Bitcoin se aproxima a su primer invierno con Wall Street plenamente integrado en el mercado. A diferencia de ciclos bajistas anteriores, la corrección actual se desarrolla en un contexto de fuerte presencia institucional, con ETFs al contado, grandes gestores de activos y tesorerías corporativas expuestas al precio del criptoactivo. Este nuevo escenario amplifica los efectos del ajuste, intensifica la presión vendedora y plantea un riesgo sistémico inédito para todo el ecosistema financiero que hoy orbita en torno a Bitcoin.
Aunque Bitcoin cotiza en la actualidad por encima de los 68.000 dólares, la caída hasta los 63.000 dólares registrada la semana pasada ha sacudido los mercados financieros globales. Este nivel supuso un desplome superior al 50% respecto a su máximo histórico de octubre de 2025 y devolvió al principal criptoactivo a precios no vistos desde marzo de 2024.
Este movimiento bajista es la culminación de una combinación de factores, entre ellos una sucesión de choques macroeconómicos, fallos técnicos en infraestructuras clave de intercambio y un giro radical en la política monetaria de Estados Unidos, que ha puesto a prueba la narrativa de Bitcoin como reserva de valor inmutable.
Wall Street y Bitcoin
La cronología de eventos que nos ha llevado a la realidad actual comenzó en el cuarto trimestre de 2025. El 6 de octubre de 2025, el principal activo digital del mercado alcanzó un hito histórico al cotizar a 126.296 dólares, impulsado por una adopción institucional sin precedentes y la consolidación de los fondos cotizados (ETFs).
Sin embargo, la fragilidad del sistema se hizo evidente apenas unos días después. El 10 de octubre de 2025, un fallo técnico en las consultas de bases de datos del exchange Binance provocó un retraso masivo en las transferencias y la alimentación de datos incorrectos, lo que desencadenó una liquidación forzada de 19.000 millones de dólares en posiciones apalancadas. Este incidente no solo erosionó la confianza en la infraestructura del mercado, sino que dejó a los creadores de mercado en una situación de vulnerabilidad extrema, obligándolos a retirar liquidez en un momento en que el mercado más la necesitaba.
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Una estructura de mercado en decadencia
Pero a medida que avanzaba el último trimestre de 2025, la estructura técnica del mercado comenzó a deteriorarse. En noviembre, el precio del token sufrió un retroceso superior al 30%, perforando el soporte de los 80.000 dólares. Lo que inicialmente se percibió como una corrección saludable tras un ciclo alcista parabólico, pronto se transformó en una tendencia bajista estructural. Según datos de CryptoQuant, el mercado bajista comenzó formalmente en noviembre de 2025, marcando el inicio de una racha de cuatro meses consecutivos de cierres mensuales en rojo, algo que no se veía desde el invierno de 2018.
El desplome no se limitó al activo principal. El mercado global de activos digitales ha perdido más de 2 billones de dólares en capitalización desde el pico de octubre. Ethereum, el segundo mayor criptoactivo, cayó por debajo de los 2.000 dólares, mientras que otros activos de alta capitalización como Solana y XRP experimentaron caídas diarias de hasta el 20% en periodos de pánico extremo. Esta destrucción de valor ha tenido un efecto de desbordamiento en el sector financiero tradicional, afectando a empresas con exposición directa e indirecta a la tecnología blockchain.
ETFs: de catalizadores a motores de presión vendedora
La llegada de los ETFs de Bitcoin al contado fue celebrada como el «momento de madurez» de los activos digitales, permitiendo que el capital institucional fluyera de forma regulada. Sin embargo, en el periodo comprendido entre noviembre de 2025 y enero de 2026, estos vehículos financieros se transformaron en una de las principales fuentes de presión de venta. El mecanismo es sencillo, pero devastador en un mercado bajista. Cuando los inversores minoristas e institucionales venden sus acciones del ETF ante la incertidumbre, los gestores de fondos, como BlackRock o Fidelity, se ven obligados a vender el activo digital subyacente en el mercado abierto para cumplir con las redenciones.
Los datos de flujo neto revelan una salida masiva de capital que ha secado la liquidez del mercado. En noviembre de 2025, los ETFs de Bitcoin registraron salidas por valor de 7.000 millones de dólares; en diciembre, la cifra fue de 2.000 millones, y en enero de 2026, las redenciones superaron los 3.000 millones de dólares. Esta racha de salidas representa el periodo de desinversión más largo desde el lanzamiento de estos productos en Estados Unidos.
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Un enorme valor perdido
El impacto es particularmente severo porque el costo promedio de adquisición (cost basis) para los inversores de ETFs se sitúa cerca de los 84.000 – 90.200 dólares. Con el precio cotizando a 60.000 dólares, aproximadamente el 16% de los tenedores institucionales están «bajo el agua» (underwater), lo que aumenta el riesgo de una capitulación masiva por gestión de riesgos corporativos.
Un análisis de oferta y demanda subraya la gravedad de la situación. Tras el halving de 2024, la red produce aproximadamente 13.500 nuevos BTC al mes. Sin embargo, solo los ETFs están inyectando de vuelta al mercado entre 27.000 y 28.000 BTC mensuales debido a las redenciones de los inversores. Este exceso de oferta duplica la emisión natural de la red, creando un desequilibrio estructural que impide la recuperación del precio. El fondo IBIT de BlackRock, que alcanzó un volumen récord de 10.000 millones de dólares en una sola jornada de febrero, vio caer su valor un 13%, marcando uno de sus peores desempeños diarios y confirmando que incluso los vehículos más líquidos no son inmunes a la volatilidad extrema del token.

Todo esto se puede traducir en que casi la mitad del valor de mercado de los ETFs de Bitcoin ha desaparecido. Y es que para octubre de 2025, el mercado de los ETFs de Bitcoin acumulaba unos 152 mil millones de dólares, pero a 7 de febrero de 2026 ese valor está en unos 80 mil millones de dólares. Un dato que deja claro como este mercado ha sufrido la caída de Bitcoin.
Tesorerías corporativas bajo fuego
Por el otro lado, el modelo de tesorería corporativa basado en Bitcoin, popularizado por Michael Saylor, se enfrenta a una crisis existencial. Strategy (anteriormente MicroStrategy) se ha consolidado como el mayor tenedor público del activo digital, con una reserva que alcanzó los 713.502 BTC al 1 de febrero de 2026.
A pesar de los esfuerzos de Saylor por proyectar una imagen de invulnerabilidad, los resultados financieros del cuarto trimestre de 2025 cuentan una historia diferente. La empresa reportó una pérdida neta de 12.600 millones de dólares, una de las mayores cifras de pérdida trimestral en la historia corporativa de EEUU, debido principalmente al deterioro del valor de sus activos digitales bajo las reglas de contabilidad de valor razonable.
El costo promedio de compra de Strategy es de 76.052 dólares por BTC. Con el mercado cotizando por debajo de los 70.000 dólares, la empresa no solo enfrenta pérdidas no realizadas masivas, sino que su valoración de mercado ha caído por debajo de su Valor de Activo Neto (NAV). En enero de 2026, la capitalización de mercado de la empresa se situó entre 45.000 y 46.000 millones de dólares, mientras que el valor de sus activos en Bitcoin era de aproximadamente 59.000 millones. Este descuento del 17-21% respecto al NAV indica que los inversores están valorando la empresa con un castigo severo, temiendo que el apalancamiento utilizado para adquirir los activos se vuelva insostenible.
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Metaplanet juega con fuego
En Japón, Metaplanet ha seguido una trayectoria aún más arriesgada. La empresa acumuló 35.102 BTC, pero gran parte de sus compras se realizaron en el cuarto trimestre de 2025 a un precio promedio de 105.412 dólares. Como resultado, la firma reportó una pérdida de mercado de 679 millones de dólares, lo que ha provocado una caída dramática en el precio de sus acciones en la Bolsa de Tokio, pasando de una prima del 237% a un descuento del 10%.
Ante esto, Michael Burry, conocido por pronosticar la crisis de 2008, ha advertido que este escenario es el preludio de un «espiral de la muerte» corporativo. Si el precio de Bitcoin cae un 10% adicional, estas empresas podrían encontrar los mercados de capitales cerrados, lo que las obligaría a vender sus tenencias para satisfacer a los acreedores, inundando el mercado con una oferta masiva y hundiendo el precio aún más.
¿Es posible el colapso de la minería?
El término «espiral de la muerte» se aplica tradicionalmente al protocolo de Bitcoin en relación con su dificultad de minería. La teoría sugiere que si el precio cae drásticamente, los mineros dejarán de ser rentables y apagarán sus equipos. Esto ralentizaría la producción de bloques, haciendo que las transacciones sean imposibles de procesar y provocando más pánico y caídas de precio, en un ciclo que la red no podría ajustar a tiempo.
En enero de 2026, este escenario pareció cobrar fuerza. El «hashprice«, una métrica que mide los ingresos de los mineros por unidad de potencia de cómputo, cayó por debajo de los 35 dólares por petahash por segundo en noviembre de 2025, un nivel muy inferior al promedio de 40 dólares. Además, una serie de tormentas invernales en Estados Unidos obligaron a los mineros a reducir sus operaciones en un 40% para conservar energía, lo que provocó una caída sustancial en el hashrate global.

Sin embargo, el protocolo de Bitcoin posee defensas integradas. El mecanismo de ajuste de dificultad ocurre cada 2.016 bloques (aproximadamente dos semanas). El 10 de enero de 2026, la dificultad de la red experimentó su primer descenso del año, bajando a 146,4 billones. Aunque modesto, este ajuste facilita que los mineros supervivientes encuentren bloques con mayor facilidad, restaurando la rentabilidad y estabilizando la red.
¿Dónde está el fondo?
En todo caso, el mensaje del mercado es que el soporte técnico en los 60.000 dólares es crítico para Bitcoin. Si este nivel no se mantiene, la caída global golpeará a todo el ecosistema, siendo quizás, un criptoinvierno mucho más duro que el de 2017.
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La narrativa de la espiral de la muerte en Bitcoin suele resurgir en cada corrección superior al 50%. Aunque los riesgos en 2026 son reales, especialmente debido al alto apalancamiento corporativo y la dependencia de la liquidez de la FED, la infraestructura técnica del protocolo sigue operando sin interrupciones.
El mercado está atravesando un proceso de maduración forzosa, donde los excesos de la euforia de 2025 están siendo eliminados sistemáticamente, pero la supervivencia de la red no depende del precio, sino de su capacidad para seguir procesando bloques de forma descentralizada, una función que, hasta la fecha, no ha mostrado signos de fallo crítico pese a la tormenta financiera global.

