La Generación Alpha, de los nacidos a partir de 2010, es la primera en crecer completamente en un entorno digital inmersivo, con el metaverso como cabecera. Hay que reconocer que esto de analizar las transformaciones sociales en clave generacional simplifica mucho las cosas, pues permite unificar a una cantidad importante de individuos -los nacidos en un período determinado- y, a la vez, diferenciándolos de los que nacieron en otros períodos.
Ahora bien, la cuestión es fijar los acontecimientos, tendencias, focos culturales o innovaciones que marcan cada una de las generaciones, lo que permite la agrupación y la diferenciación. Otro fenómeno que marca especialmente las generaciones son las crisis. Véase, por ejemplo y poniéndonos en clave análisis cultural, el caso de la Generación del 98 en España. El problema es que últimamente las crisis se encadenan. Parece que sólo sabemos cuando hemos salido de una crisis cuando se anuncia la siguiente. Tal vez, por ello, son también más seguidas las sucesiones de generaciones y sus denominaciones.
Generación Alpha
Mucho antes de la Generación Alpha, la denominada Generación Silenciosa. Nacieron entre la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial. Además de crecer en crisis de gran violencia, salpicadas de guerras y movimientos políticos totalitarios, fue la primera generación socializada en la industria cultural de masas, con la radio y el cine como referencias. Medios centralizados, que masificaban a la sociedad. Prácticamente “desconectaban” a cada uno del que tenía al lado, aunque estuviese en una butaca contigua, para conectar con sus mensajes.
La Generación de los Baby Boomers tiene distintas fechas, según el país donde sea situada. En Estados Unidos, abarca desde los que nacieron al fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los que nacieron aproximadamente durante los acontecimientos de 1968. En Europa Occidental, un poco después. En España y Latam, todavía un poco más tarde, llegando aproximadamente hasta la crisis del petróleo, alrededor de 1973. De fondo, la Guerra Fría. Puede decirse que fue una generación bastante bien tratada en términos generales, aprovechándose de la conocida como edad de oro del capitalismo o Treinta Años Gloriosos. Expansión de la sociedad de consumo y protagonismo especial para la televisión. Su imagen: el núcleo familiar ante la pantalla televisiva y niños socializándose con dibujos animados atravesados de miles de anuncios publicitarios.
De la generación X a la generación metaverso
Como cada generación se diferencia de las demás por ser la primera en algo, la Generación X fue la primera que creció con el ordenador. Sobre todo, con la percepción de que en esa máquina con teclas y pantalla convergían el trabajo y el ocio, el esfuerzo y el entretenimiento. En principio, un ordenador -de mesa- para todos. Casi como si estuviese compitiendo con la televisión, aun cuando ésta se defendía ocupando el centro del salón y expandiéndose por otras habitaciones y segundas residencias.
La Generación Y o de los Millennials ya es la que creció con internet. El mundo ya no era algo que venía a través de una máquina o una pantalla -cine, televisión u ordenador- sino que se buscaba, entrándose en interacción con él. Un mundo que incluía sus relaciones sociales a través de las precursoras redes sociales. A ello hay que añadir el escenario puesto en marcha con el uso del teléfono móvil, aun cuando fuese en sus primeras versiones.
La Generación Z puede considerarse, en muchos aspectos, una intensificación de las dinámicas que caracterizaron a la anterior. Sin embargo, hay un concepto que separa a ambas cohortes. Y es que los miembros de la Generación Z ya son “nativos digitales”. Su entorno es digital y su lógica práctica es la de la constante conexión, con los teléfonos móviles inteligentes como extensión corporal. Una generación que ya no sabe lo que son esos aparatos con una rueda para marcar que se esconden en algún rincón de la casa.
Online y offline apenas tiene sentido
Pues bien, a la Generación Alpha, porque ya se acabó el abecedario con la Generación Z, podría ser denominada también Generación Metaverso. Es una cohorte que crece inmersa en un entorno digital dinámico, sin precedentes. En su lógica práctica, la diferencia entre online y offline apenas tiene sentido, pues lo primero ha absorbido plenamente lo segundo. Las relaciones interpersonales están ahí, online. Su espacio y escenario donde se nutre su identidad está en el metaverso. Su lenguaje es digital. Su forma de narrar y de consumir narraciones, de jugar y de aprender, de estudiar o consumir, se establece a partir de plataformas, dispositivos inteligentes, redes sociales.
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La Generación Alpha no solo consume contenido, sino que también lo crea y lo moldea según sus propios intereses y experiencias. Plataformas como YouTube Kids, TikTok y Roblox permiten a estos niños desarrollar habilidades narrativas y comunicativas de manera intuitiva y visual.
El impacto de estas narrativas en la comunicación se refleja en el uso de nuevos formatos expresivos. Los emojis, stickers, GIFs y videos cortos han reemplazado en gran medida la comunicación escrita tradicional, dando paso a una expresión visual y dinámica que prioriza la inmediatez y la emotividad. Esto plantea un cambio en la forma en que las nuevas generaciones perciben y transmiten la información.
Generación Alpha/Metaverso
El metaverso, un entorno virtual persistente e inmersivo, amplifica las posibilidades de interacción y socialización de la Generación Alpha. Juegos como Minecraft, Fortnite y plataformas como Meta Horizon Worlds les permiten crear, explorar y colaborar en mundos digitales sin las limitaciones del espacio físico.
La Generación Alpha ha naturalizado la interacción con avatares, hologramas, realidades virtuales o realidades aumentadas. Ellos mismos se experimentan como un avatar. Con su lógica diferencia y, sí, también sus peligros y amenazas. A través de los avatares experimentan y redefinen constantemente su identidad y, así, experimentan aspectos de sí mismos. La identidad ya no parece ser algo que le cae al individuo sobre sus hombros, ya sea familia de origen, nación, raza, sexo, posición en la estructura social o empleo. La identidad digital se va redefiniendo, tomando distintas formas, multiplicando geométricamente sus posibilidades.
El consumo y el trabajo son digitales
Generación Alpha que interactúa, especialmente a través del metaverso, con identidades digitales venidas de todo el mundo. Al fin y al cabo, el origen o la radicación pasa a segundo plano, pues lo importante es la elección. El mundo es la dinámica de identidades inmersa en las interacciones digitales. El consumo y el trabajo son digitales. Su socialización está inmersa en la lógica digital. Sus relatos están profundamente arraigados en escenarios digitales. De aquí la gran dificultad de padres y educadores para comunicarse con ellos, salvo que hagan el esfuerzo de realizar esa inmersión en los metaversos.

