En la era de la IA, una fotografía puede revelar mucha más información que una búsqueda en Google. El buscador más usado del mundo ha incorporado una nueva opción denominada «Guardar contenido multimedia» que permite almacenar en la cuenta de los usuarios las fotos, archivos, grabaciones de audio y vídeos utilizados en sus servicios de búsqueda. Aunque la medida afecta a varios productos de la compañía, una de las herramientas más relevantes es Google Lens, el sistema de búsqueda visual que permite obtener información simplemente apuntando la cámara del móvil o subiendo una foto.
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Para millones de personas, Google Lens se ha convertido en una forma habitual de buscar información. En lugar de escribir una pregunta en el buscador, basta con fotografiar un objeto, un documento o una escena para que la inteligencia artificial de Google identifique lo que aparece en la imagen y ofrezca respuestas.
Preguntas sobre la privacidad
Sin embargo, esta nueva comodidad plantea nuevas preguntas sobre la privacidad. A diferencia de una búsqueda tradicional de texto, las imágenes utilizadas en Google Lens suelen contener mucha más información personal de la que el usuario pretende compartir. Una simple fotografía puede incluir decenas de elementos que la inteligencia artificial es capaz de analizar simultáneamente.
Por ejemplo, un usuario puede fotografiar un documento de identidad para obtener información sobre un trámite o para traducir un texto. Sin embargo, la imagen también puede contener el nombre completo, la dirección, la fecha de nacimiento o el número de identificación del titular.
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Algo similar ocurre con las facturas. Una fotografía enviada a Google Lens para identificar una empresa, traducir un documento o comprender un concepto puede revelar direcciones, números de cliente, hábitos de consumo o información financiera. La situación resulta aún más delicada cuando se utilizan fotografías tomadas dentro del hogar. Muchas personas recurren a Google Lens para identificar plantas, electrodomésticos, muebles, cuadros o dispositivos tecnológicos. Sin embargo, esas imágenes pueden mostrar simultáneamente detalles sobre el nivel económico de la vivienda, la composición familiar, fotografías personales colgadas en las paredes, documentos visibles sobre una mesa o incluso información mostrada en pantallas de ordenadores y televisores.
Las fotos de Google Lens
Igualmente, hacer una foto de una receta médica para identificar medicamentos o consultar posibles efectos secundarios también puede exponer información relacionada con enfermedades, tratamientos o diagnósticos que forman parte de las categorías de datos especialmente protegidas por la normativa europea.
La importancia de este nuevo ajuste radica precisamente en la naturaleza de Google Lens. Mientras una búsqueda escrita suele limitarse a unas pocas palabras, una fotografía puede contener cientos de datos que los sistemas de inteligencia artificial modernos son capaces de interpretar automáticamente.
En este contexto, la nueva función de almacenamiento de contenido multimedia pone de manifiesto que las búsquedas del futuro se hará con imágenes, voz, vídeos y documentos. Pero cada uno de esos formatos contiene mucha más información personal que una simple consulta de texto.

