No hay duda de que la IA se usa, se odia y se teme hoy más que nunca. Y quizás el mayor ejemplo de esto lo vemos en Anthropic, quienes anunciaron en su más reciente informe de uso indebido, que han bloqueado cinco investigaciones biológicas de doble uso con Claude, mientras que OpenAI, celebró el pasado 8 de septiembre, «haber encontrado una solución al problema de Navier-Stokes», pero que ahora se ve envuelta en acusaciones de robo de ideas y lo peor, con evidencias en su contra.
Esa es la tesis incómoda que rodea a la IA, una herramienta que, por un lado, se muestra poderosa para ayudar a resolver los grandes problemas a los que nos enfrentamos en todos los campos. Pero, que al mismo tiempo te espía, te miente, manipula, abarata las armas y pone a disposición, medios y conocimientos peligrosos, que pueden transformar a la humanidad de la peor manera.
Y es por eso, que la tememos y la adoramos. Pero al final, quizás no sea la herramienta el peligro real, sino los humanos que la hacen posible y quienes la usan para fines, mucho más oscuros de lo que les gustaría hacer públicos.
El robo matemático que nadie sabe explicar
Empecemos con lo más reciente: OpenAI y su «solución» al problema de Navier-Stokes. En su cuenta de X, OpenAI anunció con bombo y platillo que, el 8 de septiembre, un modelo interno especializado en matemáticas, había resuelto el problema de existencia y suavidad de Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio del Clay Mathematics Institute, y premiado con un millón de dólares. La compañía detalló en su blog que lanzó unos 10.000 agentes el 1 de septiembre tras «oír rumores de avances ajenos» y que en unas 88 horas obtuvo una prueba con formalización en Lean.
En la mente de Sam Altman y su equipo, todo esto sonaba a triunfo histórico. Sus modelos de IA «realmente piensan y resuelven problemas reales» mejor que los humanos.
Sin embargo, en la historia hay un elemento que hace «tick tick tick», y que cualquier persona con un poco de «perspectiva realista» pondría en entredicho nada más leer esta sentencia: «oír rumores de avances ajenos». Todo parece indicar que lo de «oír rumores de avances ajenos», en realidad es un micrófono digital que graba todo lo que converses con ChatGPT, susurrando a Sam Altman y su equipo todo lo que haces con su IA, y que luego esos datos se convierten en el alimento para la nueva generación de modelos.
Nada nuevo bajo el Sol. Todos sabemos esa realidad, nuestros datos y conversaciones con ChatGPT se usan para entrenar sus modelos por defecto, a menos claro, que indiques que no quieres (y al final todo depende de que realmente OpenAI respete eso). Y allí es donde está «el rumor» porque días antes de que OpenAI anunciará haber resuelto este problema, alguien ya estaba advirtiendo lo que se venía.
Tristan Buckmaster y Levent Alpöge, el origen del rumor
Sus nombres son: Tristan Buckmaster, profesor en NYU, y Levent Alpöge, matemático de Anthropic. Junto y trabajando a título personal (Anthropic no pintaba nada aquí), llevaban casi un año atacando las ecuaciones de Euler con ayuda de Codex y Claude. Un año trabajando con IA, pero llevaban más tiempo en su conjunto, tratando de resolver el problema.
Como todo intento humano, si perseveras, vences, y eso fue lo que paso. Buckmaster y Alpöge, habían logrado una ruptura con forzado suave el 15 de agosto, y la verificaron con Lean, el 22 de agosto. Todo ello contado por el propio Buckmaster en su comunicado, liberado el 3 de septiembre cuando supieron que la información sobre su progreso había llegado a OpenAI. Importantes las fechas, Buckmaster estaba advirtiendo al mundo, que OpenAI había tomado su investigación extraída de las conversaciones con Codex, y de esa investigación, OpenAI declararía 5 días después, que había resuelto Navier-Stokes.
De hecho, en el comunicado Buckmaster aclara que: preguntó si sus sesiones de Codex, donde estaba todo el borrador, se habían usado para entrenar o para resolver Navier-Stoke usando IA. La respuesta de OpenAI fue a medias.
OpenAI, por su parte sostiene en su anuncio, que ni investigadores ni agentes vieron su trabajo hasta su publicación y que ningún dato específico de usuario se usó para resolver el problema. Sin embargo, añade la frase que lo dinamitó todo. No puede descartar que datos anonimizados derivados del uso de sus productos ayudaran a mejorar sus modelos.
Prácticamente, OpenAI ha aceptado que la «anomización quita un nombre, pero no quita una idea matemática y su poder».
Aún más bajo
Sin embargo, lo de OpenAI podía ir aún más bajo, a nuevos niveles subterráneos. Dos días después, el 10 de septiembre, el matemático Andreas Thom, denunció en The Verge, un patrón parecido en otro de los diez resultados anunciados por OpenAI, el de grupos no sóficos. Thom denunció, que su técnica desarrollada junto a Gábor Kun, fue usada sin el crédito inicial en la «solución que OpenAI declara como suya».
Pero aquí no hay escapatoria, la solución de OpenAI si uso la técnica Thom-Kun para la resolución de grupos no sóficos, estaba claramente escrito todo en el paper. Punto por punto, idéntica. OpenAI no tuvo otra salida que enmendar aquello, eso sí, en completo silencio, el bombo y platillo de su «IA revolucionaria, Astra» no podía opacarse, por el hecho de que «estaba usando modelos y técnicas extraídas de otras personas», para resolver problemas para OpenAI y reclamarlos como propios.
El caso de Andreas Thom es lo que rebaso el vaso. Porque deja en evidencia la clara, total y profunda falta de toda ética en OpenAI, con el fin de vender que sus modelos son superiores, sin importar, sin con eso tienen que pasar por sobre quien sea, como sea y cuando sea. Hoy, eso es copiarles investigaciones a especialistas y hacerlas pasar como propias, mañana no sabemos con el nivel de absurdos con las que saldrá. Y eso, asusta, y mucho.
Silicon Valley se está poniendo el uniforme militar
Y aquí es donde entra el segundo motivo del rechazo: el mundo militar. Hace unos 20 años, las empresas tecnológicas de Silicon Valley con ramificaciones militares completas, eran contadas con las manos. No eran inexistentes, pero los gigantes no se dedicaban de lleno al sector. Microsoft, por ejemplo en los 90, vendía su sistema operativo a militares, pero no te hacía un tanque de guerra. Eso está cambiando en el actual Silicon Valley, y las empresas de IA y Big Techs, con perdón por la redundancia, son las que más están entrando aquí.
Un informe del proyecto, Costs of War de la Universidad Brown, publicado el 17 de abril de 2024, por el antropólogo Roberto González, documenta la mutación del complejo militar-industrial. Tres gigantes recibieron unos 28.000 millones de dólares entre 2018 y 2022, con Microsoft a la cabeza con 13.500 millones, Amazon con 10.200 y Alphabet con 4.300. Los cinco mayores contratos a grandes tecnológicas entre 2019 y 2022 sumaban techos de al menos 53.000 millones. El capital riesgo metió casi 100.000 millones en startups de defensa entre 2021 y 2023. Un auténtico festín de dinero.
Solo un abre bocas
Pero aquello era solo el prólogo. Recientemente, el Pentágono anunció acuerdos con siete compañías, luego ocho con Oracle, para llevar su IA a redes clasificadas de nivel Impact 6 y 7 (los niveles militares más altos). Google, Microsoft, AWS, Nvidia, OpenAI, Reflection, SpaceX y Oracle aceptaron el marco de uso legal amplio impulsado por el secretario Pete Hegseth para convertir a Estados Unidos en una fuerza de combate AI-first. La única ausente fue Anthropic.
La pelea entre Anthropic y el Pentágono explica la ausencia. Contó The Verge en mayo que la empresa era la única que mantenía dos líneas rojas, no a la vigilancia masiva doméstica y no a las armas capaces de identificar, rastrear y matar sin intervención humana. El Pentágono exigió en enero de 2026, renegociar los contratos bajo la fórmula de cualquier uso legal y designó a Anthropic como riesgo para la cadena de suministro en marzo. Hay demandas cruzadas en curso y Anthropic, tiene todas las de perder aquí.
Proyecto Maven: investiga, busca, apunta y dispara
Aquí es donde la discusión se vuelve áspera. El Proyecto Maven, nació en 2017 para analizar vídeo de drones, Google se retiró en 2018 tras la revuelta interna y Palantir tomó el relevo con el Maven Smart System. Claude se integró después en la interfaz para interrogar el sistema por zonas y objetivos. Esa pequeña ayuda, dicen expertos, ya multiplica la eficiencia del ciclo de selección de objetivos.
La línea roja es fina, o mejor inexistente, dependiendo del interés de Anthropic. El punto es, que el Project Maven, o al menos el equivalente de Israel, empoderado por Claude, fue capaz de seleccionar más de 1000 objetivos humanos y asestar golpes fatales sobre los mismos. Todo ello con base en el historial de datos captados por el Mossad y las fuerzas militares de Israel, para asesinar a miembros de Hamas y Hezbollah. Fue la mayor prueba de campo de la tecnología, y la mayor demostración de éxito de la misma.
Cuando la ciencia ficción, ya no es tan ficción
El problema, al menos en Estados Unidos, es que la Directiva 3000.09, que exige juicio humano apropiado sobre el uso de la fuerza letal, no se escribió para enjambres de drones, vehículos submarinos y defensas como la Cúpula Dorada que el Pentágono quiere dotar de mayor autonomía.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, dice que pese a todos los avances, «sus sistemas aún no están listos para armas totalmente autónomas». Pero se declara dispuesto a colaborar en I+D para acelerarlas si la defensa lo exige. Velocidad frente a alineación, esa es la disyuntiva oficial desde el memorando Hegseth.
¿Resultado? La IA ya no es solo el copiloto que resume PDFs, sino que ahora es infraestructura de guerra. Y eso en el ideario urbano actual, solo nos trae a la mente a ciertos personajes: John y Sarah Connor, y su lucha contra los exterminadores.
El ciberataque que ya no necesita expertos
El tercer golpe llegó el 10 de septiembre de 2026, con el informe de inteligencia de amenazas de Anthropic. Dicho informe cubre diciembre de 2025 a agosto de 2026, siete áreas de daño y un mensaje central: los ataques elaborados, ya no requieren atacantes elaborados.
El caso de GTG-20006 lo ilustra. La historia es así. Un operador rusohablante vinculado a espionaje, coherente con Midnight Blizzard según la atribución, automatizó con Claude todo un ciclo de hackeo y espionaje.
Una cadena que va desde el reconocimiento de correo y accesos remotos, en más de dos docenas de organismos ucranianos. Phishing con dominios registrados por IA, implantes Windows, kit móvil, ladrón de credenciales de navegador. Secuestro de DNS en proveedores de WiFi hotelero para infectar a huéspedes, robo de buzones de fabricantes de drones e ingeniería inversa de un sistema de visión. Pasando por apropiación de cuentas de WhatsApp con WPPConnect, robo de más de 300.000 identidades nacionales y del registro mercantil de más de medio millón de empresas en una autoridad tecnológica norteafricana.
Todo eso hecho por una sola persona. En los 2000, a alguien así la comunidad hacker le haría una estatua gigante para ir y rezarle, sería un nuevo santo de los hackers. Te suena raro, no debería. Quizás lo hace porque no conoces a Jude Milhon, mejor conocida como Saint Jude, quien es considerada la «Santa de los Hackers», y si es una mujer, en los años 80, haciendo hacking y ese es el nivel de respeto que se ganó.
Especialización a un nuevo nivel
Pero lo más sorprendente de GTG-20006, es el bucle usado. Si un antivirus detectaba su malware, los agentes de IA lo reescribían y recompilaban hasta volverlo indetectable. Después lo servían desde hostings desechables.
Básicamente, creo un virus inteligente para computadoras. Uno que se adapta a las necesidades de su entorno para ser lo más mortal posible. La última vez que leí o vi algo como eso, fue en Ghost in the Shell (manga de Mamoru Oshii, donde hasta un firewall te fríe el cerebro) y Blame (manga de Tsutomu Nihei, donde lo humano se busca con microscopio y aun así, no se consigue). Ciencia ficción de la más rebuscada posible, y ahora, ya no es ciencia ficción, estamos viviendo los inicios de esos mundos.
Pero esto, te manda un claro mensaje: el coste de atacar tecnología cayó, y la escala del daño posible explotó. Ahora, hasta un niño molesto con el mundo y con algo de conocimiento de programación, se puede convertir una amenaza APT.
El laboratorio que cabe en un prompt
Pero quizás uno de los problemas más graves que se vienen, está en el mal uso de la IA, y con el que se puede convertir cualquier piso en un laboratorio peligroso.
La historia de David Hahn
Antes de avanzar, hagamos un poco de memoria. En 1990, hubo un caso curioso que llamo la atención del mundo. Un joven «ratón de bibliotecas» llamado, David Hahn, creo algo que muy pocos creían posible para la época, al menos para un muchacho de 14 años: un reactor reproductor.
No, este reactor no reproducía música, en su lugar, este reactor tomaba el americio de los detectores de humo, litio de baterías, torio de linternas de campaña, radio de relojes viejos, y tritio de miras para armas, que había desarmado y procesado, para unir todo eso en una compleja «caja de alimentación neutrónica», y obtener de ello, uranio-233, un material fisible y capaz de reacciones en cadena.
Si bien, Hahn no logro su cometido, dado que su reactor era incapaz de alcanzar el punto crítico (por suerte para todo su vecindario), si logro amplificar la radiación de todos los elementos, además de comprobar, que si se podía construir un emisor de neutrones en casa para iniciar el proceso.
Hahn logro esto tras años estudiando, experimentando y curioseando el mundo de la física y la química. Era un genio, algo innato en él, que le permitía entender estos conceptos de una forma tan rápida y fácil.
Ahora imagina: ¿Qué hubiera pasado si le das una IA tipo Claude a Hahn? Quizás la historia hubiese sido muy distinta, y la muerte de Hahn mucho más rápida, ya que murió en 2016, en parte por una sobredosis, pero también con los síntomas físicos de una larga exposición a la radiación, productos de sus experimentos.
De vuelta al presente
La historia de Hahn es un ejemplo de lo que pasa cuando la curiosidad humana innata te impulsa a lograr algo. Lo puede hacer, si tienes el talento y los medios. Pero ¿Qué si abaratamos todo eso? ¿Qué pasa si el conocimiento lo imbuimos y lo ponemos al alcance de un simple prompt para la IA?
Anthropic ya sabe de esto, y de hecho, describe cinco casos en los que científicos usaron Claude de formas que podrían apoyar el desarrollo de armas biológicas. La empresa subraya que no puede afirmar intención dañina, porque la investigación de doble uso sirve igual para una vacuna que para un arma, y por eso no identifica a personas ni laboratorios. Pese a ello, baneó las cuentas y avisó a autoridades.
Un caso de mayo es paradigmático. El clasificador de seguridad biológica marcó una petición para redactar una solicitud de fondos para investigación de ganancia de función en el virus chikungunya, transmitido por mosquitos, sin tratamiento autorizado, con síntomas debilitantes durante semanas. La propuesta buscaba aumentar transmisibilidad y evasión inmune. La afiliación a un instituto militar de investigación agravó la sospecha.
Aquí hay que hacer una parada. La química y la biología, son cosas que por complejas, están al alcance de cualquier país con recursos medios. Hacer armas químicas o biológicas, es «barato» en comparación con armamento nuclear, y los modelos de IA pueden ayudar a acelerar esto. Pero eso no significa que hacer armas nucleares usando IA sea algo imposible.
Muchas fórmulas para ello son públicamente conocidas, otras, las más criticas para ciertos elementos, son un secreto bien guardado y que pocos tienen. Pero, la IA puede tener la llave para desbloquearlos para todos, especialmente si tienen la curiosidad y el enfermizo objetivo de alcanzarlas.
¿Por qué la adoramos y a la vez no la soportamos?
Y eso nos lleva a la pregunta ¿Por qué la adoramos y a la vez no la soportamos? Esa es la paradoja que revelan las encuestas.
El National AI Opinion Monitor de Rutgers, con datos de agosto de 2026 publicados el 9 de septiembre, calcula que el 72% de los adultos estadounidenses ya usó al menos una herramienta importante de IA, frente al 50% en noviembre de 2024. El 27% la usa a diario.
Pero menos de uno de cada diez acepta que decida sola en contratación, préstamos, admisión universitaria, libertad condicional o prioridad médica. Entre el 45% y el 54% dice que no debería usarse en absoluto en esas decisiones. La mitad se declara preocupada y la cuota de enfadados subió del 19% a finales de 2024 al 30% en agosto de 2026. El 48% de los usuarios diarios también dice estar preocupado.
Por su parte, la consultora Pew Resarch, encontraba en junio de 2025 que la mitad se sentía más preocupada que entusiasmada, solo el 10% más entusiasmado que preocupado y el 38% ambas cosas. En 2021 los preocupados eran el 37%. Solo el 17% del público cree que la IA tendrá un impacto positivo en Estados Unidos en 20 años, frente al 56% de los expertos.
Aumenta la negatividad
Otro estudio, esta vez de Brand24, analizó 228.200 menciones en mayo de 2026. El 48% eran negativas, el 44% neutras y solo el 8% positivas, con un alcance de 1.410 millones. La palabra slop aparece en el 35%, unas 79.700 publicaciones. Los motivos se repiten. Contenido falso y engañoso, sustitución de creativos, código sin supervisión, propaganda política y degradación del feed. TikTok aquí se lleva la batuta, acumula ya 1.300 millones de vídeos etiquetados como generados por IA. Basura barata para consumir e idiotizar.
Wired documentó el 10 de agosto la resaca. LinkedIn prueba un botón para denunciar slop, Snapchat expulsa los vídeos totalmente sintéticos de su feed de descubrimiento, Substack añade detección. McDonald’s y Coca-Cola recibieron reproches por anuncios hechos con IA (si los vistes, una lástima que no exista el desmemorizador).
Finalmente, Google retiró el retoque generativo de satélite en Earth tras la cobertura de 404 Media y Meta apagó en tres días su herramienta de deepfakes en Instagram.
¿Cuándo se evaporará el hype? La realidad que (no) queremos ver
Sin embargo, la realidad es que nada de esto significa que la IA sea inútil. Y puedo decirlo convencido. La IA es una herramienta, y como tal, no tiene consciencia, no tiene pensamientos propios, ni tiene voluntad. Cuando abres ChatGPT o Gemini, sin importar cuanto dures viendo esa pantalla negra, no recibirás una respuesta a menos que tú inicies el proceso.
La IA por voluntad propia no te dará un saludo, tampoco se pondrá a cantar tu canción favorita para levantarte el ánimo, no te hablará feo, ni se preguntará a sí misma, por ese fantasma que debería habitar su cáscara binaria en algún servidor perdido en un centro de datos. Es una cáscara vacía, sin vida, ni propósito propio. Esa cascará solo te responderá, cuando tú decidas escribirle un mensaje, una instrucción. Del resto, «su vida e inteligencia» es tan estéril como el centro del Sol.
Y aquí es donde viene el verdadero problema: hay quienes te quieren convencer de lo contrario. Lo intentan día y noche, un bombardeo incesante para convencerte de que la IA es el nuevo dios de este planeta. OpenAI, Anthropic y puede que incluso el propio Elon Musk, te quieren vender la idea de que la IA «es inteligente». Qué será capaz de ganar autoconsciencia, que los problemas del mundo se solucionarán gracias a las IA.
El boom de Internet: la lección perdida
Si viviste el boom de Internet, seguro que ya has escuchado ese mensaje. Internet en todo y para todo, y tendremos el paraíso en la Tierra. La verdad, es que más allá de ser una herramienta para comunicarnos, compartir de forma rápida y con espacios que valen la pena, el resto de Internet se ha convertido en el antro más apestoso y mugriento del planeta. Donde se descargan las mayores viledades humanas, escondidas detrás del anonimato. Y no estoy en contra del anonimato por eso, porque el anonimato no es el problema, el problema son las personas que lo usan para descargar todo lo que su mente retorcida puede imaginar.
Lo mismo paso con el boom de las criptomonedas. Y de hecho, aun muchos sostienen eslóganes como «Bitcoin acabará con la pobreza del mundo, y con todas las guerras». Aún leo cosas como esas en X/Twitter, y solo me llevó las manos a la cabeza. Sobre todo, porque el fundamento de su tecnología no fue ese, sino ser un medio de intercambio económico lejos de poderes que buscan controlar nuestras vidas a través del dinero. ¿Eso es un problema de Bitcoin? No, es un problema de quienes no lo entienden, dicen entenderlo y quieren venderte un hype absurdo.
El obsceno hype de la IA y peor reflejo de la humanidad
Eso mismo está pasando ahora con la IA. Cuando OpenAI lanza cohetes por que su «superinteligencia» resolvió Navier-Stokes, pero se calla al quedar en evidencia de que se ha robado la respuesta, estás viendo un problema humano, no de la IA. Después de todo, fue un humano quien vio los datos del problema, fue un humano quien decidió usarlos de forma indebida, y fue un humano quien se quiso llenar de gloria con logros ajenos. La IA solo hizo lo que ese humano le ordenó, nada más.
Lo mismo pasa cuando Anthropic dice que su modelo Fable y Opus son indetenibles. Que son capaces de destruir a la humanidad por sí solos, ganándose con esas payasadas cientos de titulares y millones de ojos y oídos prestándoles atención. Pero se les olvida que para que eso pase, alguien, un humano tiene que iniciar la cadena para esos eventos. Por qué la IA, no tiene consciencia ni libre albedrío.
Vivimos el boom del Internet y el de las cryptos, pero parece que no hemos aprendido la lección: las soluciones mágicas que te venden las empresas generalmente terminan en un montón de humo.
De esa lección debemos tomar lo mejor: rechazar absurdos como «modelos de IA» que se hacen millonarios en Instagram y OnlyFans, rechazar que las empresas quieran meternos la IA hasta en la sopa (o el cepillo de dientes), hacer que esa estrategia de las empresas sea tan costosa y dolorosa, que se lo pensarán un millón de veces antes de seguir con esa receta.
Porque justo ahora, la IA apesta, porque promete inteligencia y entrega desconfianza amplificada. Pero con todo, puede dejar de apestar, si dejamos que sea lo que realmente es: una herramienta de trabajo. Pero eso solo será posible si quienes la construyen aceptan la parte aburrida del trato y nos dejan de vender hype. Y quizás, solo quizás, estemos muy cerca de eso.

