Desde que llegó la democracia a España, la sucesión de legislaturas ha seguido el ritmo base que ha cubierto la sucesión de corrupciones. No hay Gobierno exento de, como mínimo, la sospecha de corrupción. Es posible que su crecimiento esté alcanzando altas cotas; pero la cosa no es nueva. Lo peor, que apenas nos sorprende. Si estamos cansados del fenómeno o, de alguna forma indirecta, la sociedad es cómplice colectivo y silencioso del mismo es algo que tiene su indicador en las urnas. Cuando lleguen. Ahora bien, lo que es nuevo son las herramientas utilizadas y los modelos de comportamiento llevados a cabo en cada caso. Y en el caso del expresidente Rodríguez Zapatero la novedad está en el uso de criptomonedas.
Las criptomonedas y la polítcia española
En los casos Gürtel, ERE, Palau de la Música o Koldo, por poner solo unos ejemplos recientes, se han utilizado cuentas en el extranjero, dinero en B, comisiones ilegales, testaferros, empresas pantalla y una larga lista de mecanismos tradicionales. Pero no, las cripto. No deja de ser otra concreción de la tensa relación entre política y ecosistema cripto.
Según el sumario judicial de la trama liderada por el expresidente Zapatero, se deja constancia de la sospecha de que la red pudiera haber utilizado las criptomonedas y otros activos digitales para mover su dinero y evitar controles. Ante los distintos indicios, la investigación judicial ha solicitado la incautación de criptomonedas como bitcoin o litecoin. Como se informaba en Observatorio Blockchain, el Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional emitió el pasado 18 de mayo un auto para autorizar a la política el rastreo y la incautación de criptomonedas que pudieran estar vinculadas a Zapatero.
Lo nuevo no son los casos de corrupción. Ni tan siquiera que la sombra oscura llegue a las cúpulas de expresidentes y presidentes. Lo nuevo es el uso instrumental de las criptomonedas para las fechorías de los políticos. Las cripto han entrado en el centro de la política española por la puerta de atrás. En el Parlamento ha dominado el mutismo, más allá de la transposición de las directivas europeas.
Un protocolo que seguramente marcará jurisprudencia
Cuando parecía que los políticos iban a remolque en todo lo que tenía que ver con las cripto, como algo que les era ajeno y que apenas entendían, he aquí que algunos bien que las han estado utilizando para beneficio propio. Si quienes han hecho uso de ellas las entendían poco o mucho está todavía por ver. Tal vez sea una de las cuestiones más interesantes a dilucidar en la investigación policial-judicial, más allá de, por supuesto, aclarar los posibles comportamientos criminales. Hay que recordar que se investiga a la trama por blanqueo de capitales, falsedad documental y apropiación indebida.
Para tal incautación, el Juzgado ha puesto en marcha un protocolo que seguramente marcará “jurisprudencia”. La custodia técnica de las criptomonedas se realizará a través de lo que se denomina de los servicios de un criptobúnker, contratados por la Secretaría de Estado de Seguridad a la entidad Prosegur Custodia de Activos Digitales. Se trata de una especie de supercaja fuerte blindada contra la posibilidad de hackeos. Aquí es donde se depositarían los activos digitales incautados. Pero, antes, hay que llegar a los activos, encontrar los activos.
La cosa es bastante más compleja que “poner algo que está ahí en una caja fuerte”. Entre otras cuestiones porque ese “estar ahí”, como las joyas que se encontraron en el despacho del expresidente, no es tan claro. En el caso de las criptomonedas, hay que buscar el tesoro. Ahora bien, el mapa para su búsqueda no se encuentra en el viejo cofre de mar del viejo y huraño marinero Billy Bones, como en la novela de Stevenson.
Un inmenso océano de transacciones que se llama Blockchain
Aquí el mar es un inmenso océano de transacciones que se llama Blockchain. En este océano Blockchain, tendrán que bucear los investigadores policiales. Sinceramente, espero que alguno de estos investigadores tenga cierta pasión por la literatura y se ponga a escribir, aun cuando sea en clave de ficción de novela negra, el proceso de búsqueda del criptobotín.
Una especie de cuaderno de campo de esta apasionante investigación, con sus herramientas, algunas brillantemente apuntadas aquí por José Maldonado. Pero, también, con las dudas, las decisiones. Y, sobre todo, con la lógica de investigación puesta en marcha, donde el razonamiento matemático se une al razonamiento de cómo actúan las redes criminales hasta encontrar, patrón de comportamiento tras patrón de comportamiento, identidades.
Una oportunidad para impactar en un género literario que siempre requiere de renovación, dado el acelerado proceso de innovación tecnológica. Como en casi todo, ya hay antecedentes literarios que conectan políticos corruptos y criptomonedas, como: God is a Gamer, de Ravi Subramanian. Pero una puesta al día, con un hecho real de fondo, vendría muy bien. Está la semilla puesta para una narración que explote la feroz lucha intelectual entre los más avanzados malos y los más avanzados protectores de nuestra seguridad. Si al final tendremos que estar agradecidos a Zapatero, por el esfuerzo de puesta al día que exige.
Reconstrucción del trazado del mapa del tesoro digital
En todo caso, la realidad precede a la ficción y puede ser que la supere. Especialmente cuando hablamos de política y corrupción. Así, Torrente Presidente parece una secuela de la trama Ábalos-Koldo. La narración de la búsqueda del tesoro cripto de Zapatero y Cía., del proceso real de investigación llevado a cabo.
Sin tener por objetivo chafar la trama de nuestro hipotético novelista, hay algunos aspectos que son clave. A saber: las transacciones cripto están en el fondo del océano Blockchain; pero los usuarios de estos fondos tienen la tentación de verlos -y utilizarlos- en la “superficie” del sistema financiero tradicional. Salidas a la superficie a través de los servidores de criptoactivos virtuales (VASPs). Pues bien, desde 2021 los proveedores de estos servicios VASPs deben registrarse obligatoriamente en el Banco de España y cumplir con obligaciones antilavado de dinero. Proveedores que tienen la identidad de sus usuarios.
Los patrones de comportamiento de los activos digitales identificados permitirá la reconstrucción del trazado de este particular mapa de tesoro digital. Sobre todo, si se han utilizado técnicas especiales de ocultación o distintas técnicas para poner tales bienes lejos de las miradas del Banco de España o de la Hacienda Pública.
El criptocrimen
Mientras llegan los resultados de la investigación judicial rastreando los bienes digitales de la trama, de los trabajos del SEPBLAC (Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias) y de la colaboración internacional, especialmente propiciada a partir de la reciente entrada en vigor del reglamento europeo MiCA, queda preguntarse por el impacto en la sociedad del uso de las criptomonedas por la política corrupta.
Sobre todo, por el impacto en la imagen del ecosistema cripto. Que se sepa que los políticos usan cripto puede servir de ejemplo e impulsar la industria. Que se sepa que la política corrupta utiliza cripto para delinquir genera más dudas. O que se sepa que la investigación policial es capaz de dar cuenta del uso ilegal de las cripto incluso puede crear confusión entre la población en la imagen que tienen del ecosistema cripto. En todo caso, el hecho de que políticos, acusados de comportamientos corruptos, usen criptomonedas es ya un acontecimiento. Estaremos atentos a sus repercusiones en la representación social de las cripto
El criptocrimen se ha multiplicado en los últimos cinco años, los mismos en los que ha operado la trama liderada por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, según el sumario judicial de la causa que investiga distintos delitos, entre ellos el blanqueo de capitales a gran escala internacional. El juez sospecha que pudieran haber utilizado las criptomonedas u otros activos digitales para mover su dinero y evitar controles. De hecho, ha solicitado ya la incautación de criptomonedas (bitcoin y litecoin, entre otras) ante determinados indicios.
Nuevos mecanismos
Los datos ponen de manifiesto que los delincuentes cada vez hacen más uso de estos nuevos mecanismos para ejecutar o encubrir actividades ilícitas, entre ellas el lavado de dinero y la financiación del terrorismo. Un informe reciente de Funcas indica que en 2025 el criptocrimen alcanzó los 154.000 millones de dólares (132.360 millones de euros, al cambio actual) frente a los 11.000 millones de dólares (9.450 millones de euros) de 2020. Es decir, que el volumen ha subido un 1.300% en cinco años, especialmente a partir de 2022 tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
El documento, analizado por THE OBJECTIVE, indica que los datos proceden de Chainalysis y que se debe, sobre todo, a las tensiones geopolíticas. Explica que estas «han reconfigurado de manera profunda el uso ilícito de las criptomonedas». «En 2025, diversos países y agentes económicos han dejado de emplearlas como un instrumento marginal para integrarlas como parte estructural de su arquitectura financiera, especialmente en contextos de sanciones internacionales».
Nos lo tendríamos que ver. Cuando el CIS era el CIS estudiaba estas cosas. Planteaba estudios sobre las representaciones y opiniones de la sociedad sobre la corrupción política. Bien es cierto que tal escudriñar en el inconsciente colectivo a partir de lo que decía la gente que informaba era descorazonador. Y es que, como dice Lacan, el inconsciente es calculador.
El CIS ha dejado de observar lo que molesta
También el colectivo y la gente decía cosas, para argumentar la falta de castigo electoral a los gobiernos corruptos, como: “estos ya se lo han llevado y se llevarán menos en el futuro; pero, si vienen otros, llegan con las manos vacías para llevarse lo que puedan”. Este es el colchón social de la política corrupta. Realismo sórdido de una cultura antipolítica bien cebada de ejemplos nada edificantes desde la propia clase política.
En las observaciones sociológicas sobre la corrupción de los políticos se asomaba la corrupción de la política y la amplia participación -simbólica y real- en la dinámica de la corrupción. Me temo que esto ha aumentado, a pesar de que el CIS haya dejado de observar lo que molesta a un gobierno que se sostiene a saltos de corrupción de las instituciones y la sociedad.

