Nadie hablará de los periodistas cuando estén muertos por la IA
Nadie hablará de los periodistas cuando estén muertos por la IA

Nadie hablará de los periodistas cuando estén muertos por la IA

Nadie hablará de los periodistas cuando estén muertos por la IA. Blockchain se está convirtiendo en el lenguaje de las finanzas. Sobre todo, cuando ya empiezan a hablarlo los grandes bancos. Pero también es el lenguaje de los creadores de lenguajes, si quieren vivir de su creación sin intermediarios. También puede ser el lenguaje de los creadores del lenguaje de la actualidad, de lo que importa, como son los periodistas.

Periodistas muertos por la IA

Los periodistas no suelen hablar de los periodistas. Menos para llorar su situación. Y todavía menos en España, donde su débil tejido asociativo ha estado bajo el dictado de editores. Apenas unas líneas en los supervivientes, en el mejor de los casos, cuando desaparece una cabecera, por trayectoria histórica que esta hubiera cultivado. Ni siquiera eso, cuando en algún medio las redacciones se plantan ante tanta humillación profesional.

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Los empresarios de los otros medios no permitirían que el eco de la reivindicación se propague con sus soportes. En la academia, donde siguen brotando sin cesar facultades para formar periodistas sin horizonte, se entretienen con la enésima constatación empírica de fake news y desinformación. Basta con repasar los números de esas revistas académicas, a las que pomposamente llaman journals . No, nadie hablará de los periodistas cuando estén muertos. Ellos eran los encargados de dar la noticia de su desaparición. Tampoco la darían unos medios que, seguramente, estarían gestionados y elaborados por la IA (inteligencia artificial).

El periodista Roberto Saviano

Sin embargo, las malas noticias para el periodismo han seguido ahí. Esta semana, una en forma de simbólico entierro en la vida de un periodista y, por extensión, del periodismo. Tras diecisiete años desde que un periodismo honrado denunció crímenes, con nombres y apellidos imputados a la mafia napolitana, el principal acusado, uno de los principales capos, ha sido condenado a únicamente año y medio. Es el mismo capo que amenazó de muerte a su denunciante, el periodista Roberto Saviano. La pena de muerte sobre el periodista que denunció los hechos ahí queda. El resto de su vida condenado a esconderse ya vivir con angustioso temor cada instante, cada paso, cada relación. Vivir enterrado. Es lo que le toca al periodismo. Al periodismo que no se dedica a escribir al dictado del gobierno o de las grandes corporaciones.

El sistema informativo colapsará si la IA sigue robando contenido a los medios

Cuándo empezó este declive de la profesión es difícil saberlo. Desde luego, con la introducción de internet empezaron a caer los cimientos del negocio. La publicidad se iba a otra parte. Como respuesta, florecieron en lo digital miles de pequeñas voces periodísticas que se agarraban a la profesión con uñas, dientes y horas y horas de trabajo. Pero esto de las horas viene en el adn vocacional. Nunca los periodistas se quejaron del número de horas que trabajaban o de sus horarios desajustados. Se podía quejar de los salarios o de las injerencias de los distintos poderes en su trabajo. Pero si oyes a alguien que se queja de los horarios, no es periodista. Ahora había que echar horas para sacar nuevos y pequeños medios.; pero nunca modestos, si tenían la ambición de su independencia.

Los periodistas quedan relegados a la función de alimentar a la IA

La cuesta abajo profesional parecía tomar mayor inclinación cuando los gigantes tecnológicos empezaron a adquirir medios de comunicación. Cabeceras con sagas familiares de empresarios en su historia dejaron paso a multimillonarios del internet. Tal vez cuando Bezos compró el Washington Post.

Con la inmersión de la IA en la redacción de noticias y, sobre todo, poniendo a disposición de los demandantes la información que buscan, las cabeceras y los periodistas quedan relegados a la función de alimentar a la IA. Ya sea queriendo, porque las empresas beneficiarias de la IA les contratan para alimentar la IA. Ya sea no queriendo, porque la IA lo toma todo, quieras o no quieras, te pague o no te pague.

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Sin pedir permiso, se apropia del trabajo de los profesionales como si fuera suyo. Pregúntale a la IA, por ejemplo, el contenido que tiene hoy Observatorio Blockchain. Te lo da, sin pedir permiso alguno y, por supuesto, sin retribución alguna. Es como el que va a la puerta del mercado y, allí mismo, hay un señor o señora al que se le pide un kilo de sardinas. El señor o señora entra velozmente en el mercado y te trae el kilo de sardinas que lo ha cogido de uno de los puestos, sin pagar por ellas.

La buena información cuesta y no llega sola a los medios

¿Para qué vas a entrar al mercado? Solo entraran los que gustan del placer estético y sensorial que se deriva de la visión de esos mercados tradicionales. Estoy pensando, por proximidad, en el Mercado de la Esperanza, de Santander. Pero pocos entrarían a consumir ese gozo, que exige tiempo, algún que otro apretujón en sus estrechos pasillos. Ni siquiera para comprobar que el kilo de sardinas que ha comprado es el mejor kilo de sardinas del mercado. La mayoría se conforma y se va. ¡Poco durarán los puestos de buen pescado, si se llevan la mercancía sin pagar! Y es que el buen pescado cuesta. Los peces no tienen la costumbre de ir nadando hasta el puesto del mercado. No se molestan ni siquiera en ir a la lonja. La buena información, también cuesta y no llega sola a los medios.

En este panorama, la tecnología blockchain surge como salvavidas de la creación o, mejor dicho, salvador de vidas creadoras, incluyendo las de los periodistas. Blockchain como la herramienta donde registrar las creaciones de manera que quede huella palpable de quién usa esas creaciones. Un lugar donde queda quién coge las sardinas, teniendo que pagar un precio por tomarlas. La esperanza está en un Mercado de la Esperanza “blockchenizado”.

Blockchain y la IA

Blockchain como sistema donde el producto de la creación queda registrado en la cadena de bloques con fecha, origen y dueño. Sin depender de intermediarios, ya sean editores, corporaciones. Si el periodismo fue el lenguaje con el que se narró el siglo XX, en el siglo XXI se abre la expectativa de un periodismo que vertiginosamente corre con la IA con la armadura de blockchain para sus profesionales.

Por supuesto, si la sociedad y sus instituciones así lo quieren. La noticia sobre el entierro simbólico de Saviano es indicio de que el poder está poco interesado por el periodismo y menos aún por los periodistas. Al poder le interesan sólo sus transmisores, llámense influencers . ¿Y la sociedad, está interesada en un periodismo independiente? Al menos, esperemos que acuda al entierro del periodismo con lágrimas en los ojos. ¡Y que no se queje después de que las sardinas están podridas o que son fake sardinas o sardinas desardinadas! Bueno, habrá quien diga que están mejores en lata. Enlatadas por la IA.

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