El dinero nunca duerme y Bitcoin mucho menos
El dinero nunca duerme y Bitcoin mucho menos

El dinero nunca duerme y Bitcoin mucho menos

Durante esta semana, la plataforma Arkham ha hecho público una especie de cuento. No porque su contenido sea ficticio, sino porque parece sumergirse en nuestros más profundos mitos universales. Se aúnan el mito del gran durmiente que repentinamente despierta y esos mitos llenos de duendes que trabajan por la noche, mientras nosotros dormimos.

Recuerdo que este último lo utilizaron incluso los guionistas de los Simpson, con la sensata y trabajadora Marge como receptora de los beneficios, justo premio a sus infinitas fatigas. Pero se extiende a los Santa Claus y los Reyes Magos: extraordinarios personajes que nos compensan mientras dormimos. Ahora se trata de una billetera dormida durante trece años que, de repente, despierta y transfiere dinero. Desde 2013, sin moverse. Ni siquiera roncar. Una cartera con 2.100 BTC, que entonces tenían un valor por debajo de los catorce mil dólares estadounidenses. Hoy esa cantidad de bitcoins se ha convertido en 148 millones de dólares.

El dinero nunca duerme

En nuestro acervo cultural, al menos el abastecido desde que se extendió el precioso invento de la imprenta, abundan los relatos de personajes durmientes que, al despertarse mucho tiempo después, se convierten en distantes observadores de las transformaciones de sus sociedades. Tan largo sueño, les cambia a ellos mismos en mirones extraños de lo que era su sociedad. Populares ejemplos audiovisuales de esto lo tenemos en El dormilón, de Woody Allen, o, más cercana en el tiempo, Goodby Lenin, de Wolfgang Becker. Parece que la cuestión cambia cuando el protagonista de la historia es el dinero. Entre otras cosas porque el dinero nunca duerme. Pues bien, tampoco duerme bitcoin.

La frase el dinero nunca duerme alcanzó popularidad también con otra película: Wall Street. El protagonista Gordon Gekko dice: “Money never sleeps”. Quería decir que, en modo imperial, el dinero trabaja día y noche en todos los lugares del planeta. No se ponía el sol en el imperio del dinero. Un imperativo para incansablemente buscar las oportunidades que da una economía financiera planetaria. El dinero nunca duerme: las inversiones generan intereses, mercados globales funcionando 24 horas al día.

El dinero fiat depositado en durmientes cuentas corrientes tampoco dormía. La pasividad del depositante era compensada por un actor financiero, el que invertía ese dinero, bajo la constante amenaza de la inflación y la devaluación.

13 años que lo han cambiado todo

Las carteras de bitcoin sin transacciones durante muchos años, ya sea con propietarios activamente pasivos -a la espera de mayores cotizaciones en el largo plazo- o pasivamente pasivos, porque la vida o la memoria de sus propietarios les ha hecho una mala jugada, tampoco han dormido. Su valor se ha multiplicado. Eso sí, con mareantes caídas en algunos momentos. Si se tenía hace quince años, se ha multiplicado por veinticinco mil. Si hace diez años, por ciento sesenta. Si hace cinco años, por 1,2. Todo de forma aproximada y dependiendo del momento exacto en el año de compra de los BTCs.

Durante estos trece años del sueño de la cartera de la que nos habla Arkham nuestra sociedad planetaria se ha transformado profundamente. Es un despertar en el que seguramente la cartera se ha llenado de asombro y sorpresas: incluso las partes del mundo que parecían más pacificas, están hoy llenas de espíritu belicoso; la inteligencia artificial ha entrado en la vida cotidiana y la gente acude a ella con cada duda; la división sexual se ha hecho difusa y otras muchas cosas más que sólo un observador externo, que ha estado al margen durante tanto tiempo, es capaz de ver.

Y, sobre todo, que las criptomonedas y en general los activos cripto, que eran entes repudiados por todas las instituciones económicas tradicionales, las que mandaban hace trece años, ahora los acogen con el fervor de quien se ciñe a una tabla de salvación en medio de una tempestad y con el barco haciendo aguas.

Millones de bitcoins bloqueados

Como nos enseñó el filólogo ruso Vladimir Propp, en todo cuento y en todo discurso hay un esquema moral. Lo que define a los discursos -y esta narración de la cartera durmiente es un discurso- se quiere convencer de algo. Tal vez en este caso de que quien espera con BTC, tiene tanta paciencia como para irse a dormir, tendrá una jugosa recompensa al final del camino.

Un consejo estratégico en tiempos de volatilidad de la propia criptomoneda. Se trataría del mito del largo plazo financiero. Ahora bien, para poder sobrevivir, los mitos son obras abiertas, como decía Umberto Eco. Es decir, que tras ellas se encuentran múltiples interpretaciones y preguntas. Entre otras muchas: ¿cuánto de largo ha de ser ese largo plazo o cuánto hay que esperar?

Ello sin evocar la sentencia que en el largo plazo todos muertos, menos el dinero, que ya dejaría de ser nuestro. Y es que el dinero es una de las creaciones humanas -tal vez junto a las propias obras artísticas- con mayor trascendencia temporal. Capaz de superar el tiempo de vida de los humanos y de varias generaciones, transmitiéndose de unos a otros. También capaz de superar el tiempo del largo sueño de sus propietarios o la vida de sus “depositantes” en las carteras de criptomonedas.

De hecho, se estima que hay entre dos y cuatro millones de BTC bloqueados. Nunca mejor utilizada esta palabra tratándose de Blockchain. Bitcoins que están desatendidos y en oscura soledad porque sus propietarios fallecieron sin compartir las claves, porque perdieron las claves, porque tiraron o dañaron un disco duro o por otras razones técnicas. Pero, además, son BTCs que no duermen, que siguen cotizando.

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