Ethereum: ¿infraestructura de Internet o activo de Wall Street?
Ethereum: ¿infraestructura de Internet o activo de Wall Street?

Ethereum: ¿la nueva infraestructura de Internet o activo financiero de Wall Street?

Ethereum atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia. Tiene que ver con su identidad y es el motivo por el que su ecosistema se ha dividido en dos narrativas que compiten por definir qué demonios es Ethereum y para qué sirve.

Por un lado, la Fundación Ethereum quiere convencer al mundo de que la red es una infraestructura pública y neutral, similar al  protocolo que hace funcionar a Internet. Por otro, pesos pesados como Joseph Lubin, cofundador de Ethereum y de la compañía ConsenSys, y firmas de Wall Street empujan para convertir a ETH en el activo financiero sobre el que se asiente la economía digital.

La posición de Fundación representa la continuidad de la filosofía que Vitalik Buterin creador de Ethereum, ha defendido desde la creación del proyecto. Para Vitalik, la prioridad nunca ha sido maximizar el valor de ETH, sino construir una infraestructura pública, abierta y contraria a los intereses particulares. La prioridad del desarrollador siempre ha sido presentar a Ethereum no como un activo financiero, sino como una pieza fundamental de la infraestructura digital sobre la que podrían construirse los sistemas económicos del futuro.

La Fundación: El TCP/IP del siglo XXI

El reciente informe de la Ethereum Foundation dirigido a gobiernos e instituciones apenas menciona el potencial de ETH como activo financiero. Su lenguaje es técnico, institucional y geopolítico. La Fundación no intenta vender una inversión, sino presentar a Ethereum como una solución a la creciente dependencia de infraestructuras digitales controladas por un reducido número de empresas y Estados.

Si Ethereum ya funciona como infraestructura financiera, ¿por qué su precio no despega?

Su diagnóstico parte de que las economías modernas funcionan sobre rieles digitales, que son los sistemas que permiten realizar pagos, registrar activos, verificar identidades o intercambiar información. Dichos rieles, según la Fundación, están controlados por intermediarios capaces de modificar las reglas, restringir el acceso o convertirse en un punto único de fallo. Para la Fundación, esa concentración de poder representa un riesgo creciente en un mundo repleto de tensiones geopolíticas,  ciberataques y fragmentación tecnológica.

Frente a ese escenario, Ethereum se presenta como una infraestructura pública y neutral. Una red sin propietario, resistente a la censura, operativa de forma ininterrumpida desde 2015 y protegida por una comunidad global de validadores distribuidos por múltiples jurisdicciones. El objetivo no es competir con un banco o con una empresa tecnológica, sino ofrecer una base común sobre la que cualquier gobierno, institución o empresa pueda construir sin depender de un operador central.

Esa visión también explica la estrategia de la Ethereum Foundation. Su prioridad no es convencer a los bancos centrales de que compren ETH, sino de que desarrollen sus monedas digitales (CBDC), sus sistemas de identidad o sus registros públicos sobre la Máquina Virtual de Ethereum (EVM), convertida ya en el estándar tecnológico de buena parte de la industria blockchain.

Para Wall Street, un activo de reserva corporativo

Mientras la Ethereum Foundation centra su discurso en la neutralidad de la infraestructura, otros actores del ecosistema  desarrollan una narrativa muy diferente. Organizaciones como Ethereum Institutional, creada recientemente con el respaldo de Joseph Lubin, fundador de ConsenSys y cofundador de Ethereum, junto a empresas como BitMine y SharpLink, han situado el foco en el papel que puede desempeñar ETH dentro de las finanzas institucionales.

Para este grupo, el reto ya no consiste únicamente en que bancos, gestoras de activos o grandes empresas construyan sobre Ethereum. La cuestión es lograr que también incorporen ETH a sus estrategias financieras y a sus balances. La tesis parte de la idea de que si Ethereum aspira a convertirse en la infraestructura de la economía digital, su activo nativo también debería desempeñar un papel central dentro de ese nuevo sistema financiero.

Esa estrategia se articula en torno a tres grandes ejes. El primero consiste en consolidar a ETH como activo de garantía (colateral) para respaldar préstamos, operaciones financieras y emisiones de activos tokenizados. El segundo busca impulsar el staking institucional, permitiendo que bancos y grandes inversores obtengan rendimientos por participar en la seguridad de la red, transformando a ETH en un activo productivo además de un instrumento de inversión. El tercero pretende reforzar su papel como activo de reserva digital, aprovechando su oferta limitada, su utilidad dentro del protocolo y su creciente adopción institucional para competir por un espacio en las carteras junto a activos como el oro o Bitcoin.

¿Efecto Linux o Efecto Visa?

Frente al discurso de la Ethereum Foundation, centrado en la infraestructura, esta propuesta pone el acento en la economía del protocolo. No basta con que las instituciones utilicen Ethereum; el objetivo es que también consideren ETH como uno de los activos estratégicos sobre los que se asentará la próxima generación de las finanzas digitales.

Estas dos manera de entender Ethereum muetra un debate económico que empieza a ganar peso dentro del ecosistema. Ethereum parece haber consolidado su liderazgo tecnológico. La Máquina Virtual de Ethereum (EVM) se ha convertido en el estándar sobre el que se construyen decenas de blockchains, mientras que el estándar ERC-20 continúa siendo la referencia para la emisión de tokens y activos digitales.

Sin embargo, el éxito de una tecnología no implica necesariamente que el valor económico generado por ella termine reflejándose en su activo nativo. En este sentido, Ethereum se enfrenta a dos escenarios muy diferentes. El primero podría denominarse el efecto Linux. En este modelo, Ethereum se convertiría en el estándar tecnológico de las finanzas digitales, del mismo modo que Linux se convirtió en el sistema operativo dominante de buena parte de Internet. Su tecnología sería utilizada por gobiernos, bancos, empresas y otras blockchains, pero una parte importante del valor económico acabaría concentrándose en las aplicaciones, las empresas y las infraestructuras construidas sobre ella, más que en el propio ETH.

El caso de Securitize

El segundo escenario se acerca más al funcionamiento de una gran red de liquidación financiera. Cuanto mayor fuera la actividad sobre Ethereum, mayor sería también la demanda de ETH para pagar comisiones, participar en el staking, aportar garantías financieras o asegurar el funcionamiento del protocolo. En este caso, el crecimiento de la infraestructura terminaría trasladándose de forma mucho más directa al valor económico del activo.

La diferencia entre ambos modelos es que en el primero, Ethereum podría convertirse en la infraestructura tecnológica dominante sin que ello implicara una apreciación proporcional de ETH. En el segundo, la expansión de la economía construida sobre la red reforzaría también la demanda estructural de su activo nativo.

El caso de Securitize han intensificado este debate en su reciente salida a bolsa. La compañía utiliza el estándar ERC-20, desarrollado originalmente para Ethereum, pero emitió sus acciones tokenizadas principalmente sobre Avalanche y, en menor medida, sobre Solana. Es decir, adopta el lenguaje tecnológico creado por Ethereum, pero desarrolla parte de su actividad económica fuera de la red principal.

El equilibrio de la próxima década

Más que una contradicción, la evolución reciente del ecosistema parece reflejar una creciente especialización de funciones. La Ethereum Foundation continúa defendiendo la visión de Vitalik de convertir Ethereum en una infraestructura pública, abierta y neutral sobre la que cualquier gobierno, empresa o institución pueda construir sin depender de un intermediario. Una misión, donde promover el atractivo financiero de ETH no forma parte de su papel.

Al mismo tiempo, empresas como ConsenSys y organizaciones como Ethereum Institutional parecen haber asumido otro desafío: construir el caso económico de ETH. Su objetivo es convencer a bancos, gestoras de activos y grandes corporaciones de que el activo nativo de Ethereum también debe ocupar un lugar en sus balances, utilizarse como garantía financiera o formar parte de la nueva arquitectura de las finanzas digitales.

Ambas narrativas no tienen por qué ser incompatibles. Una busca consolidar a Ethereum como la infraestructura de referencia para la economía digital; la otra pretende que ETH se convierta en uno de los activos fundamentales de esa nueva infraestructura.

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