediante stablecoins vinculadas al dólar.

El Banco de Pagos Internacionales calcula que las stablecoins denominadas en dólares representan más del 98% de este mercado por valor. El propio BIS ha advertido además de que estos instrumentos tienen una presencia transfronteriza creciente y pueden extender el uso de la moneda estadounidense en países sometidos a inflación, volatilidad cambiaria o sistemas financieros poco accesibles.

El Fondo Monetario Internacional ha señalado que casi todas las stablecoins están vinculadas al dólar, pero la mayor parte de sus operaciones se realiza fuera de Estados Unidos. Es decir, el producto monetario es estadounidense, mientras que su mercado es mundial.  USDT, USDC y otros dólares digitales son utilizados para mover liquidez entre exchanges, entrar y salir de posiciones, operar en protocolos DeFi, realizar pagos internacionales y conservar valor en economías con monedas débiles. Para millones de personas, una stablecoin es la forma más accesible de disponer de dólares sin tener una cuenta bancaria en Estados Unidos.

Por eso Washington no está regulando únicamente un sector tecnológico nacional. Está regulando una infraestructura que distribuye su moneda por todo el planeta.

GENIUS reguló el dinero y CLARITY debe organizar las carreteras

La aprobación de la Ley GENIUS creó un marco federal para las stablecoins de pago y reforzó la estrategia estadounidense de vincular su crecimiento a la hegemonía del dólar. El Departamento del Tesoro ha descrito expresamente estos activos como una vía nativa de internet capaz de ampliar el acceso mundial a la economía del dólar y aumentar la demanda de activos estadounidenses utilizados como reservas. Sin embargo, regular la emisión del dinero digital no basta.

Las stablecoins necesitan blockchains para circular, exchanges para negociarse, custodios para almacenarse, intermediarios para conectarse con cuentas bancarias y mercados donde puedan utilizarse como liquidez o garantía. También necesitan reglas sobre insolvencia, segregación de fondos, conflictos de interés y protección de clientes. GENIUS establece las condiciones del vehículo monetario. CLARITY pretende organizar buena parte de las carreteras por las que circula.

Esa relación explica la urgencia expresada por a16z Crypto. La firma sostiene que regular las stablecoins sin ordenar las redes y los mercados de activos digitales equivale a regular los teléfonos inteligentes sin atender las redes celulares que les permiten funcionar.

Aunque la comparación puede resultar interesada porque a16z ha invertido importantes de dinero en compañías cripto, sí señala una deficiencia real. Una stablecoin puede estar respaldada por reservas adecuadas y, aun así, llegar al usuario mediante un intermediario que mezcle los fondos de sus clientes, opere sin controles suficientes o quiebre. La regulación del emisor no sustituye la regulación del mercado.

Alcanzar una nueva escala

La industria cripto ha demostrado que puede sobrevivir sin una ley estadounidense. Bitcoin ha funcionado durante años, Ethereum sostiene miles de aplicaciones y los mercados internacionales no dejarán de operar aunque el Congreso vuelva a aplazar una decisión. Pero sobrevivir no es lo mismo que alcanzar una nueva escala.

El siguiente crecimiento del sector depende de que bancos, gestoras, fondos de pensiones, empresas de pagos y operadores de mercados puedan utilizar blockchain dentro de estructuras jurídicas reconocibles. BlackRock puede emitir fondos tokenizados. JPMorgan puede desarrollar sistemas de liquidación. Las cámaras de compensación pueden experimentar con valores digitales. Los bancos pueden probar depósitos tokenizados. Sin embargo, ninguna institución que gestione billones de dólares desplegará masivamente esos productos si desconoce qué licencia necesita, qué autoridad la supervisará, cómo debe custodiar los activos o qué responsabilidad asumirá frente a sus clientes.

La tecnología está lista para ejecutar transacciones. Lo que no está terminado es el derecho necesario para sostenerlas. CLARITY importa porque puede proporcionar a Wall Street una vía federal para entrar en blockchain. Y cuando Wall Street entra en un mercado, sus decisiones se trasladan a filiales, proveedores, bolsas, bancos y clientes de todo el mundo. Por ello, la institucionalización estadounidense de blockchain sería también una institucionalización global.

Por qué CLARITY no es el MiCA estadounidense

Aunque comparar CLARITY con MiCA resulta tentador, ya que ambas normas se ocupan de los criptoactivos, la comparación es imprecisa tanto desde el punto de vista jurídico como desde el económico. MiCA es un reglamento ya vigente que establece normas uniformes en la Unión Europea para emisores de determinados criptoactivos y proveedores de servicios. Regula, entre otras materias, la emisión de tokens, las stablecoins, la autorización de proveedores, la custodia, las plataformas de negociación, la transparencia y el abuso de mercado. Se aplica principalmente a activos que no estaban ya cubiertos por otra legislación financiera europea.

CLARITY parte de un problema diferente. Estados Unidos ya tiene dos grandes reguladores de mercados, la SEC y la CFTC, con leyes históricas y competencias que pueden solaparse cuando se aplican a activos digitales. La propuesta trata de insertar los mercados blockchain dentro de esa arquitectura preexistente, definir la categoría de commodity digital y determinar cómo deben registrarse y operar los intermediarios bajo uno u otro régimen.

MiCA crea un régimen europeo específico para los criptoactivos situados fuera de la regulación financiera tradicional. CLARITY pretende resolver la integración de una nueva clase de mercados en el corazón del sistema estadounidense de valores y commodities.

MiCA es, en gran medida, una regulación de emisores y prestadores de servicios dentro del mercado único europeo. CLARITY es una ley de estructura de mercado cuyo impacto potencial se extiende a la relación entre cripto, mercados de capitales y finanzas institucionales estadounidenses. Ambas persiguen transparencia, protección del usuario y seguridad jurídica. Pero no responden a la misma construcción institucional ni producen exactamente los mismos efectos.

CLARITY puede definir el estándar mundial

La diferencia fundamental reside en el poder económico que existe detrás de de cada norma. MiCA permite que una empresa autorizada opere dentro del mercado único europeo bajo unas reglas armonizadas. Esto constituye una ventaja considerable frente a la fragmentación anterior. ESMA describe MiCA como un sistema uniforme para los criptoactivos, sus emisores y los proveedores autorizados de servicios en la Unión.

Pero Europa no concentra el mismo volumen de capital riesgo cripto, las mismas gestoras globales, el mismo mercado de valores ni la moneda dominante de las stablecoins. El euro es una gran moneda internacional, pero su presencia en las stablecoins es marginal frente al dólar. Europa puede imponer condiciones a las empresas que quieran servir a clientes europeos. Lo que no puede hacer con la misma intensidad es determinar cómo se articula la liquidez mundial del sector, cómo accede a los mercados estadounidenses o cómo se integra con Wall Street.

MiCA tiene autoridad normativa, pero Estados Unidos posee, además, capacidad de arrastre. Una norma aprobada en Bruselas obliga dentro de la Unión Europea. Una ley aprobada en Washington puede convertirse en un estándar de facto porque ninguna gran empresa internacional puede permitirse ignorar el mercado estadounidense, la financiación en dólares, los inversores del país o las entidades que dominan los mercados mundiales. Es una cuestión de poder financiero.

La regulación viaja junto al capital

Cuando una gran institución estadounidense establece requisitos para custodiar activos digitales, esos requisitos terminan trasladándose a sus proveedores en otras jurisdicciones. Cuando una gestora diseña un fondo tokenizado conforme a las reglas de Estados Unidos, las infraestructuras que quieran distribuirlo, liquidarlo o custodiarlo deben adaptarse.

Cuando un exchange internacional desea conservar acceso a clientes o bancos estadounidenses, reorganiza sus controles internos, sus sistemas de información y sus procedimientos de cumplimiento. Este fenómeno hace que la regulación estadounidense se exporte incluso cuando formalmente solo se aplica dentro del país.

CLARITY podría fijar estándares sobre segregación de fondos, registro de intermediarios, transparencia y custodia que serían incorporados por plataformas de otros continentes. No porque el Congreso tenga jurisdicción universal, sino porque el mercado estadounidense tiene suficiente peso para condicionar el diseño global de los productos. Por ello, la ley estadounidense puede reorganizar toda una industria.

Quién construirá la economía tokenizada

La tokenización promete trasladar a blockchain fondos, bonos, acciones, crédito privado, materias primas, depósitos e incluso activos inmobiliarios. Pero esa transformación eexige decidir quién reconoce la propiedad, cómo se ejecutan los contratos, qué ocurre en caso de insolvencia, quién custodia el activo subyacente, cómo se liquidan las operaciones y qué tribunal resuelve los conflictos.

El código no puede, por sí solo, garantizar que un token represente un derecho exigible sobre un activo. Estados Unidos alberga el mercado de capitales con mayor capacidad para convertir esa tecnología en una industria de escala mundial. Si proporciona un marco estable, bancos, bolsas, custodios y gestores podrán desarrollar productos que después se distribuirán internacionalmente.

Si no lo hace, la tokenización continuará, pero de una manera más fragmentada: pruebas privadas, estructuras en el extranjero, productos restringidos y redes incompatibles entre sí.

Los defensores de CLARITY advierten que la innovación abandonará Estados Unidos si el Congreso no actúa. La afirmación contiene parte de la retórica habitual del lobby, pero el riesgo de fragmentación es real. Las empresas pueden trasladar equipos a Dubái, Singapur, Hong Kong, Suiza o la Unión Europea. Pueden crear filiales, limitar el acceso de usuarios estadounidenses o emitir productos desde jurisdicciones con reglas más previsibles.

Sin embargo, esa migración no sustituye fácilmente el mercado estadounidense. Lo que produce es una arquitectura dividida: tecnología desarrollada en un país, emisión en otro, custodia en un tercero y liquidez concentrada en dólares bajo una supervisión incierta.

La industria mundial no necesita necesariamente una única regulación, pero sí necesita un centro capaz de fijar estándares suficientemente influyentes para que el resto del mercado pueda alinearse. Hoy, ese centro solo puede ser Estados Unidos.

Washington decide, el mundo se adapta

La Ley CLARITY no garantizará por sí sola el éxito de la industria. Ninguna ley puede eliminar la volatilidad, evitar fraudes o asegurar que cada proyecto blockchain tenga utilidad. Tampoco debe confundirse la presión de a16z, Coinbase o el resto del lobby con una defensa desinteresada del consumidor. Las empresas quieren reglas que protejan sus inversiones, permitan ampliar sus negocios y reduzcan el poder discrecional de los reguladores. Pero el interés empresarial no invalida la cuestión de fondo. La industria ha alcanzado un tamaño y una complejidad que ya no pueden sostenerse únicamente mediante protocolos, términos de servicio y decisiones judiciales. Necesita una estructura jurídica capaz de conectar redes globales con instituciones reguladas.

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